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Breve reseña histórica del programa de la UNESCO para la cultura y el desarrollo

La UNESCO siempre ha hecho hincapié en los vínculos entre la cultura y los objetivos más amplios del empeño humano, actividad que forma parte de su mandato constitucional básico, "la promoción, por medio de las relaciones educativas, científicas y culturales de los pueblos del mundo, de los objetivos de paz internacional y bienestar común de la humanidad".

Al comienzo de su labor, la Organización puso el énfasis en el diálogo intercultural como estrategia clave para la construcción de la paz, por ejemplo en el estudio "Unidad y diversidad de las culturas" que se llevó a cabo en los años cincuenta acerca de las diferentes culturas en el mundo y sus relaciones mutuas, así como el famoso "Proyecto principal relativo a la apreciación mutua de los valores culturales de Oriente y de Occidente" iniciado en 1957.

Esta visión de la importancia de la cultura adquirió una nueva dimensión en los años sesenta, que fueron el decenio de la descolonización. El modelo de desarrollo que prevalecía entonces ya había puesto de manifiesto sus límites y estaba empezando a ser considerado como una amenaza en potencia para la diversidad cultural. La emancipación política de los pueblos condujo a una toma de conciencia aguda de sus propios modos de vida y empezaron a cuestionar la idea de que la modernización suponía necesariamente la occidentalización, reivindicando el derecho a contribuir a la "modernidad" conforme a sus propias tradiciones. Esta reivindicación fue refrendada en 1966 cuando la Conferencia General de la UNESCO aprobó la Declaración Solemne sobre los Principios de la Cooperación Cultural Internacional, cuyo Artículo 1 dice que "toda cultura tiene una dignidad y un valor que deben ser respetados y protegidos" y que "todo pueblo tiene el derecho y el deber de desarrollar su cultura".

Así, a finales de los años sesenta, la UNESCO asumió la responsabilidad de estimular una reflexión acerca de cómo integrar las políticas culturales en las estrategias de desarrollo.

En 1970, la Conferencia Intergubernamental sobre los Aspectos Institucionales, Administrativos y Financieros de las Políticas Culturales, que se celebró en Venecia, fue la primera de una serie de conferencias internacionales que iniciaron el proceso todavía en marcha consistente en hacer de la cultura un asunto prioritario de las actividades para la elaboración de políticas. Fue en Venecia donde René Maheu, entonces Director General de la UNESCO, declaró al mundo lo siguiente:

"El hombre es el medio y el fin del desarrollo; no es la idea abstracta y unidimensional del Homo economicus, sino una realidad viviente, una persona humana, en la infinita variedad de sus necesidades, sus posibilidades y sus aspiraciones&Por consiguiente, el centro de gravedad del concepto de desarrollo se ha desplazado de lo económico a lo social, y hemos llegado a un punto en que esta mutación empieza a abordar lo cultural."

La Conferencia de Venecia afirmó claramente que "la diversidad de las culturas nacionales, su singularidad y su originalidad constituyen una base esencial para el progreso humano y el despliegue de la cultura mundial" y recomendó una serie de medidas a los gobiernos y a la UNESCO.

Los gobiernos europeos fueron los primeros en seguir el ejemplo de la Conferencia de Venecia, y en junio de 1972, se organizó en Helsinki, Finlandia, una Conferencia Intergubernamental sobre las Políticas Culturales en Europa. La Conferencia de Helsinki hizo hincapié en la cooperación y el intercambio culturales a escala regional, observando que el crecimiento económico "origina desequilibrios que se manifiestan sobre todo por una inadaptación cada vez mayor del hombre a su medio de vida y por considerar objetivo primordial el progreso cuantitativo, siendo así que el desarrollo de una sociedad debería tender al mejoramiento cualitativo de la vida".

Sólo dieciséis meses después (en diciembre de 1973), especialistas y representantes oficiales de Asia y de la región del Pacífico se reunieron en Yogyakarta, Indonesia, para celebrar la Conferencia Intergubernamental sobre las Políticas Culturales en Asia, que desarrolló los principios adoptados en Venecia y Helsinki, invitando a los Estados "a formular sus objetivos económicos y sociales en una perspectiva cultural más amplia y a reafirmar los valores que favorecen la edificación de una sociedad verdaderamente humana".

Dos años después, en la Conferencia Intergubernamental sobre las Políticas Culturales en Africa, celebrada en Accra, se avanzó considerablemente en la extensión de la noción de cultura más allá de las bellas artes y el patrimonio, para que abarcase las visiones del mundo, los sistemas de valores y las creencias; la Declaración adoptada en Accra destacó que "la autenticidad cultural y el progreso técnico son, en la reciprocidad y la complementariedad de sus efectos, la prenda más segura del desarrollo cultural".

La última de esta serie de conferencias regionales fue la Conferencia Intergubernamental sobre las Políticas Culturales en América Latina y el Caribe, que ce celebró en Bogotá, Colombia, en enero de 1978. La "Declaración de Bogotá", adoptada por los participantes, insistió en que el desarrollo cultural había de tener en cuenta "un mejoramiento global de la vida del hombre y del pueblo" y "la identidad cultural, de la que parte y cuyo desenvolvimiento y afirmación promueve".

Estas actividades en torno a la cultura y el desarrollo, en rápida evolución, culminó cuatro años después en México D.F., cuando la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales (MONDIACULT) aprobó la famosa y amplia definición de la cultura que estableció un vínculo irrevocable entre cultura y desarrollo:

"La cultura&puede considerarse&como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias."

MONDIACULT afirmó asimismo que "sólo puede asegurarse un desarrollo equilibrado mediante la integración de los factores culturales en las estrategias para alcanzarlo". Para llegar a esta meta, la UNESCO concibió la idea del Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural (1988-1997). Durante este decenio, cuyos éxitos aún se están cosechando, la UNESCO movilizó a la comunidad internacional en pro de los cuatro objetivos siguientes, el primero de los cuales fue la cristalización de su programa sobre "cultura y desarrollo":
u reconocer la dimensión cultural del desarrollo,
u afirmar y enriquecer las identidades culturales,
u aumentar la participación en la vida cultural, y
u fomentar la cooperación cultural internacional.

Durante el Decenio, en casi todos los países del mundo, gobiernos, comunidades locales y organismos privados iniciaron más de 1.200 proyectos. La suma de todos estos esfuerzos tuvo como resultado un progreso sustancial en la aclaración de la dimensión cultural del desarrollo.

Más concretamente, el Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural impulsó nuevas redes en este campo. Además, reforzó la colaboración entre organizaciones, que prestaron a los gobiernos asesoramiento en materia de políticas y reforzaron las capacidades endógenas, en particular en el ámbito de la administración cultural. Esa colaboración dio lugar a proyectos especiales como la Colegio Africano Itinerante para la Cultura y el Desarrollo. Puso en marcha un programa de investigaciones sobre los problemas de metodología que plantea la integración de consideraciones culturales en la planificación del desarrollo, cuyas conclusiones se han publicado en la serie Cultura y Desarrollo y se están poniendo a prueba en proyectos como:
u El enfoque cultural de la prevención del VIH/SIDA
u Los aspectos socioculturales del medio ambiente y del desarrollo en las regiones costeras y las pequeñas islas
u Los aspectos socioculturales de las políticas y de los programas demográficos

El mayor éxito del Decenio fue la creación y la labor de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo, presidida por el Sr. Javier Pérez de Cuéllar, ex Secretario de las Naciones Unidas, que concluyó su misión a fines de 1995.

Última actualización 05/09/01

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