El Parlamento Federal Alemán en Berlín


El Parlamento Federal Alemán ha sesionado por primera vez a fines de abril en su nuevo domicilio berlinés, el reconstruido edificio del Reichstag. La nueva sede parlamentaria alemana, concebida por el arquitecto británico Sir Norman Foster, se ha convertido rápidamente en un gran punto de atracción para los berlineses y los turistas que visitan la ciudad. En particular la cúpula de vidrio, que se ve desde lejos y que representa la amplitud de espíritu y la transparencia del Parlamento Federal, es el nuevo símbolo de la ciudad. Un reportaje a un edificio con historia.




Fue un bello día con sol de abril, el cielo estaba despejado y una brisa fresca irradiaba tranquilidad. El Canciller Federal Gerhard Schröder ubicó con sus propias manos el micrófono para que hablara el director de la Sociedad Federal de Construcciones, y el arquitecto británico Sir Norman Foster le entregó al presidente del Parlamento Federal, Wolfgang Thierse, una enorme llave de acero – como símbolo de que después de cuatro años de intensas obras, el edificio del Reichstag pasaba a manos del Parlamento de la República Federal de Alemania. Allí sesionarán los diputados, en el así llamado «Sector plenario del edificio del Reichstag», tras los gruesos muros que desde diciembre de 1894 hasta el nefasto incendio del Reichstag en febrero de 1933 fuese el domicilio del Parlamento Imperial Alemán.

Después de recibir la llave, Thierse abrió la primera sesión con un despreocupado «Buenos días». Sin embargo, muchos parlamentarios tenían dificultades para concentrarse en los discursos de sus colegas; la nueva sede acaparaba toda su atención. Las miradas pasearon primero por la sala plenaria, del Aguila Federal en la pared anterior hasta la fascinante cúpula, y después del debate muchos parlamentarios dieron una vuelta por el edificio: había mucho por descubrir entre las salas de los grupos parlamentarios, la cafetería y el cuarto reservado a oraciones.

En la semana siguiente a la entrega del edificio del Reichstag, miles de berlineses y visitantes foráneos pasearon por sus dependencias – sobre todo para disfrutar de la bella vista sobre la ciudad que ofrece el mirador de la cúpula. Ya en el primer día llegaron más de 24.000 visitantes, y la mayoría alabaron la moderna sencillez de la arquitectura y la atmósfera interior imperante.

El Parlamento Federal sigue aún sesionando principalmente en Bonn, pero ya después de las vacaciones veraniegas se trasladará definitivamente a Berlín. En septiembre iniciará su labor en aquella ciudad que el 20 de junio de 1991 fue sede del Gobierno de la Alemania reunificada, tras largos deba-tes parlamentarios. A pesar del estrecho re-sultado, la decisión ha sido correcta y convincente. Durante las décadas de la división, los políticos de la República Federal aseguraron una y otra vez – amén de varias resoluciones – que en caso de la reunificación, la antigua capital recobraría esa función. Esa promesa tuvo que ser cumplida.

A ello se agrega que muchos políticos esperan que con el traslado del Parlamento y del Gobierno Federal a la metrópoli capitalina, los parlamentarios se verán confrontados más directamente con los problemas sociales y los desafíos que plantea el proceso de unificación de Alemania, y también con la historia alemana – más directamente de lo que ello es posible en Bonn.

Entretanto, la decisión a favor de Berlín ya no es tan controvertida como pareció serlo en un comienzo. Los ministerios abrieron hace ya tiempo sus dependencias en Berlín, y ahora se están mudando las primeras grandes secciones ministeriales. En este otoño, junto al Parlamento Federal estarán funcionando en Berlín la Cancillería Federal y la mayoría de los ministerios. No obstante, algunos ministerios permanecerán en Bonn, y en Berlín tendrán una segunda sede.

Cabe señalar que solamente la Cancillería Federal y el Ministerio del Interior se radicarán en sedes completamente nuevas – nuevos son también algunos edificios de oficinas aledaños al Reichstag. Los Ministerios de Relaciones Exteriores, de Economía, de Justicia y de Tráfico se trasladan a edificios antiguos que cuentan con algunas construcciones nuevas complementarias. El Presidente Federal, que ya está residiendo en el antiguo Palacio de Bellevue, ocupa asimismo una nueva construcción adjunta destinada a la Oficina de la Presidencia. Y el Consejo Federal, la cámara de los Estados federados, se trasladará a la antigua sede del parlamento prusiano, un viejo y bello edificio que actualmente está siendo renovado.

El Reichstag, el edificio del Parlamento Federal, es a la vez una construcción nueva y antigua. El Reichstag, terminado en 1894, pasto de las llamas en 1933, blanco de las balas en 1945, remodelado y refaccionado entre 1961 y 1971, sólo conserva sus muros exteriores de varios metros de ancho. Sus portales y ventanales le dan su impronta a las dependencias interiores, que son completamente nuevas.

El arquitecto británico Sir Norman Foster, quien ganara el concurso de arquitectura para la remodelación del Reichstag, demolió todas las entrañas del antiguo Reichstag. Aunque todavía eran utilizables, las dependencias interiores eran poco prácticas y completamente anticuadas. Desde los subterráneos a la moderna central ecológica de calefacción con aceite de colza, hasta la cúpula – que dicho de paso es una gigantesca fuente de luz y aire fresco – en el viejo cascarón todo se construyó de nuevo.

El nuevo edificio del Reichstag le debe su carácter principalmente a la piedra natural, al acero y al vidrio. La mayor parte de las salas de sesiones ostentan una tonalidad gris, están equipadas con mesas y sillas grises – seguramente no baratas, pero en ningún caso lujosas. Los acentos cromáticos se deben sobre todo a las obras de artistas contemporáneos alemanes y extranjeros, como Sigmar Polke, Gerhard Richter, Bernhard Heisig, Günther Uecker, Jenny Holzer y Grischa Bruskin.

En el Reichstag se encuentra, además, algo así como arte rupestre: rayados en los muros que los soldados soviéticos escribieron con trozos de carbón en la primavera de 1945, y que fueron restaurados cuidadosamente: «Moscú-Berlín» se lee allí en alfabeto cirílico, o «Comisario Aliosha Petrov» y «Abril de 1945 Leningrado».

A diferencia de los cien años pasados, cuando los diputados del Reichstag a menudo se perdían en el gigantesco edificio, puesto que los pisos eran idénticos, Norman Foster ha diferenciado las diferentes plantas – que tienen funciones distintas –, mediante el color de las puertas de las dependencias: amarillas en la planta baja con las salas de entrada, azules en el sector plenario del primer piso, verdes en el piso intermedio con las tribunas para el público, y rojas en el segundo piso para la presidencia, la oficina de protocolo y el Consejo de Mayores. Finalmente, son verdes las puertas del tercer piso, donde se reúnen los grupos parlamentarios y donde se encuentra la sala para los representantes de la prensa.

Foster había previsto sillas grises para la sala plenaria, pero la Comisión de Obras del Parlamento Federal opinó que ese color sería demasiado monótono. Se acordó que el acolchado de las sillas fuese de un tono azul que según la iluminación pasa a violeta – un color que el arquitecto Foster bautizó de «Azul Reichstag».

El Parlamento Federal no fue un cliente sencillo, y Sir Norman Foster tampoco es un arquitecto fácil. En contra de su resistencia y por escasa mayoría en la Comisión de Obras, el Reichstag ostenta nuevamente una cúpula. La antigua cúpula dañada por el incendio había sido dinamitada en 1954, y desde entonces, los berlineses se habían acostumbrado a un Reichstag descoronado. Hace cien años atrás, la cúpula había tenido sobre todo una función de ostentación política: junto a la cúpula del Palacio de los Hohenzollern y de la Catedral de Berlín, su tarea era demostrar que el parlamento tenía la misma importancia que la dinastía regente y la iglesia.

Sir Norman Foster hizo de la cúpula – que al principio él no quería – un milagro técnico. La cúpula del Reichstag se ha convertido ya en una atracción turística, considerando principalmente que con su restaurante a gran altura será siempre accesible a los visitantes. Es una peculiaridad del Reichstag: ningún otro parlamento del mundo esconde tras su corona un restaurante público.

La cúpula hace de enorme chimenea. Gracias a las corrientes ascendentes de aire, en el interior del Reichstag siempre hay aire fresco. Los canales de ventilación dentro de los muros fueron construidos por el arquitecto original del Reichstag, Paul Wallot, hace ya más de cien años. De esta manera, no se necesitan ventiladores eléctricos.

Mediante un cono invertido que cuelga de la cúpula como una estalactita y que está revestido con 360 espejos, se dirige la luz exterior a la sala plenaria. Los visitantes de la cúpula, que mediante una rampa espiral acceden al mirador a 47 metros de altura, pueden ver su reflejo en los espejos.

La concepción ecológica encuentra su complemento en los grandes almacenadores subterráneos: en verano, almacenan calor, y en invierno frío – posteriormente, se utilizan para calefaccionar o refrescar las dependencias. Mientras que antes de la remodelación el Reichstag emitía 7.000 toneladas anuales de dióxido de carbono, gracias a la concepción ecológica – que incluye a los edificios vecinos y a la un tanto alejada Cancillería – esas emisiones se han reducido a sólo 350 toneladas: una mejoría del 95%.

El Reichstag sigue estando rodeado, por tres costados, de enormes obras. Los edificios de oficinas para los parlamentarios – PaulLöbe-Haus, Marie-Elisabeth-Lüders-Haus y Jakob-Kaiser-Haus – están en plena construcción y serán entregados en los años 2000 y 2001, y la obra gruesa de la Cancillería ya está casi lista. Ante el Reichstag se extendía una amplia llanura – que será completamente restaurada una vez que terminen los trabajos de construcción de los túneles ferroviarios y para coches que se extenderán por todo el barrio gubernamental.

A pesar de las dimensiones, dando pocos pasos los parlamentarios se encuentran en el «Tiergarten», el mayor parque de Berlín. Y pocos metros más allá se encuentran la Puerta de Brandeburgo, la plaza Pariser Platz y la avenida Unter den Linden – que sigue siendo escenario de grandes obras aunque está lista en gran parte, con sus bellos hoteles, cafés y numerosas embajadas. Allí se construirán también las representaciones diplomáticas de Francia, Gran Bretaña y de los Estados Unidos de América.

Una morada más bella para un parlamento es casi inconcebible. Cuando en aproximadamente dos años ya todo esté listo, terminarán definitivamente las discusiones sobre el traslado a la capital, los provisorios, los costos y los plazos. En ese momento, la política alemana habrá regresado a su lugar propio y tradicional, donde la República Federal de Alemania podrá definir las líneas de su futuro.

«El traslado a Berlín es también una suerte de regreso hacia la historia alemana, al lugar de dos dictaduras alemanas que cubrieron de infortunio la vida de tantos seres humanos, en Alemania y en Europa», dijo el Canciller Schröder en la inauguración del edificio del Reichstag. «Pero querer comparar el “Reichstag” con el “Reich” es tan inapropia-do como identificar a Berlín con la gloria de Prusia y el centralismo alemán. El modelo federal de la política alemana ha probado su eficiencia, y nadie lo pone en duda.»

Y el presidente del Parlamento Federal, Wolfgang Thierse, subrayó: «Todos los debates que postulan hacer borrón y cuenta nueva en la historia alemana de este siglo son absurdos en este edificio. Este lugar es historia, y no permite sustraerse a ella.» - Joachim Nawrocki

Fotos: Stephan Erfurt (3)
FUENTE: Revista Deutchland

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