El mundo / Emiratos Arabes Unidos
Un oasis dorado donde reina la globalización
El rico país árabe teme los efectos de la guerra y evita hablar de los atentados en los EE.UU.


Una tradicional carrera de camellos en el circuito de Nad Al-Sheba. Como fondo, los rascacielos de la moderna Dubai

Foto: Kamram Jebreili / AP

DUBAI.- En Dubai, la capital de los Emiratos Arabes Unidos, hay un nombre que nadie se atreverá a mencionar: es el del ciudadano de 23 años de quien se cree que estaba en los controles del avión que chocó contra la torre sur del World Trade Center en los atentados del 11 de septiembre último.

El hombre, conocido como Marwan al-Shehhi, ha sido descripto por investigadores de Estados Unidos como el leal lugarteniente de Mohammed Atta, el egipcio de 33 años considerado líder de la red de secuestradores terroristas y probablemente quien hizo estrellar el primer avión en la torre norte del mismo complejo de oficinas neoyorquino.

Ambos hombres habían estudiado en Hamburgo, en el norte de Alemania, y los dos tomaron lecciones de vuelo en Florida.

Pero eso definitivamente no será algo de lo que alguien pueda enterarse en los medios de comunicación, que en los Emiratos Arabes Unidos son controlados por el gobierno. Simplemente no se ha mencionado el nombre de Shehhi, originario de Ras al-Khaimah, una comunidad que se encuentra más o menos a una hora de distancia de Dubai.

Si los residentes del pueblo natal de Shehhi habían oído hablar antes de él, ciertamente no lo admiten ante un visitante extranjero. Cuatro horas invertidas en la comunidad no fueron suficientes para obtener la dirección de su familia, y cuando se menciona su nombre y apellido lo que hace todo el mundo -policías y bomberos, transeúntes y funcionarios locales- es encogerse de hombros.

Muy pocas personas están dispuestas a hablar de Shehhi; en lugar de eso, la mayoría prefiere destacar el verdadero negocio de Dubai: la promoción de las virtudes de los Emiratos Arabes Unidos.

"Al principio, no podíamos aceptarlo, no podíamos entender por qué alguien de los EAU podía llegar a hacer tal cosa -dice el sultán Ahmed ben Sulayem, presidente ejecutivo de Puertos, Aduanas y la Corporación de la Zona Libre de Dubai-. A la gente le encanta vivir aquí, son felices, tienen trabajo, y no tenemos un solo prisionero político".

Inevitablemente, en Dubai, que es el más vigoroso centro de comercio del mundo árabe, el juicio se expresa en la línea final: "¿Sabe? -dijo-, estas personas eran perdedoras. Eran un fracaso en su vida. Todo lo que podían hacer era suicidarse".

Abdallah al-Serkal, negociante dedicado a la explotación y desarrollo de bienes raíces, de 35 años, es también director del Centro Jeque Muhammad para la Comprensión Cultural que trata de explicar lo que es el islam a la mayoría de los expatriados de Dubai. Ofrece conferencias a grupos y los lleva a visitar mezquitas y hogares musulmanes.

Desde el ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono, esa misión quizás ha adquirido una nueva dimensión, pero -como parte del esfuerzo general para quitarse de la mente ese asunto-, él aquieta temores con una nueva frase insertada en su presentación: "Yo les digo: ÔEl mal no usa turbante'. El mal no usa un sombrero de vaquero. Lo malo es malo, y puede aparecer en cualquiera"'.

Gassan Tahboub, asesor decano de proyectos gubernamentales, afirma: "En la primera semana después de los ataques, nuestra reacción fue de asombro y escándalo. Los diez restaurantes más grandes estuvieron vacíos durante una semana. Pero ahora vaya a cualquiera de ellos, y sin duda verá otra vez a muchos ejecutivos importantes y mujeres bonitas".

Tierra de mercaderes



Un guardia de seguridad pasa frente a la refinería de Jebel Ali, cuarenta kilómetros al sur de Dubai
Kamram Jebreili / AP
Localizados en la entrada del Golfo Pérsico, los Emiratos Arabes Unidos han sido tradicionalmente una tierra de mercaderes, gente que prosperó gracias a su iniciativa y laboriosidad desde mucho antes que la riqueza llegara en forma de petróleo. Descubiertos en las aguas cercanas a la costa en 1966, los depósitos subterráneos de crudo los hicieron sumamente prósperos, y su gran habilidad para los negocios ha ayudado a muchos a ser multimillonarios.

Las corporaciones multinacionales han acudido aquí en gran número, atraídas por un gobierno que tiende a no interferir a menos que sea absolutamente necesario y que permite que la propiedad de empresas sea ciento por ciento extranjera y puedan repatriarse las utilidades: no hay impuestos corporativos durante los primeros 15 años de la creación de una firma, no hay restricciones monetarias de ningún tipo y no hay impuesto sobre la renta.

"Este es El Dorado de los negocios, la más globalizada de las sociedades árabes", dice Abdulkhaleq Abdulla, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de los Emiratos Arabes Unidos.

Este diminuto país tiene el tercer mayor producto bruto interno en el mundo árabe, superado sólo por Arabia Saudita y Egipto, y su economía es la más diversificada y menos dependiente del petróleo.

Los residentes opinan que "después de Singapur, Francfort y Londres, ningún otro país está mejor preparado para servir a la economía global que Dubai", dijo Abdulla.

En realidad, Dubai -con una población de 865.000 habitantes, de los cuales sólo el 20 por ciento es nativo- no es un país separado, sino uno de los siete emiratos que se unieron para integrar los Emiratos Arabes Unidos en 1971.

La capital es Abu Dhabi, una plataforma de lujosos rascacielos vítreos que surgen del piso del desierto cerca de la costa, pero también una ciudad que la mayoría de los residentes descarta por su lentitud, formalidad y rigidez.

"Es como Washington comparado con Nueva York -dice Mona al-Marry, gerente ejecutiva del Club de Prensa de Dubai-. Observe cualquier fin de semana, verá que todos los autos de Abu Dhabi se encaminan en esta dirección."

Dubai, una ciudad de magníficas torres de oficinas que parecen desafiarse una a la otra para alcanzar la mayor altura a lo largo de un estuario de 15 kilómetros llamado El Arroyo, es el centro del comercio electrónico del mundo árabe, con una zona de libre comercio de Internet que costó 200 millones de dólares y una nueva Ciudad de los Medios.

Su emir, el criador de caballos jeque Muhammad ben Rashid al-Maktoum, ha colocado a Dubai en el calendario deportivo de los torneos de golf y tenis, de navegación e hípicos, carreras de autos en el desierto y espectáculos aéreos.

Time Out, la revista británica dedicada al tiempo libre y a las modas más recientes de los ricos, acaba de publicar una edición mensual dedicada exclusivamente a Dubai.

Incluso el sushi no puede escapar de la tendencia en Dubai de hacer todo en la mayor escala posible: "Es suficientemente grande para satisfacer cualquier apetito -se jacta el restaurante Creekside en su publicidad, donde describe sus porciones con la imagen de un imponente luchador de sumo-. Su tamaño lo asombrará".

"Nosotros creemos, aquí en Dubai, que podemos hacer cualquier cosa y tenemos el lujo de disponer de muchos ingresos", dice Sulayem.

Estaba mostrando a un visitante un proyecto con un costo de 1500 millones de dólares, cuyo objetivo es construir una isla de cinco kilómetros de longitud en el Golfo Pérsico, lo que permitirá el surgimiento de 40 kilómetros más de playa y lugares adecuados para construir rascacielos a la orilla del mar.

Sulayem ha llenado su oficina, que tiene vista a la playa, con imágenes de los diferentes estilos de hogares que ofrecerá su proyecto Isla de las Palmas: otomán, tipo hacienda, árabe, Riviera, japonés, griego, escandinavo, malayo, mongol, caribeño, mexicano desértico y gótico.

Será, por supuesto, el mayor complejo de una isla hecha artificialmente en el mundo, visible incluso -o así prometen sus promotores- desde el espacio.

Por Warren Hoge
De The New York Times

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