La libertad de prensa, un derecho humano - El derecho de opinión

La libertad de prensa es una condición de un buen y justo gobierno, así como de un desarrollo estable. El "derecho a saber" depende, al mismo tiempo, de un flujo libre de informaciones y de medios independientes que deben tener un alto nivel profesional y ético. La presidenta del "Unesco Advisory Group for Press Freedom", Mia Doornaert, sobre uno de los pilares de los derechos humanos.



El derecho de pensar, tener opiniones y expresarlas es un derecho fundamental de todos los seres humanos, un componente inajenable de la dignidad humana. La libertad de prensa es una parte esencial de ese derecho fundamental, y todos tenemos derecho a ella. Quien afirme que esas libertades son un invento «occidental», o algo que occidente quiere «imponer» a otras culturas, está demostrando una visión de la humanidad profundamente anti-igualitaria. En última instancia, está afirmando que hay pueblos que por su naturaleza o su cultura son incapaces de ejercer la libertad, de pensar y hablar por sí mismos. Una visión semejante es absolutamente contraria a la creencia en la universalidad de la dignidad humana, a la Declaración Universal de Derechos Humanos, a la Carta de las Naciones Unidas y a todos los programas contra el racismo y otras formas discriminación.

Problemas éticos fundamentales

Esa visión refleja, además, una comprensión extraña de los grandes logros de la humanidad. Los europeos, ¿hubiéramos tenido que rechazar la rueda o el alfabeto porque fueron inventados en Asia? Los asiáticos, ¿no pueden amar a Mozart o Chopin, porque ambos han sido europeos? ¿Los africanos tienen que rechazar las vacunas contra las enfermedades infecciosas, sólo porque no fueron descubiertas por africanos? Que las primeras formas del sistema representativo de gobierno, surgidas en los tiempos modernos, hayan aparecido en Norteamérica y en Europa occidental no significa que los valores éticos en que se apoyan no sean patrimonio de toda la humanidad.

Por esta razón, la libertad de prensa implica problemas éticos fundamentales – y como derecho cívico plantea, al mismo tiempo, temas eminentemente políticos. La Carta de las Naciones Unidas, que fuera suscrita por todos los Estados, les impone la tarea de defender e incrementar el bienestar de toda la nación, no solamente de una clase, de una casta o de un grupo étnico. Para ello, es necesario informar a la ciudadanía de lo que su Gobierno dice y hace para alcanzar ese objetivo; y por otra parte, es también necesario que todos los grupos tengan la posibilidad de que su Gobierno escuche sus deseos y reivindicaciones.

La libertad de prensa, ¿un «lujo» para pocos?

El «derecho de saber» depende tanto del libre flujo de informaciones – a escala nacional e internacional –, como de una prensa fuerte y profesional y de medios de comunicación robustos. En los años 70 y 80, una ignominiosa alianza formada por regímenes comunistas, dictaduras de derecha y «progresistas» occidentales había planteado la tesis de que el libre flujo de informaciones podría tener un efecto desestabilizador en muchos países, y que la libertad de prensa representaría un impedimento para el progreso, un lujo que no se podrían dar los países en desarrollo. Esos postulados desembocaron en la Unesco en un controvertido debate sobre el «Nuevo orden mundial de información y comunicación.»

Desde que asumió su cargo por primera vez en 1987, el ex director general de la Unesco, Federico Mayor, abogó porque esa organización se retirara de todos los programas destinados a limitar las posibilidades de los medios noticiosos. Los hechos le han dado la razón, a él y a otros defensores de la libertad de prensa. En el caso de que un rígido control de las informaciones y la falta de una instancia social crítica fuesen la mejor receta para la armonía y el progreso, los regímenes comunistas de Europa del Este no se hubieran derrumbado, y los países con regímenes autoritarios podrían presentarse como modelo de un desarrollo equilibrado. Pero, ha sucedido exactamente lo contrario. Como ha quedado en evidencia, la libertad de prensa no es un impedimento, sino que es el requisito de un bueno y justo gobierno, así como de un desarrollo estable.

La libertad de prensa, condición del desarrollo

En una conferencia realizada el 3 de mayo de 1991, en la así llamada «Declaración de Windhoek» 60 editores, redactores y periodistas africanos recalcaron ese punto. Esa conferencia fue organizada por la Unesco, por la Federación Internacional de Periodistas (IFJ) y la Asociación Mundial de Periódicos (WNA, en aquel entonces FIEJ). Esos representantes de medios y periódicos independientes provenientes de todos los rincones de Africa localizaron las causas principales de la corrupción y del derroche en sus países en la falta de libertad de prensa, en que los responsables políticos no están obligados a rendir cuentas y en la ausencia de un control democrático.

Diferentes estudios del Banco Mundial han confirmado esa opinión, poniendo en evidencia que existe una relación entre un alto nivel de libertad de prensa y el control efectivo de la corrupción. Otros estudios indican que existe una correlación positiva entre la libertad de expresión y la obligación de rendir cuentas del Gobierno, por una parte, y diferentes criterios característicos del progreso social, como por ejemplo el ingreso per cápita, una baja mortandad infantil y un alto grado de alfabetización de adultos, por otra parte.

«Darles una voz a los que no tienen voz»

El presidente del Banco Mundial, James D. Wolfensohn, ha manifestado decididamente ante el Comité Mundial de Libertad de Prensa que ésta es una condición indispensable de un desarrollo social equitativo. Haciendo referencia a un estudio sobre más de 60.000 personas que viven en la pobreza en más de 60 países, Wolfensohn expresó: «La diferencia fundamental entre los ricos y los pobres es que los pobres no tienen voz, que no están en condiciones de articular sus necesidades y comunicar a los que detentan el poder cómo piensan, que no están en condiciones de sacar a la luz pública la desigualdad en la que viven. (...) La libertad de prensa no es un regalo simpático, no es algo secundario. Ella ocupa un lugar central en aras de un desarrollo justo y equitativo, puesto que si los pobres no tienen derecho a voto ni derecho a expresar libremente su opinión, si la corrupción y las prácticas injustas permanecen en las sombras, no se puede establecer aquel consenso público que es necesario para poder efectuar los cambios necesarios.»

La libertad de prensa significa «darles una voz a los que no tienen voz», como lo ha formulado Alain Modoux (Unesco). Este es uno de los muchos aspectos de la estrategia de la Unesco destinada a fortalecer la libertad de prensa. Federico Mayor impulsó con gran vigor esta estrategia, y su sucesor Koichiro Matsuura ha proseguido sus esfuerzos.

Por esta razón, entre las metas de la Unesco se encuentra la ampliación de las instalaciones de comunicación en los países en desarrollo, así como el apoyo de la participación efectiva de la población. Otros importantes cometidos – como el combate contra la pobreza, la educación accesible a todos, la protección del medio ambiente, la lucha contra el sida, el fortalecimiento de los derechos humanos y de una cultura de la paz – no avanzarán si los que están directamente afectados no participan en su realización, por ejemplo la población de las zonas rurales y de las periferias de las grandes ciudades. Hay que crear las condiciones apropiadas para que estos grupos sociales puedan expresar efectivamente sus opiniones e ideas. Por esta causa, la Unesco está apoyando la formación de medios de comunicación locales, y en especial trata de garantizar una formación profesional sólida del personal, sobre todo de radioemisoras locales.

En el marco de los esfuerzos de la Unesco para alcanzar una «cultura de la paz», desempeña un papel muy importante el apoyo práctico de los medios de comunicación independientes que estén «sobre los partidos» en aquellos países que son escenario de conflictos, como Ruanda, Burundi, Bosnia y Kosovo. Además, la Unesco trata de tender puentes entre los profesionales de los medios de los diferentes grupos étnicos. La apertura de «casas de la prensa» en Ruanda y Burundi, cuyas puertas están abiertas para periodistas de las etnias Tutsi y Hutu, o el Foro Medial Israelí-Palestino en Jerusalén, son ejemplos concretos de las actividades de la Unesco, que Alain Modoux califica como «fomento de una cultura de la paz con los medios y con el concurso de los medios de comunicación.»

Garantía legal para la prensa libre

Con el objeto de fortalecer el ideal de la libertad de prensa en todo el mundo, la Unesco ha dado el impulso decisivo para instaurar el Día Mundial de la Libertad de Prensa, que se celebra el 3 de mayo de todos los años. De esta manera, en una serie de países se puede apoyar el surgimiento y el desarrollo de medios pluralistas e independientes.

Por iniciativa de Federico Mayor, el comité ejecutivo de la Unesco ha creado un premio para distinguir a aquellos periodistas que han demostrado un valor particular en su labor. Ese premio, que un jurado compuesto por periodistas otorga anualmente, fue entregado por primera vez en 1997 al periodista chino Gao Yu, quien se encontraba preso. Federico Mayor defendió esa decisión en contra de una fuerte presión política. El «Premio Mundial Guillermo Cano de Libertad de Prensa» recuerda a Guillermo Cano Isaza, el famoso periodista colombiano que en 1986 los carteles de narcotraficantes asesinaron frente al edificio de la redacción de su periódico «El Espectador» de Bogotá.

La garantía constitucional y legal de la libertad de prensa es, naturalmente, la primera pero no la única condición para una prensa verdaderamente libre. En muchos países que recientemente han empezado a recorrer la senda democrática, la gran cantidad de nuevos periódicos acarreó a poco andar un marcado desengaño. Con frecuencia, sus informaciones han sido insuficientes, o sus artículos sin ninguna base «revelaban» sensacionales conjuras políticas, o atacaban a los nuevos políticos y a sus familias. En esos periódicos ha habido un ajuste personal de cuentas. Debido a la falta de transparencia democrática y de un mercado libre, a menudo los medios se convierten en herramientas políticas y económicas en las manos de la élite dominante.

La causa de esta situación no ha sido la libertad de prensa en sí misma, sino que a los periodistas – como también al resto de la sociedad – les ha faltado experiencia para manejar la libertad y vivir en la democracia. No puede haber libertad de prensa sin periodistas que dispongan de una sólida formación profesional y ética, y que estén en condiciones de escribir artículos serios y equitativos, basados en detenidas pesquisas, así como comentarios coherentes y justos. La información no es un sinónimo de comunicación. La información – sea transportada por periódicos, radioemisoras o por la «autopista de datos» precisa periodistas que ostenten un alto nivel profesional y ético.

La libertad de prensa, base de un buen gobierno

Además de una sólida formación profesional, para los periodistas es fundamental que los propietarios de los periódicos les concedan la suficiente independencia para poder servir a la comunidad, sin consideración de los intereses económicos o políticos de los propietarios. Cabe señalar que la Unesco apoya, junto con otras organizaciones, la formación profesional periodística.

En algunas oportunidades, los Gobiernos de algunos países que han accedido a la democracia en el pasado reciente han recurrido a la excusa de un supuesto abuso de la libertad de prensa para introducir nuevos impedimentos de su libre ejercicio. Algunos políticos líderes de países en desarrollo han denunciado a menudo el desequilibrio imperante en el flujo internacional de informaciones, que en gran medida se encuentra dominado por los países ricos occidentales; declaran que no pueden aceptar ese flujo libre de informaciones, puesto que no tienen una participación justa en él. Es cierto que existe ese desequilibrio, y Koichiro Matsuura ha declarado que la Unesco tiene que acometer la tarea de cerrar ese abismo entre los países «info-pobres» y los «info-ricos», como él los llama.

Sin embargo, sean como sean los problemas reales – es imposible solucionarlos oprimiendo la información, prohibiendo la discusión pública y encadenando la libertad. Independientemente de los motivos que invocan los responsables que tratan de reprimir la libertad de expresión: su verdadero motivo no es proteger la dignidad de sus conciudadanos, sino asegurar el poder del grupo dominante. Kofi Annan, secretario general de la ONU, ha dicho muy apropiadamente: «Nunca han sido los desposeídos los que objetan la libertad de prensa, sino siempre los poderosos.»

La importancia de la libertad de prensa como base de una buena y justa labor gubernamental y como palanca para el desarrollo social – dándoles una voz a los que no la tienen -, se puede apreciar claramente en una declaración emitida el 3 de mayo de 1999 con ocasión del Día Mundial de la Libertad de Prensa. Esa declaración conjunta de Kofi Annan, de Federico Mayor y de la Alta Comisionada de Derechos Humanos, Mary Robinson, reza: «La libertad de prensa es un pilar de los derechos humanos, y una garantía de otras libertades. Ella fomenta la transparencia y una política justa. La libertad de prensa garantiza que la sociedad no sólo se guíe por las leyes, sino que disfrute verdaderamente del imperio del derecho. Sin embargo, sigue habiendo personeros que dudan del valor de la libertad de expresión para sus propias sociedades, que afirman que ella amenaza la estabilidad y pone en peligro el progreso; que siguen viendo en la libertad de expresión algo impuesto desde afuera, y no como manifestación del anhelo de libertad que es propio de cada pueblo.

Nunca ha sido el pueblo el que objeta esta libertad, sino siempre el Gobierno y el Estado, nunca los desposeídos, sino siempre los poderosos, nunca los que no tienen voz, sino siempre aquellos que levantan la única voz que se escucha. Sometamos esa objeción a una prueba definitiva: que cada pueblo escoja si quiere saber más o menos, si quiere ser escuchado o estar sumido en el silencio, si quiere andar erguido o arrodillado.» A estas palabras no se puede agregar nada más.


Mia Doornaert es presidenta del «Grupo de alerta de la Unesco para la libertad de prensa». Esta periodista belga dirigió la Federación Internacional de Periodistas, y es corresponsal en Francia de «De Standaard» de Bruselas.



Illustration: Christoph Niemann


FUENTE: Revista Deutchland

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