Invertir en la naturaleza

El siglo XX no pudo resolver los problemas ecológicos que desencadenó; el cambio del clima y la extinción de especies siguen, lamentablemente, presentes. ¿Nos estamos aproximando a una catástrofe, o hay caminos para superar la crisis ecológica del planeta? Y además de nuevos principios innovadores de carácter político, social y económico, ¿necesitamos también una nueva ética ambiental? Un artículo de Konrad Ott, docente de Etica Ambiental y miembro del Consejo de Expertos sobre Temas Ambientales nombrado por el Gobierno Federal.



Los países industrializados parecen ser hoy, en muchos sentidos, ´más limpiosª y ´más verdesª que los pobres países en desarrollo. Muchos economistas lo explican haciendo referencia al creciente bienestar que permitiría una protección ambiental técnica. Los así llamados ´eco-optimistasª afirman que en los países industrializados ya se han solucionado las dificultades mayores, y que los problemas ambientales remanentes pueden ser confiados a la acción rutinaria de las instituciones estatales. Es cierto que los antiguos problemas ambientales de la industrialización eran más evidentes. Los medios de comunicación los podían convertir en escándalos, y los movimientos de protesta podían escenificar conflictos mediante acciones de desobediencia civil. Por el contrario, los nuevos problemas ambientales son más globales, exigen la elaboración de grandes cantidades de información científica y, en gran medida, no pueden ser influidos por la acción individual. Estos problemas se expresan en modelos, simulaciones, escenarios y, en este sentido, parecen ser riesgos lejanos; no ocupan el centro de la atención moral. Esta situación implica un desafío para aquella política previsora que desea ocuparse con estos problemas ´impopularesª.

Muchos científicos consideran que acorralar el cambio climático y sus consecuencias es el reto cardinal del siglo XXI. Los estudios del clima ofrecen una mezcla de certidumbres e incertidumbres. El mecanismo físico del así llamado ´efecto invernaderoª, el aumento de CO2 en comparación a la época preindustrial, así como sus causas, es irrefutable. En la investigación sobre las secuelas del cambio climático se está discutiendo una gama de posibles siniestros: la inundación de islas y deltas, la desertificación del cinturón semiárido, la salinización del agua subterránea, la pérdida de superficies agrícolas por la disminución de la humedad y la erosión de los suelos, más acontecimientos extremos, incremento de los incendios de bosques, la penetración de enfermedades tropicales hacia el norte, el debilitamiento de la circulación termohalina. Los análisis de sensibilidad de los modelos del clima muestran que, en comparación al año 1850, una duplicación del contenido de CO2 en la atmósfera puede acarrear un aumento de la temperatura entre 1,5 y 4,5 grados centígrados en un término medio global. De estas cifras se postuló un valor medio de 2,5 grados centígrados. No obstante, considerando las premisas éticas como el criterio ´Minimaxª (¡Minimiza el daño máximo!) es necesario analizar particularmente los escenarios científicos que advierten del ´peor caso posibleª, así como evitar aquellas corrientes de emisiones que lo hacen más factible (con el lema ´sigamos como hasta ahoraª).

El segundo desafío global está relacionado con la disminución de la biodiversidad que ha causado el hombre; son muy discutidas las estimaciones sobre sus dimensiones y velocidad. Los pronósticos serios señalan que en el próximo siglo la pérdida irreversible de especies se elevará a un porcentaje de dos dígitos de todas las especies. Pero, se podría acotar, ¿qué tiene de malo, dónde está el error moral? ¿Para qué necesita la humanidad, por ejemplo, todos los insectos tropicales? Con frecuencia, la preservación de biodiversidad se apoya en argumentos funcionales que resaltan la estabilidad de los ecosistemas. Pero, aún falta mucho para dilucidar completamente la interacción entre las especies y sus ecosistemas. A pesar de ello, muchos están convencidos de que es injustificable desde un punto de vista moral sacrificar a numerosas especies — cada una de ellas una ´obra maestra de la evoluciónª (E.O. Wilson) — en el altar de una explotación a corto plazo y dudosa en sus propios fines.

Explosión demográfica y alimentación: ¿es la ingeniería genética verde la solución para acabar con el hambre?

Un tercer desafío se refiere a asegurar la alimentación de la población mundial. En este campo, muchos favorecen las estrategias de corte tecnológico para solucionar este problema. A menudo se escuchan argumentos esquemáticos y moralistas como el siguiente: es un hecho el crecimiento de la población mundial y la reducción per cápita de la superficie agrícola; las técnicas de regadío equivocadas causan erosión y salinización de los suelos; cada vez más gente vivirá en las ciudades, y el abastecimiento de alimentos será insuficiente. Si es que es posible contrarrestar esta situación, afirman, el único medio es utilizando tecnologías — en palabras claras: la ingeniería genética ´verdeª. Los críticos de esta línea argumentativa objetan que las estructuras de la propiedad rural, los problemas de transporte y almacenamiento, las relaciones entre las exportaciones y las importaciones, las medidas que impone el FMI, la evolución del poder adquisitivo y la utilización del hambre como ´arma de guerraª son más relevantes para el problema del hambre. Los partidarios más serios de la ingeniería genética verde aceptan estas objeciones, pero insisten en que la ingeniería genética es una opción a la que no se debe renunciar. Desde una perspectiva ética, este argumento no se puede desechar.

Un desafío relacionado con el anterior se refiere a la apropiación y explotación del material genético de la biodiversidad tropical por parte de los consorcios occidentales. Con la biotecnología, se abre a las empresas privadas — guiadas por la búsqueda de ganancias — el campo de la explotación de los recursos biológicos, y ellas tratan de apropiarse al menor precio posible de ´recursos genéticosª para manipularlos y asegurarse los productos finales mediante patentes. Pero, la base legal del procedimiento para patentar esos productos son interpretaciones que se mueven en el ámbito todavía no aclarado entre ´descubrimientoª e ´inventoª. La quinta esencia racional del lema ´¡La vida no se puede patentar!ª es que el hombre puede descubrir los recursos genéticos, pero no inventarlos.

El quinto desafío es la creciente migración. En gran medida, la migración se produce dentro de los países pobres (éxodo rural); en parte, se dirige a los países del norte. Hace ya mucho tiempo que no se pueden delimitar nítidamente las diferentes causas: persecución política, marginalización económica, discriminación social y catástrofes ecológicas (ecomigración). Otro reto es la ya obscena contradicción global entre pobreza y riqueza, con sus fatales secuelas ecológicas. En 1997, el 20% más rico de la población mundial disponía del 86% del patrimonio o de los bienes y servicios producidos. Por supuesto que ese nivel de vida no puede estar al alcance de todos. Pero para los pobres, es una burla cínica afirmar que por razones ecológicas no deben copiar ese modelo de bienestar, mientras nosotros seguimos aferrados a él — a pesar de que el aumento del PIB no significa una mayor calidad de vida, del crecimiento de los costos para evitar/subasanar la contaminación ambiental y de que la rivalidad por ciertos bienes es cada vez más grotesca.

La pobreza acarrea destrucción del medio ambiente. Los pobres son extremadamente vulnerables; la miseria no permite dirigir la mirada a horizontes lejanos. Quien no puede comprar parafina, echa abajo un árbol para obtener leña, y los campesinos endeudados expulsados de sus tierras ganan su sustento como leñadores o buscando oro en los ríos. La caza furtiva se puede evitar únicamente con medidas dracónicas. Hay una clara correlación estadística entre pobreza y un gran número de niños.

Con frecuencia se escucha que estos desafíos deben desembocar en una nueva ética. Actualmente, muchos charlatanes se llevan a la boca la palabra ´éticaª, pero la ética filosófica no es un ´deus ex machinaª que solucione todos los problemas. La ética no toma decisiones vinculantes como el derecho, y no motiva tanto como las ganancias. La ética no puede producir ni sustituir los movimientos sociales decididos o la opinión pública crítica, ni tampoco una política inteligente y tenaz. La ética no es una condición suficiente para solucionar los problemas prácticos; la ética actúa solamente con la fuerza de los buenos argumentos.

Sostenibilidad y capital natural: ¿qué legaremos a nuestros hijos?

Con todo, el discurso ético-ambiental puede ser entendido como una respuesta intelectual al desafío de la crisis ecológica. Incluso las posiciones moderadas implican una justificación y reconocimiento de la idea regulativa de la sostenibilidad. La sostenibilidad debe ser comprendida como una meta colectiva, cuya consecución representa una obligación moral para con las generaciones venideras; es decir, se deben preservar los bienes ambientales globales (el capital natural). Cumpliremos los compromisos intergeneracionales creando legados, formando ´capitalesª. Ante la pregunta por la estructura de ese legado intergeneracional hay dos respuestas: la sostenibilidad fuerte y la sostenibilidad débil. La sostenibilidad débil exige solamente que el legado de capitales debe ser lo suficientemente grande como para que no se reduzca el valor de uso de las personas del futuro. Esta concepción se basa en el principio de que todos los tipos de capital son sustituibles; así por ejemplo, se pueden eliminar todas las especies si, al mismo tiempo, la ingeniería genética pone a disposición los conocimientos necesarios para crear nuevas especies. Los partidarios de la sostenibilidad fuerte abogan — indicando que no todo puede ser sustituido — por un legado intergeneracional estructurado, y llaman a preservar todas las formas existentes de capital.

La literatura reciente opone al optimismo de la sustitución la multifuncionalidad de muchos sistemas ecológicos, y su incertidumbre, riesgos e irreversibilidad. Me parece conveniente considerar como parte del capital natural los suelos, bosques, la atmósfera, los circuitos naturales de sustancias, el clima, la biodiversidad y los recursos de agua, así como ciertas ´unidades importantesª (el ´patrimonio natural de la humanidadª). De forma creciente, el capital natural será un factor limitante de la actividad económica (por ej. el stock de peces). En vista de este diagnóstico, la lógica económica exige invertir más en el capital natural. A menudo, la inversión en capital natural es sólo un sinónimo de protección ambiental. Necesitamos conceptos y estrategias inteligentes para invertir exitosamente en el capital natural. Ante los nuevos desafíos, los Estados nacionales no son suficientes: nadie puede resolver solo los problemas ambientales globales. Pero, simultáneamente con la globalización de la economía se están formando regímenes ambientales globales, como el régimen de la biodiversidad y el régimen del clima. La labor política debe fortalecerlos, y concentrarse en las tensiones y conflictos con los regímenes económicos (FMI, Banco Mundial, GATT).

Las ambivalencias morales implícitas también se manifiestan en el contexto del régimen ambiental. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1988 demandó la estabilización de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel inofensivo, para no poner en peligro la capacidad de adaptación de los ecosistemas. No obstante, después del protocolo de Kioto hay que constatar que esta meta no se está alcanzando: aunque se implemente el protocolo de Kioto, las emisiones globales seguirán aumentando, aunque en menor medida. En el transcurso de las negociaciones sobre el clima se pudo observar cómo disminuían las metas de reducción de emisiones y cómo aumentaban los resquicios. Los países con muchas emisiones tienen una fuerte posición negociadora. La protección del clima — un tema perentorio para la humanidad — se ha convertido en un absurdo tira y afloja por ´burbujasª, por ejemplo los mecanismos ´flexiblesª (´implementación conjuntaª, ´mecanismo de desarrollo ecológicoª, el sistema de los derechos negociables de emisiones). Sin embargo, estas negociaciones son la única alternativa. Actualmente, la política alemana debe fijarse la tarea de implementar el protocolo de Kioto a pesar de sus deficiencias, impulsar enérgicamente este proceso y, al mismo tiempo, elaborar una política consistente para la protección del clima, con metas ambiciosas de reducción de emisiones que sobrepasen el horizonte del año 2005.

Estrategia de sostenibilidad

El Gobierno alemán se ha propuesto impulsar un desarrollo ecológico y socialmente justo con una estrategia nacional de sostenibilidad, que ahora se está elaborando. Se nombrará un ´Consejo de desarrollo sostenibleª que asesorará al Gobierno, y cuya tarea será también impulsar el diálogo en la sociedad sobre la necesidad de un desarrollo sostenible. En particular los países ricos debieran desarrollar rápidamente procedimientos de producción y de consumo eficientes y compatibles con el entorno, dice Jürgen Trittin, ministro de Medio Ambiente.

Biodiversidad en Alemania

De la costa a las montañas: los espacios naturales y los ecosistemas en Alemania son muy variados. Un cuatro por ciento de la superficie del país son zonas de estricta protección natural, y 13 parques nacionales han desplazado la explotación de la naturaleza por parte del hombre. También en reservas de la biosfera y zonas de protección se preserva la fauna, la flora y el biotopo.

Con cerca de 45.000 especies animales y 28.000 vegetales, en el concierto internacional Alemania ocupa un lugar menor en cuanto a la biodiversidad. Sin embargo, un gran número de especies del país tiene una importancia para toda Europa. Además, Alemania es una importante región de invernación y tránsito para las especies migratorias.

Con una nueva ley de protección de la naturaleza, el Gobierno Federal se ha propuesto crear, en aproximadamente el diez por ciento de la superficie del país, un ramificado sistema de biotopos.

Protección del medio ambiente y cooperación para el desarrollo

Alemania apoya a los países en desarrollo para solucionar sus problemas ecológicos. El Gobierno Federal lo hace sabiendo que entre entorno natural, paz y seguridad existe una relación estrecha: las guerras y los conflictos ponen en peligro el entorno, pero también los problemas ambientales como sequías, inundaciones o la carencia de recursos pueden desembocar en conflictos que, a su vez, desencadenan guerras o el éxodo de refugiados. Por tal motivo, la cooperación alemana para el desarrollo apuesta por combatir las causas de la destrucción de los recursos. Los principales proyectos son el combate contra la desertificación, la preservación de las selvas lluviosas y una producción de energía no contaminante.

Una creciente conciencia ecológica

La caída se ha detenido: mientras que en la segunda mitad de los años noventa las encuestas revelaban la disminución de la conciencia ecológica de los alemanes, entretanto la protección de la naturaleza es uno de los temas principales, junto con la reforma de la jubilación y la política social. Solamente el 6% de la población considera que la protección del medio ambiente es menos importante, o que no es importante. A comienzos de este año, el 85% de los encuestados estimaba que la energía atómica era peligrosa. Incluso un 98% considera la protección del clima como una tarea importante; pero, uno de cada tres cree que en este campo hubo retrocesos (www. umweltbewusstsein.de).



Foto: Zielske/Bilderberg, J. Azel/Bilderberg, F. Blickle/Bilderberg


FUENTE: Revista Deutchland

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