El desierto crece

Ya una tercera parte de la superficie terrestre de nuestro planeta se ha resecado o está amenazada por la desecación. Los suelos fértiles no desaparecen sólo en Africa, sino también en Asia, América y Europa. La desertificación amenaza a mil millones de seres humanos. Y cada año se pierden más tierras de cultivo y de pastoreo - erosionadas por las lluvias o los vientos.



Ningún árbol oculta el panorama que ofrece el valle, únicamente algunos arbustos resecos se doblan ante el viento. Las repentinas y fuertes brisas llenan de arena la nariz y los ojos. Muy lejos, en el horizonte, el fuerte ocre de las dunas se convierte en un gris y pétreo asentamiento cruzado por algunas estrías de verde. Al medio, arena, nada más que arena. Hace 40 años el paisaje era diferente, aquí en el corazón de Malí. Enormes extensiones de bosques y arbustos cubrían la comarca que el río Níger inundaba irregularmente, dejando a su paso un manto fertilizante. Pero, a comienzos de los años 70 la comarca empezó a sufrir los efectos de la desertificación, y los largos períodos de sequía, el aumento de la población y, a la zaga, el incremento de las manadas de ganado desolaron las tierras de pastoreo y las dunas que estaban cubiertas de una gruesa capa de humus. En vista de que los pastos y los árboles se consumían y talaban mucho más rápido de lo que podían crecer, las dunas se extendieron, y pronto las aguas del Níger no pudieron bañar esas regiones de este país centroafricano.

La sobreexplotacion de los recursos naturales, junto con las fluctuaciones climáticas, es la principal causa de la desertificación – no solamente en Malí. La transformación en estepas y la resecación de superficies, hasta la pérdida completa de la fertilidad de los suelos, no están limitados, en ningún caso, al continente africano. No obstante, cabe señalar que entretanto sólo en Africa casi el 65 por ciento de la superficie agrícola ha sido pasto de la desertificación. Pero también las regiones áridas de América del Sur y del Norte, de Asia, Australia y Europa están afectadas por la desertificación. La degradación de los suelos tiene lugar actualmente en más de una tercera parte de toda la superficie sólida de la Tierra, y más de mil millones de seres humanos son víctimas de sus consecuencias. Algunas estimaciones indican que anualmente se pierden irrevocablemente cerca de 24 mil millones de toneladas de suelos fértiles – una superficie que corresponde a todos los campos agrícolas de Estados Unidos. Por otra parte, los ingresos económicos perdidos debido a la desertificación se estiman en 42 mil millones de dólares. Solamente Africa, el continente más afectado por la desertificación, pierde cada año 9 mil millones de dólares en potencial económico. De aquí al año 2025, las tierras agrícolas de Africa podrían disminuir en dos terceras partes.

La pobreza y desertificación van de la mano

La desertificación es un problema global; sin embargo, son sobre todo los países pobres del hemisferio meridional los que sufren sus consecuencias. Allí, las regiones áridas ocupan aproximadamente las dos terceras partes de toda la superficie. Y la tendencia es ascendente: de forma creciente la agricultura se extiende a superficies inapropiadas; se cultivan los suelos con métodos inadecuados; falta certidumbre jurídica – títulos de propiedad – para los que explotan las tierras; las condiciones del comercio mundial – por ejemplo las subvenciones para las exportaciones de los países occidentales y las barreras que impiden el acceso a sus mercados – impiden una gestión sostenible de los recursos. Generalmente, lo único que falta es dinero, Know-How, infraestructura técnica y la base institucional necesarios para escapar del círculo vicioso de pobreza y de la devastación de suelos y del medio ambiente. La pobreza produce desertificación – y la desertificación empobrece.

Para los paises en desarrollo es, por esta razón, la «Convención de la ONU para la Lucha contra la Desertificación en los Países Azotados por la Sequía y/o Desertificación, Especialmente en Africa» (CCD) la principal de las tres grandes convenciones ambientales iniciadas en 1992 en la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo en Río de Janeiro. Mucho más que la Convención sobre el Cambio Climático y la Protección de la Biodiversidad, la Convención sobre la Desertificación hace hincapié en la política para el desarrollo, lo que a su vez definió la línea de negociaciones entre países en desarrollo e industrializados reunidos en la cuarta conferencia de las partes de la CCD, efectuada en diciembre de 2000 en Bonn. Los países del Sur exigieron, sobre todo, acceso al Fondo Ambiental Global (GEF), que financia programas para la protección mundial del entorno natural. Por su parte, los países industrializados rechazaron abrir otra fuente financiera multinacional, y abogaron por, primero, implementar más eficientemente los programas ya existentes. Finalmente, se acordó incrementar los fondos para la lucha contra la desertificación cuando este año se adjudiquen nuevos recursos al GEF. «Vamos por buen camino», expresó el secretario ejecutivo de la convención, Hama Arba Diallo, al término de los 12 días de la conferencia. Agregó que espera que los Estados que participan en la convención materialicen con «hechos concretos» su buena voluntad. En vista de que los países industrializados no se han comprometido de forma vinculante a entregar fondos económicos, Diallo dijo: «No hay una vía más barata a largo plazo para impedir la pobreza, la escasez de alimentos y la migración». Ya se han identificado los pasos necesarios para combatir la formación de desiertos, y «ha llegado la hora de actuar», resumió Diallo.

Otro resultado de la conferencia fue la incorporación de los países de Europa central y oriental en la lista de las regiones afectadas por la desertificación. Además, los delegados pudieron examinar algunos programas nacionales de acción (NAP), a cuya elaboración e implementación se habían comprometido los países afectados. Malí por ejemplo es uno de los Estados que ya han avanzado en la implementación de su programa. En el grupo de los Estados donantes, Alemania ha asumido una función coordinadora; desde 1995, por encargo del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ) la Sociedad de Cooperación Técnica (GTZ) apoya al Gobierno de Malí en su lucha contra la desertificación. Conjuntamente se organizaron primero talleres en los que participaron cerca de 2.500 representantes gubernamentales y de organizaciones no gubernamentales, de gremios profesionales y organizaciones campesinas con el objetivo de determinar los problemas y las posibles vías de solución. Finalmente se formuló un plan de acción ambiental con nueve estrategias de gestión de recursos, planificación de la explotación agrícola, régimen sostenible de aguas y de investigación ambiental. Un grupo de trabajo que se reúne regularmente está supervisando la realización de los proyectos según las exigencias de la convención, y si es necesario se preocupa de modificarlos. Asimismo, un consultor de la GTZ asesora al Gobierno de Malí para la implementación de la CCD, y organiza conferencias de donantes.

Raudo crecimiento de las ciudades

Sin embargo, anualmente cerca del diez por ciento de la población activa de Malí tiene que emigrar a otras regiones del país debido a la falta de alimentos. Generalmente son los hombres los que, en este y en otros países afectados por la desertificación, abandonan sus aldeas en busca de trabajo y de sustento para sus familias. La prolongada ausencia de los hombres dificulta considerablemente la actividad campesina: se pierde Know-How y las mujeres – las que ya llevan la mayor parte del peso que significa la lucha diaria por recursos cada vez más escasos – deben trabajar todavía más. Otra consecuencia son los problemas sociales: los niños no van a la escuela porque tienen que ayudar a sustentar sus familias, disminuyen las posibilidades de su formación profesional, y generalmente también se empeoran las condiciones para la salud de la población.

No obstante, la desertificacion no solamente afecta a la población rural. Las corrientes migratorias aceleran la expansión de las ciudades e incrementan la demanda de agua potable, de alimentos y leña. De esta manera, la capacidad de rendimiento económico de muchas ciudades de las zonas áridas del globo está llegando a sus límites. Hace ya mucho tiempo que las ciudades no pueden ofrecer empleo a los recién llegados, y ello repercute en que las corrientes migratorias sobrepasan las fronteras nacionales e intercontinentales. Así por ejemplo, la desertificación de los suelos lleva a los emigrantes mexicanos a saltar la frontera con EE.UU., y mucha gente de las repúblicas centroamericanas abandonan sus hábitats tradicionales, al igual que los pobladores de las regiones áridas de Senegal o Malí. Muchos de ellos se dirigen a Europa. Nadie sabe cuánta gente ha abandonado su terruño, se estima que son millones.

A menudo, las consecuencias de la desertificación se difunden en el hemisferio septentrional únicamente cuando la televisión informa de las catástrofes provocadas por las sequías o los conflictos bélicos por los recursos naturales. El primer intento internacional coordinado para combatir la desertificación se desplegó en vista de la gran hambruna en el Sahel, ocurrida entre 1968 y 1974, que costó la vida a 200.000 personas y a millones de animales. En 1973 se constituyó la Oficina Sudan-Sahel de la ONU, con el fin de ayudar a nueve países de Africa occidental, que a menudo son víctimas de la sequía. Pero pronto esos programas fueron extendidos a 22 países subsaharianos y ubicados al Norte del Ecuador. A nivel global, las Naciones Unidas se ocuparon pro primera vez en 1977 con este tema, en la Conferencia sobre Desertificación de Nairobi. En aquel entonces predominaba el optimismo, postulando que la desertificación sería vencida a fines del milenio. Sin embargo, a más tardar en la Cumbre de la Tierra de Río de 1992 se tuvo que constatar que la expansión mundial de los desiertos no se había detenido, sino que – por el contrario – se había agravado. Por iniciativa de los países en desarrollo, la comunidad de Estados acordó en Río elaborar una convención sobre la desertificación, que entró en vigor el 26 de diciembre de 1996 y que ya ha sido ratificada por 172 Estados. La convención no sólo describe las causas y las consecuencias de la desertificación, sino que también señala las medidas concretas para combatirla. La convención es un instrumento para aumentar la eficiencia de la gestión sostenible de los recursos naturales en las regiones áridas, y también para asegurar un apoyo vinculante y a largo plazo de los Estados afectados.

Por primera vez se acuerdan principios vinculantes internacionales de la cooperación para el desarrollo. La CCD se nutre de las dos convenciones de la ONU sobre la protección del clima mundial y de la biodiversidad, y considera el hecho de que la pérdida de enormes superficies de cultivo repercute en el clima global, la biodiversidad y el equilibrio hídrico global. Por otra parte, las zonas áridas son especialmente propensas a ser víctimas del cambio climático. Con la «Convención sobre la Desertificación» por primera vez se fija el principio de la participación la población (bottom-upapproach) en un tratado internacional de las Naciones Unidas, ya que todos los implicados saben muy bien que la desertificación se podrá detener únicamente si la explotación sostenible de la tierra, si los métodos de cultivo y la cría de animales se introducen y mejoran de común acuerdo con la población. Para Malí, este principio significa por ejemplo que se ayuda a la población a impedir que las dunas invadan las ciudades. Para ello se plantan árboles y hierbas para impedir la erosión, y los asesores de la Sociedad de Coope-ración Técnica (GTZ) o del Servicio Alemán para la Cooperación Social-Técnica (DED) difunden las cocinas de bajo consumo, para disminuir en un tercio la cantidad de leña necesaria. Los organismos alemanes apoyan al Gobierno de Malí también en la descentralización y en la formación de entidades de autoadministración comunal. Aunque la participación de la población en la lucha contra la desertificación sigue siendo escasa, Malí es uno de los países más adelantado en la implementación del programa nacional de acción según las directivas de la Convención de la ONU para la Lucha contra la Desertificación. Y en algunos lugares de Malí se ha conseguido incluso detener el hasta ahora impetuoso avance del desierto.

 

El aporte de alemania

Desde mediados de los años 80, el apoyo de los Estados afectados por la desertificación es uno de los campos prioritarios de la cooperación alemana bilateral para el desarrollo. Actualmente se están llevando a cabo proyectos con un volumen total de aproximadamente 2,8 mil millones de marcos. Cerca del 60 por ciento de los proyectos financiados se realizan en Africa, un 25 por ciento en Asia y un 15 por ciento en Latinoamérica.

El Gobierno Federal alemán está convencido de que la desertificación no se puede combatir únicamente con recursos técnicos. Es necesario enmarcar la lucha contra la desertificación como parte integrante de las estrategias nacionales de desarrollo, y considerar la convención un instrumento del cambio estructural. Además de la ayuda para el abastecimiento de agua, para el desarrollo rural y para la gestión de recursos naturales, son cada vez más importantes las medidas de descentralización, prevención de crisis y de gestión de informaciones. Para integrar mejor los principios de la CCD en la cooperación bilateral y multilateral, en agosto de 1999 se lanzó en Bonn un proyecto especial de la CCD. El personal consigue donantes y ayuda a implementar los programas de acción nacionales.

El Gobierno Federal le concede una importancia considerable a la cooperación con la sociedad cívica. Por esta razón, está tratando de incorporar a organizaciones no gubernamentales en el combate contra la desertificación. El Foro de Medio Ambiente y Desarrollo (http://www.publikation-deutschland.de/www.forumue.de) es una asociación de organizaciones no gubernamentales alemanas que participan en la lucha contra la desertificación.

El estudio científico de la formación de desiertos tiene en Alemania un gran significado. Así por ejemplo, el Comité Científico Consultivo del Gobierno Federal sobre los Cambios Ambientales Globales (WBGU), una entidad in-

dependiente, aboga desde hace tiempo por una convención global para la protección de los suelos (http://www.wbgu.de/). Varias instituciones de investigación han formado la Red

Alemana de Estudios de Lucha contra la Desertificación (DesertNet, www.uni-bielefeld.de/desertnet).

 

Fotos: Knut Müller/Das Fotoarchiv


FUENTE: Revista Deutchland

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