Retrato de Potsdam

En el año de Prusia y con motivo de la Muestra Federal de Jardinería de 2001, muchas miradas se dirigen a la capital de Brandemburgo: un retrato de la antigua residencia de los monarcas prusianos, entre el pasado y el presente.


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Sanssouci y Buga. Ya el sonido de las palabras lo deja ver: el rococó de letras de Federico el Grande y la fórmula abreviada pragmáticamente para «Bundesgartenschau», «Exposición Federal de Jardinería» — mucho no pueden tener en común. Y sin embargo... este año están en estrecha relación el jardín del castillo que el «viejo Fritz», Federico el Grande de Prusia, hizo plantar siendo joven monarca en 1744, y la Exposición Federal de Jardinería en Potsdam. Sólo un cuarto de hora de camino a pie separa la pequeña jardinería entre bogonias y nomeolvides y el feudal parque. La Exposición Federal de Jardinería en Potsdam, muy cerca de Berlín, es la primera en incluir más que el recinto propiamente dicho de la exposición al pie del «Bornstedter Feld». Forman parte también algunas partes del casco viejo de la ciudad, como el recientemente restaurado «Jardín de recreo» a orillas del río Havel, núcleo de la jardinomanía prusiana. La cercana isla de la amistad con su colección de arbustos se convierte en el bastidor «Lugares a orillas del río«; el «Feldflur», el «Ejido», incluye también campos de labrantío y esto se hace igualmente por primera vez. Todo Potsdam florece – un regalo también para el Año de Prusia. Hace exactamente 300 años que el primer príncipe de la casa Hohenzollern se puso la corona real.

De todos modos, la Buga se mueve por todas partes en campo histórico, también en el Bornstedter Feld: desde hace 250 años ese antiguo campo de ejercicios militares es ahora el lugar principal de la exposición de jardinería. Al comienzo fue campo prusiano de maniobras militares, al final, hasta mediados de la década del 90 campo de ejercicios de las tropas del ejército ruso. Con esta historia juega la Exposición de Jardinería — un grupo de artistas ha distribuido sobre el cesped grandes cojines para sentarse en óptica de camuflaje. Altos terraplenes, puestos antaño para camuflar tanques, forman el marco para el escenario de los espectáculos, restos de hormigón de los cuarteles recuerdan, como «huella de las piedras», al uso que anteriormente tenían. Ahora verdece y florece la superficie de 73 hectáreas, en paz, como nunca. Todavía hasta el 7 de octubre estarán erguidas aquí a lo sumo las trinitarias. Y después surgirá alrededor del Parque Buga un nuevo barrio con algo que Potsdam todavía no tiene: un gran parque para el pueblo, en cuyo césped también se podrá jugar fútbol y corretear. Pues, naturalmente, esto no está permitido en las instalaciones históricas, que desde 1990 están en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO.

Este paisaje cultural de Potsdam llega desde el pequeño castillo de Caputh hasta la isla Pfaueninsel, un conjunto único de castillo, jardines, parques, lagos y colinas, quq sobre todo se debe a un virtuoso de la jardinería: Peter Joseph Lenné. De 1816 hasta su muerte en 1866, dio forma a la naturaleza el maestro en jardinería del Rin al servicio del rey prusiano. Congenialmente se complementaba en esta tarea con el arquitecto Karl Friedrich Schinkel. Desde Belvedere en la colina Pfingsberg, la mayor elevación de la ciudad, se puede imaginar — la obra completa de jardinería Potsdam con el parque Sanssouci, el Nuevo Jardín, los jardines del castillo de Babelsberg y Glienecke, todo rodeado por los lagos del Havel. Sólo la Buga parece desde aquí una vereda en verde que todavía debe integrarse. Lenné hizo de «toda la isla un paraíso», tal como lo había deseado el padre de Prusia, Federico Guillermo, en el siglo XVII. También remodeló delicadamente Lenné el Parque de Sanssouci, la obra preferida de Federico el Grande, la misma que es mucho más de lo que muestran las tarjetas postales del palacio con terrazas de viñedos. Del jardín cincelado al estilo barroco, que ya en tiempos de Federico había cesado de estar de moda, hizo él jardín de paisaje que simulaba ser natural. A pesar de ello todo está planificado en la gran superficie de 290 hectáreas: las elevaciones, los grupos de árboles, el derrotero de los caminos, que siempre ofrece nuevas perspectivas y sorpresas.

La obra maestra del arte escenografico de Lenné, el «Marlygarten», restaurado para la Buga. Oculto al margen de Sanssouci, refleja el rostro romántico de Prusia; en todo, lo contrario del severo cliché del soldado. Dos visitantes de la Buga están sentados en una banca y pestañean al mirar el verdor contra el sol. «Es bonito, ¿no?» dice uno en su dialecto berlinés. «¡Una cosa así!»: entusiasmo en prusiano. Así debe de haber alabado la obra de Lenné el que le dio el encargo. Y en fin de cuentas en esta frase simple se encuentra nada menos que el más profundo sentido del arte de la jardinería.

Janet Schayan

 

Fotos: Babovich/Das Fotoarchiv, Kunz/Bilderberg
FUENTE: Revista Deutchland


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