Babelsberg, Ciudad del Cine

Aquí, Marlene Dietrich cantaba ”pronta para el amor”, y Fritz Lang rodó ”Metropolis”. Sin embargo, no se puede vivir solamente del mito: los estudios de Babelsberg en Potsdam se centran hoy en las producciones para la televisión y en el gran cine internacional. Y por lo visto, sus planes dan resultado.


El empedrado es auténtico, y las nubes que se ciernen sobre esta ”Berliner Strasse” también. Pero todo lo otro, las más de veinte fachadas de casas de fines del siglo XIX, el revoque que se está descascarando, la florería y las decoradas ventanas - todo es de poliestireno, yeso y cartón. En la entrada todavía se ven pequeños volantes pegados en la pared, con una leyenda en polaco. Roman Polanski los mandó colocar, cuando estaba rodando su nueva cinta ”El pianista” y transformó la ”Berliner Strasse” en una callejuela del gueto de Varsovia de los años cuarenta. Las escaleras colgantes de las casas recuerdan imágenes neoyorquinas - y que las mismas fachadas aparentaban ser Harlem en la película sobre los boxeadores ”Joe y Max”. La pequeña florería se verá también en la próxima entrega de la ”Berliner Strasse”: o sea, nuevamente surgirá aquí Berlín - en una cinta policial para la televisión. Estamos en una película: nada es lo que parece, pero en nuestra imaginación se convertirá en realidad cuando las cámaras, los focos y los actores le den vida a esta calle que no lo es. Los estudios también actúan, y dirigidos por manos experimentadas se convierten rápidamente, como una diva en manos de las maquilladoras. Ilusiones hechas en Babelsberg. Y esto es lo que precisamente la audiencia no debe percatar.
Estamos en el corazón de Babelsberg, el ”mito” cinematográfico alemán, entre Metropolis, Marlene y Mitic. Metropolis - la leyenda en celuloide que Fritz Lang rodó en los años veinte. Marlene Dietrich - la que con la cinta ”Angel azul” rodada en Babelsberg se convirtió en una figura mítica de su época. Y Gojko Mitic - la respuesta de la RDA al Winnetou germano-occidental, basado en los relatos de Karl May - quien en las praderas de Brandemburgo peleaba en defensa de los ”pieles rojas”. Tres nombres que dan una imagen breve de la historia de los estudios cinematográficos de Potsdam: la edad de oro de la Ufa en los años veinte y treinta; la emigración de actores y directores durante el régimen nazi - y de otros, su sometimiento a la dictadura; la segunda vida de los estudios en la RDA, bajo la dirección de la Defa, cuando surgió la televisión y rodó cuentos fantásticos y aburridas cintas de tono pedagógico, y también más de una película que fue censurada y prohibida.

 

Inversiones en un mito

El próximo año, la ”fábrica de sueños” ubicada en Potsdam, ciudad vecina de Berlín, cumplirá exactamente 90 años - y al mismo tiempo se celebrará el décimo cumpleaños de la tercera vida de los estudios: en 1992, el consorcio galo Vivendi compró todo el recinto, y ha invertido hasta hoy mil millones de marcos para que el mito siga existiendo en el nuevo milenio - aun más: para que pueda enfrentar la fuerte competencia del presente. El plan maestro aplicado después de la reunificación ha sido convertir la ”ciudad del cine” en ”Babelsberg, ciudad mediática”: en el recinto de los estudios, 130 firmas del ramo emplean a 3200 profesionales - un importante factor económico en la región. A pesar del agitado presente, la historia tiene un gran peso en Babelsberg - más que en la Cinecittà de Roma, más que en Hollywood. Quizás por eso los errores aquí cometidos reciben una crítica más dura. La rápida sucesión de ejecutivos - entre ellos Volker Schlöndorff, el director alemán premiado con un Oscar - y los esfuerzos por conseguir calidad y ganancias que se hacen en el ”Hollywood alemán” se siguen de forma especialmente crítica, debido a la historia de los estudios.

 

Las fantasías son el producto

”Nos observan siempre detenidamente”, dice Henning Molfenter, ”Production Executive” de la firma Studio Babelsberg GmbH, que prosaicamente podría traducirse como ”director de fabricación”. Pero no es un término adecuado, porque lo que vende Molfenter son las fantasías de los directores de cine: ver las ideas detrás de una cinta, adivinar lo que el director quiere - y llevarlo todo a la práctica a un precio razonable. Y Molfenter, quien estudió cine en Nueva York y Londres, y Udo Happel, su colega y jefe de los ”creativos”, lo hacen evidentemente muy bien, por ejemplo cuando transformaron un abandonado regimiento en Jüterborg en la Varsovia destruida de la película de Polanski, un trabajo milimétrico con una excavadora.

La lista de cintas que se estan produciendo es impresionante. ¿Es casualidad que las películas importantes de los últimos meses se centren en destinos humanos durante el fascismo? ¿Los directores están buscando sólo lo auténtico? La más reciente coproducción es ”Taking Sides” de István Szabó con Harvey Keitel, la historia del director de orquesta Furtwängler poco después de la Segunda Guerra Mundial, junto a ”El pianista” de Polanski, cuyo rodaje acaba de concluir. Es la historia verídica de la ”increíble supervivencia” de Wladyslaw Szpilman en Auschwitz. Y también hace poco, Babelsberg ofreció servicios y técnica - sin participar en la producción - para ”Joe y Max” sobre Joe Louis y Max Schmeling, con la estrella alemana Til Schweiger y el norteamericano Leonard Roberts. Sin embargo, el punto culminante fue la cinta europea más cara rodada hasta ahora: la epopeya de Stalingrado ”Duell - Enemy at the gates” del francés Jean-Jacques Annaud, que costó 180 millones de marcos. Esta cinta inauguró el festival de cine de Berlín pasado - y la crítica alemana la rechazó; pero en EE.UU. repletó las salas, consiguiendo que se hable de Babelsberg, por ejemplo en Hollywood. Los comentarios en las fiestas son la mejor propaganda: no se puede ignorar a quien ofrece todo lo necesario para una cinta como ”Enemy” - sobre todo cuando el dólar está tan alto. Desde entonces, los directores y productores extranjeros asedian Babelsberg. Spike Lee ya estuvo aquí - quiere hacer una versión propia de ”Joe y Max”; y en pocos días comienza el rodaje de la próxima cinta internacional: la comedia francesa ”Ma femme s'appelle Maurice” de Jean-Marie Poiré.

 

Hollywood en Potsdam

Más no revela Molfenter, únicamente que en otoño habrá mucho trabajo. También algunos ”expatriados” están regresando de California a Berlín: Wolfgang Petersen, el que rodó ”Submarino” tiene algo en peto, se rumorea en Babelsberg, y también el estelar camarógrafo Michael Ballhaus (”Air Force One”). La causa no es la fusión de Vivendi con los Universal Studios en Hollywood el verano pasado, pero por cierto que la fusión no será una desventaja. Hollywood se aproxima a Babelsberg, qué duda cabe. Y el mito sigue vivo, y cada día es más potente su fuerza de atracción. Después de todas las inversiones - la demolición de 60 edificios en ruinas, el saneamiento de construcciones declaradas monumentos, el equipamiento del atelier, los estudios de sonido y las nuevas máquinas de copiado - Babelsberg se está acercando a sus primeras ganancias. El año 2000 ha sido el más exitoso hasta ahora, los 13 estudios trabajaron a un 75 por ciento de su capacidad, sobre todo rodando cintas para la TV, pero también tertulias y telenovelas. Negocios para ir pasando el día.

Pero aunque la televisión es un soporte lucrativo, la película para el cine es, desde luego, la categoría máxima del gremio cinematográfico, y Babelsberg se siente especialmente idóneo para esta tarea. Sus profesionales no creen que la competencia esté en Colonia o Múnich, sino en Londres. Como dice Molfenter, el lado fuerte de Babelsberg es la ”gran película tipo Hollywood, con un escenario de muchas construcciones”. Y en este sentido, la gente de Babelsberg puede recurrir a un acervo acumulado en los tiempos de la RDA, cuando la compañía se llamaba aún Defa: en aquella época, los estudios no tenían que observar los principios de rentabilidad de la economía de mercado, y contrataron 150 artesanos - estucadores, carpinteros, costureros y pintores de brocha gorda - que siguen trabajando para los estudios. ”Esto casi no hay en Europa”, dice Molfenter, ”y además somos muy rápidos”. Así por ejemplo, la Sala Marlene Dietrich está siendo convertida en un apartamento un tanto cursi de Montmartre para rodar ”Ma femme”, allí donde hasta hace pocos días estaba el ring de ”Joe y Max”. En el próximo atelier, los carpinteros están desmontando un castillo de hielo - de poliestireno -, mientras que los pintores están dando los últimos brochazos a otro escenario de cuentos. Ambos decorados son para los varios capítulos de ”Hans Christian Andersen” para la televisión, por encargo de la firma Hallmark-Entertainment. ¿Fábrica de sueños? No, Babelsberg no apuesta por una producción masiva a destajo, sino por un dominio del oficio rápido y preciso, más de lo que se supone en la época de los ”efectos especiales”. Una mirada en el fondo de vestidos y accesorios muestra las posibilidades de Babelsberg: desde ropa para un pachá oriental hasta uniformes militares, de un sofá tipo Biedermeier hasta el sillón de tubos de acero - el país de Jauja para un productor que se fije en los detalles.

 

Pero, ¿dónde está el cine alemán?

Un fondo propio de películas en formación será otro de los argumentos a favor de Babelsberg. Y Henning Molfenter cree que la estrategia de apostar por ”servicios y técnica” - en vez de por coproducciones o películas propias, como después de la reunificación - no solamente es más rentable, sino que permitirá, además, ”el lujo” de producir cintas para el mercado alemán. Porque, aparte de todas las bonitas producciones internacionales - ¿dónde está el cine alemán en el nuevo Babelsberg? Tras un supuesto auge de comedias posmodernas, y después de algunas películas tan exitosas internacionalmente como ”Lola corre” de Tom Tykwer y ”La seguridad interna” de Christian Petzold, el cine alemán sigue sumido en su crisis permanente, y al parecer sobrevive más como producción para la televisión que como cine para las grandes salas. Es cierto que es difícil ganar dinero con una cinta: actualmente, las cintas germanas ocupan un escuálido diez a quince por ciento del mercado, y desde hace ocho años ninguna película alemana ha estado presente en el festival de Cannes. Ello ha provocado la intervención de la política: el ministro de Estado de Cultura, Julian Nida-Rümelin, presentará en otoño un programa para promocionar el cine alemán. Molfenter, el profesional del cine, cree que la limitada ”exportabilidad” del cine alemán es un serio impedimento, y dice que sólo aquellas películas ”que transportan un determinado sentimiento y que despierten la curiosidad por el país y la región donde se ruedan” tendrán oportunidades en el extranjero. El mejor ejemplo: ”Lola corre” con la estrella alemana Franka Potente.

Los profesionales del estudio tienen hoy un mayor contacto con los jóvenes: La Escuela Superior de Cine Konrad Wolf es una vecina directa, y ”los estudiantes pasan a vernos cada vez con mayor frecuencia”, dice Molfenter, cruzando la misma entrada como otrora Marlene Dietrich, Zarah Leander, Billy Wilder y Fritz Lang. Una tradición que pesa. Los visitantes toman otro camino, por el parque temático Babelsberg, que no tiene muchos puntos comunes con el mito de antaño ni con el trabajo y la vida cinematográfica de hoy. Es un parque de entretenimientos con stuntshows, patatas fritas y popcorn.
Para descubrir las huellas del mito hay que recorrer algunos kilómetros y llegar al Museo de Cine de Potsdam: no porque allí podamos ver la bata rosada de Marlene en una vitrina, sino porque cada cuarto está dedicado al cine - donde nada es como parece, pero que nos hace olvidar por corto tiempo que el decorado no es la realidad. Ilusiones hechas en Babelsberg - pero que nadie se dé cuenta.

Janet Schayan

Fotos: Blickle/Bilderberg; Photodisc

FUENTE: Revista Deutchland

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