La Costanera Sur


La Avenida Costanera, que lleva el nombre del abogado cordobés Tristán Achaval Rodríguez,  tiene una extensión de casi dos kilómetros, desde la calle Viamonte al Norte, hacia el sur, hasta la terminación de la Avda. España.

El Intendente Carlos Martín Noel concibió y llevó una obra urbanística que logró reconquistar para Buenos Aires la vista del río, grandioso espectáculo que había quedado oculto por diques, galpones, elevadores y depósitos, al construirse el puerto.

En el año 1922, las empresas que habían realizado ya las obras de defensa y formación del paseo, hicieron una amplia vereda de diez metros y una calzada de quince para automóviles. Por debajo de esta vereda, otra de ocho metros de ancho que a su vez se encontraba sobre el nivel de la playa, con escalinatas de acceso para el paseo, a ras del río, en los días de bajante.

La piedra fundamental de la obra la puso el entonces presidente de la República, Dr. Marcelo T. de Alvear. En 1924 se llevó a cabo la inauguración del primer tramo y asistió a ella el príncipe Humberto de Saboya. Para la realización de esta obra se contó con el asesoramiento de una comisión municipal, y el concurso de numerosos urbanistas.

M. Forestier proyectó una importante obra de jardinería a la manera versallesca, complementada con el ornamento de faroles y maceteros importados de Francia. Durante las décadas del ´20 y el ´30, el paseo fue enriqueciéndose con la instalación de bares, confiterías y, para mayor entretenimiento del público, pequeños teatros de varieté, que funcionaban por la noche. A todo este mundillo se sumaba la polémica fuente de las Nereidas; la estatua de homenaje a los aviadores del Plus Ultra, en estilo art déco; a las farolas de bronce; y el monumento a los Reyes de España...

Desde su inauguración, el balneario Municipal fue testigo del esplendor y decadencia del paseo de la Costanera Sur. A pie, en auto o en tranvía miles de porteños se acercaban al lugar en busca de aire fresco en las tardes de verano, o para bañarse en el río, prolijamente vestidos con mallas enterizas y provistos de toalla, hombres y mujeres separados por el largo espigón, según lo establecido en el reglamento de 1923.

Hacia fines de los años ´50 comenzó la decadencia del Balneario, las instalaciones se fueron deteriorando, muchas confiterías fueron demolidas y poco a poco comenzaron a aparecer carteles que prohibían el baño debido a la contaminación del río. La zona perdió aún más su carácter recreativo, cuando a comienzos de la década del ´70 comenzó a implementarse el proyecto que pretendía “ganar” tierras al río frente al antiguo Balneario de la Costanera Sur.

Con la intención de mejorar la insuficiente relación de espacios verdes públicos por habitante de la ciudad, en octubre de 1994 la Corporación Puerto Madero suscribió un convenio con la Sociedad Central de Arquitectos para la organización y realización del Concurso Nacional de Anteproyectos para las "Nuevas Áreas Verdes para Puerto Madero y la Revitalización y Puesta en Valor de la Costanera Sur", en una superficie de 17 hectáreas de parques.

Se presentaron 23 proyectos provenientes de diferentes regiones del país. El proyecto ganador, presentado por los arquitectos Eduardo Cajide, Alfredo Garay, Irene Joselevich, Néstor Margariños, Graciela Novoa, Adrián Sebastián, Carlos Verdechia y Marcelo Vila, propuso la total restauración de la Costanera Sur -conservando incluso sus farolas originales- y la recreación de los desniveles naturales de las barrancas de la ciudad de Buenos Aires en los parques, generando espacios diferenciales con distintas alternativas recreativas. El proyecto abarcó también la parquización de los bulevares que incluyó diferentes especies autóctonas, como el jacarandá, la tipa y el palo borracho, con floraciones en distintas épocas del año.

Para concretarse ambas obras hubo que esperar la normativa urbana que permitió el inicio de la construcción en el sector este del barrio que se promulgó en julio de 1997. Para julio de 2001 la obra de los bulevares estaba prácticamente finalizada mientras que se registra un alto grado de avance en la obra de los parques.

En este rincón ribereño de la ciudad, dos museos singulares abren hoy sus puertas a todo el público: El Museo de Telecomunicaciones, y el museo de Calcos y Escultura Comparada Ernesto de la Cárcova.