Puerto Madero

Buenos Aires nació y se desarrolló en íntima relación con su rol portuario, esto la convertiría, con el tiempo, en foco de concentración comercial y de vías de comunicación.

En 1536 Pedro de Mendoza realiza la primera fundación del Puerto de Nuestra Señora del Buen Ayre. Para 1580 Juan de Garay realiza una segunda fundación bajo el nombre de Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de Buenos Aires.

Desde sus inicios, las embarcaciones que arribaban a la ciudad fondeaban sus naves a considerable distancia de la costa en las amplias payas naturales que ofrecía el estuario del Río de la Plata. Desde allí, en barcazas y carretas se hacía el traslado de las mercaderías hasta la costa.

Ya entrado el siglo XIX la necesidad de contar con un muelle y una estructura portuaria que sirviese de control se hicieron imprescindibles.


En 1855 se inició frente al centro histórico de la ciudad, la construcción de la llamada Aduana Nueva, diseñada por el ingeniero inglés Eduardo Taylor. El edificio sobresalía por su frente semicircular que desembocaba en una explanada sobre el Río de la Plata. (Hoy, pueden verse las excavaciones de lo que de ella queda por detrás de la Casa Rosada.)


Pero a medida que el comercio de ultramar se incrementaba, se hacía perentoria una solución al tema portuario. Entre 1876 y 1886 dos propuestas rivalizaron para llevar adelante sus proyectos. Una pertenecía al Ing. Huergo, que proponía una serie de dársenas abiertas, en forma de peine. La otra correspondía a Eduardo Madero, con un diseño de diques cerrados, intercomunicados. Este último fue el proyecto que prevaleció, siendo aprobado por el Congreso Nacional en 1882. Las obras se iniciaron en 1887, finalizando en 1897.

Para entonces, el notable aumento del comercio internacional provocaba la prematura insuficiencia del puerto de diques, tornándose necesario el llamando a concurso para la ampliación del puerto.


Entre 1911 y 1925 se construyó el Puerto Nuevo, con un diseño de dársenas abiertas protegidas por una escollera continuando hacia el norte de Puerto Madero. Este último pasaba a jugar un rol subsidiario, entrando prontamente en un proceso de obsolescencia.

Comenzaron a sucederse entonces los planes para reinsertar Puerto Madero al tejido urbano. Su ubicación vecina a la zona céntrica, lo extenso del área y su conexión con el paseo ribereño, lo hacían apropiado tanto para la instalación de actividades comerciales y administrativas, como espacio de extensión recreativa. Diversas circunstancias trabaron la materialización de su desarrollo.


En noviembre de 1989, mediante un convenio entre el Ministerio de Obras y Servicios Públicos de la Nación, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y la Secretaría General de la Presidencia de la Nación, se creó la Corporación Antiguo Puerto Madero S.A., transfiriéndole el dominio del área y confiriéndole el poder para llevar adelante su desarrollo urbano, gestión que hizo posible la recuperación de esta zona.

En junio de 1991 la Corporación Antiguo Puerto Madero S.A. en su carácter de comitente suscribió un convenio con la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y la Sociedad Central de Arquitectos convocando al Concurso Nacional de Ideas para Puerto Madero.


Las bases del mismo definieron como objetivo la reconversión del área para rescatarla del abandono y el deterioro, de manera que contribuyera a equilibrar los déficit urbanos del centro de la ciudad, y determinaron una ocupación máxima de un millón y medio de metros cuadrados. El uso terciario se complementó con el residencial y las áreas verdes de uso público se duplicaron, contemplando actividades recreativas, culturales y deportivas. Se estableció, también, la necesidad de conservar los galpones atendiendo su importante valor patrimonial.


El Plan Maestro presentó una angosta franja de edificación entre los diques y un gran parque conectado con la trama urbana a través de anchos bulevares arbolados, trazados en correspondencia con las avenidas de acceso al área. Dos racimos de torres remataban los dos bulevares centrales y marcaban una proyección de la ciudad hacia el río. El parque se fundía con la Costanera Sur y se prolongaba en el verde de la Reserva Ecológica.


Al borde del agua, sobre el lado este de los diques, se propuso una edificación baja para usos múltiples que aportaba equipamiento y vida al paseo público, también se estableció la construcción de plazas abiertas a la línea del borde de agua en cada uno de los diques.


En abril de 1994, el Consejo Asesor de Planificación Urbana de la Ciudad de Buenos Aires aprobó el proyecto por resolución 0001/94, formalizándose el Plan Maestro.

 

En forma simultánea al desarrollo del Plan Maestro se definió la estrategia para la puesta en valor del borde oeste, entre los diques y las avenidas Madero-Huergo. La Corporación encaró este proyecto como una gestión autónoma, pero respondiendo en un todo a los objetivos del plan de urbanización.