VENECIA

Qué sortilegio se anida,
en tu atmósfera traslúcida?.
Qué misterios pasionales,
en tus góndolas se embarcan?
Qué arcano silenciode callada luz
se alberga en ti, Venecia...?.

 

El poeta debió haberse asomado, es posible, por un ignorado balcón suspendido sobre algún lánguido canal, para ser seducido por un mundo casi irreal.

Materialmente VENECIA es un conjunto de 100 canales cruzados por 400

puentes, situada en un archipiélago de arcilla y arena que mira al Adriático. Pero sin dudas VENECIA es mucho más que una cita geográfica incomparable: unida al continente por un puente carretero construido en 1932. Una visita a la ciudad puede provocar una indefinible sensación de desconcierto en el espacio y en el tiempo.

VENECIA es dueña de una atmósfera mística casi hipnotizante. Un juego interminable de luces, sombras y colores capaces de trasmutarse en vaporosas figuras que narran historias contadas a medias, en cuchicheos, en colores y en máscaras.

El viajero camina y camina en medio de un mundo silencioso, sin bocinas, sin automóviles, sin humo, sin semáforos, sin árbol alguno y sin apuros. Hay más, para vestir de secretos aún más el ambiente singular, no se escucha el chapoteo de remos; éstos se sumergen casi sin dejar ondas en un pacto ancestral y marino.

Luego se transita subyugado en una experiencia única, por callejas convertidas la más de las veces en pasadizos estrechos con nombres de calles, que apenas dejan andar de uno en fondo y en donde por las noches, ya no hay voces, sólo algún lejano o cercano taconear amortiguado. En donde

las luces veladas se refractan convirtiendo en ángulos las parades tersas.

El Rialto, cuyo nombre en principio designaba al conjunto de islas, fue originariamente el centro comercial de la ciudad de la laguna. Data de 1587, cuando suplantó a otro de madera levadizo, llamado del "Quartarolo"

aludiendo al peaje que se debía abonar.

El actual, en piedra, fue obra en parte de Antonio da Ponte. Se trata de un arco único que sostiene dos hileras de tiendas. Construido en una zona pantanosa, se hizo necesario clavar 6.000 estacas de roble para, a partir de allí, levantar el exótico puente símbolo da la ciudad.

El Gran Canal es la más importante vía acuática de VENECIA. Hasta el fin de la República, estuvo cerrado en dirección al mar, por pesadas cadenas en el afán de disuadir a los enemigos.

Sobre él se encuentran más de 100 palacios, como el de Contarini-Fasan, el Grassi, el Foscari, el Grimani y sobre todo, la bellísima Basílica Della Salute, construida en el Siglo XVII por Baldassare Longhena, obra maestra del estilo barroco. Frente a ella, el viajero se admira ante la grandiosidad de las escalinatas que parecen surgir de las aguas del Gran Canal. Para su edificación fue necesario hundir 1.106.757 estacas de roble, aliso y alerce de casi 4 metros de largo. Sobre ese piso se construyó una plataforma con tablones de roble y alerce.

La actividad en el Gran Canal es intensa y llena de matices. El ir y venir de sus góndolas con sus tradicionales proas en forma de hacha, de pequeñas embarcaciones y de los vaporetti surcando raudos las adormiladas aguas, parece confundir con su magia nuestros ojos y nuestros pasos.

Por las noches VENECIA se viste, dejado atrás el estío, con la vaporosa hechicería de su nebuloso encaje. La niebla da la impresión de alejar las figuras y acercar los sonidos, en una sinfonía casi etérea, que se adosa a uno instándolo a soñar con algo que se nos fue de las manos al compás de los tiempos incontenibles.

El poeta Vicenzo Cardarelli lo previó cuando escribió su poema "Setiembre en Venecia":

"Ya desde setiembre anochecen
en Venecia los crepúsculos tempranos
y de luto visten las piedras.
Irradia el sol su último rayo

sobre el oro de los mosaicos y enciende
fuegos pajizos, efímera belleza".

La Plaza de San Marcos es un vasto rectángulo de 175 por 82 metros. Está    flanqueada en tres de sus lados por fachadas estilísticamente ornamentadas y por el este, por el notable continente de la Basílica.                                                                        

En este espacio, que se prolonga en la vecina Piazzeta, armonizan los estilos gótico, románico, bizantino y renancentista. Inicialmente, no era otra cosa que un huerto atravesando por el Canal Batario.                 

En los tiempos de la República Serenissima, la plaza se convirtió en el     centro público y religioso.

Debajo de los pórticos de la plaza, desde tiempos inmemoriables, se realiza el paseo del "Listón", una versión véneta de nuestro provinciano "paseo del perro". En épocas de buen tiempo el Listón se desplaza al cercano Bacino. Bajo estos portales se encuentra uno de los símbolos del buen pasar, el antiguo  "Caffe Florián", evocador de años en retorno gracias al encantado conjuro de su ambiente de serena hospitalidad.               

El vecino "Campanile", posee una altura de 98 metros y remata en una cúspide coronada por un ángel dorado. En 1902 el Campanile se hundió en el suelo arcilloso, pero fue reconstruido tal cual era, diez años más tarde.                                                                                                 La "Torre del Reloj" con sus estatuas en bronce de "Los Moros", es la    encargada de marcar el tiempo y las cadencias de la Serenissima.

La Basílica de San Marcos data del Siglo XI y sustituyó a dos anteriores consumidas por el gran enemigo de VENECIA, el fuego. En su interior se veneran los restos de San Marcos traídos de Alejandría.

Su fachada está compuesta por elementos bizantinos, románicos y góticos.    Sobre el gran balcón de su pórtico, se encuentran los cuatro caballos que  proceden del Hipódromo de Bizancio, llegados en 1204.

El portal, raalizado entre los Siglos XII y XIII, es de una finísima belleza, logrado con componentes bizantinos y románicos.                

El Palacio Ducal fue la residencia de los Dux, sede del gobierno y tribunal de justicia. Su edificación es del Siglo IX, también en estilos   bizantino y gótico. Sucesivos incendios obligaron su reconstrucción  en el  Siglo XIV, el exterior en estilo gótico, provoca una sensación de irrealidad, como si los principios arquitectónicos hubieran sido trastocados, sumiendo al espectador en un imposible. Tal efecto,    quizás espontáneo, se debe a la idea de fragilidad que aporta su base con arcadas continuas soportando las macizas líneas de su piso superior.

En la vecina Piazzeta, un espacio limitado por la Piazza San Marco y el Bacino, se destacan las dos columnas que sostienen,una, al León de San Marcos, emblema de la ciudad y la otra a San Teodoro, primer Patrono de    VENECIA. Desde allí sabía embarcar el Dux de turno en su galera      "Bucantauro" para desposarse con el mar arrojando un anillo nupcial a las aguas. Cercano, el legendario Puente de los Suspiros unía el tribunal de justicia con las prisiones. Por tal razón, desde los tiempos de la República, fue sinónimo de castigo y sufrimiento. El paso del tiempo, que todo lo dulcifica, lo transformó en una evocación romántica de promesas y enamorados.

Un lugar particular, lleno de imágenes felices es el Hotel Sofitel, rincón en donde las cosas bellas de la vida encuentran eco en distendido goce y en grata contemplación. Desde sus ventanales VENECIA parece más VENECIA, más encantadora, más íntima.

Salones casi rococós, mesas llenas de halagos, la estancia en sus habitaciones suponen el encuentro con lo feliz y confortable. Todo un elíseo palpitando al ritmo displicente de góndolas y el sotto voce del encanto veneciano.

El Palacio Rezzonico alberga hoy al Museo del Settecento Veneziano, con su bagaje de obras de arte distribuidas en sus tres plantas. Allí es posible encontrarse con una góndola, vestimentas patricias y plebeyas, con una farmacia de la época, más pasteles y frescos de Giambattista Tiepolo, Giovanni Lys, Pietro Lonqhi y Rosalba Carriera.

VENECIA desborda en sitios recoletos destinados al goce de la cocina véneta. En el "Al graspo de Ua" o en alguno de los múltiples restaurantes en donde, además de los típicos platos italianos, es posible cerrar la velada con los dulces de Carnaval como las "fritelle, galani o castagnole" y un buen café. No se sorprenda si a la salida, acaso en la Plaza del

mercado o en la antesala de un puente anónimo, un grupo de muchachos y muchachas le regalan el encanto de la música de una región dueña de una personalidad atrapante y sencilla, como deben ser las cosas bellas de la vida.

El origen de las fiestas de carnaval debe buscarse en los saturnales romanos llenos de desenfreno popular y de simbolismos mágicos. Con la llegada del cristianismo, perdieron este significado convirtiéndose en la búsqueda de la alegría y del color.

En VENECIA el carnaval principió a celebrarse en el Siglo XI, en el    tiempo en que la Basílica de San Marcos inició su reinado sobre la piazza. Inicialmente su escenario fue la piazzeta, pero bien pronto desbordó de     ella posesionándose de toda la ciudad.

Durante el "settecento" el carnaval veneciano conoció su época de oro,      tan es así, que hoy los festejos se han convertido en una coloreada evocación de aquella época singularísima.

Es curioso advertir que su apogeo y su remebranza, coinciden con el inicio de la decadencia de la Serenissima. Pareciera que VENECIA intentara con su rima misteriosa de colores y silencios, retornar a la gloria que no se olvida.

Aún durante el día, VENECIA se viste de máscaras, mascarillas y atuendos   elegantes, de preciosas telas, de matices rimbombantes.

El carnaval veneciano tiene la escondida magia de la sonrisa velada,      oculta tras la máscara patinada, rimando con poses casi estatuarias, casi en cámara lenta; como si cada personaje estuviera a un paso de volver a un pasado fastuoso, vecino de magnificencias e intentara llevarnos consigo.

El carnaval de VENECIA es poseedor de secretos, de misterios que quizás    dejan traslucir sus luces tenuas, su niebla sutil, sus rumores acuosos     y la ausencia de sus palomas recluidas en alturas desde donde todo se comprende.

Las fiestas, los bailes desgranando en los trasnochados arabescos de salones dorados el desconcierto de rostros imposibles que esconden lo que no son, las voces delatoras, todo, hace del carnaval veneciano la fiesta    de la simulación inocente y del esplendor de la gracia, la belleza y la    hospitalidad.

De la mano del romanticismo de Cicenzo Cardarelli permanecemos asomados     al Gran Canal, mientras VENECIA se desdibuja en despedidas.

"Luces festivas y plateadas ríen,
discurriendo trémulas y lejanas
en el frío del aire moreno.
Yo las miro hechizado.

Tal vez más tarde me acordaré
de estas grandiosas noches
que llegan rápidas,
y más bellas, más vivas sus luces.


Volverán a brillar
en mi fantasía.
Y será real y serena
mi felicidad.
"

La Serenissima sonríe detrás de su máscara de ojos orientales mientras un vaho a siglos encrespa apenas, las aguas nocturnas de un viejo canal.


Carlos Horacio Bruzera
Nota Escrita Especialmente para el PRIMER PORTAL ARGENTINO DE TURISMO MUNDIAL.
Derechos Reservados. Prohibida su Reproducción Total o Parcial