Goa fue, desde 1510 y hasta 1961, una posesión portuguesa y esta realidad, hace que hoy un 30% de su población sea católica y que su arquitectura y mucho de su cultura no sea completamente india. Su Capital es Panaji, una ciudad tranquila con iglesias encaladas y cafés con estilo portugués, más moderna y dinámica que la antigua Goa, que fuera inicialmente la sede de las autoridades territoriales.
La vieja Goa es dueña de pretéritos encantos, los que se centran en sus Iglesias de San Francisco de Asís; en la Basílica de Bon Jesús, donde descansan los restos de San Francisco Javier, y la Inmaculada Concepción, concebida en el precioso arte sacro lusitano.
Pero si alguna vez ha soñado con una tierra plena de sol, dueña de largas y plateadas playas y coronada por la umbría flora tropical, en donde las culturas latina e india se amalgaman en una sociedad única: su destino es Goa.

Entre cantos marineros, redes de pescadores, fiestas a la luz de la luna, joyas y dibujos multicolores, un rosario de playas doradas y hasta solitarias lo aguardan. Desde Calangute hasta Calva Beach, adornadas de cimbreantes palmeras y de vecinas y atractivas cabañas, las playas se complotan para que usted pase jornadas de contemplación, descanso y alegría.

Mientras, el hotel de la cadena Taj le permitirá compenetrarse en los secretos del buen comer, del deporte, de la música y danza. Como un ramillete de delicados trazos, la belleza de las mujeres de Goa, etéreas y armoniosas, se encargará de terminar de conquistarlo. Perdurarán en sus oídos el tintineo de las arañas de luces de los templos católicos, y en sus ojos las imágenes sacras cristianas con rostros indios. No olvidará la serenidad de las siestas, el perfume del mar y de los jazmines y los caminos viboreantes que se pierden en una naturaleza pródiga.

Al fin, de pie sobre la misma playa y luego de complacerse con aventuras aéreas transportado por los límpidos cielos de una geografía atrapante, palpitará con los atardeceres sobre el cálido mar, saturado de luces y colores de reflejos e insinuaciones. El final de la jornada estará cerca, dispuesto a mecerlo entre vaporosos sueños intransferibles. Llegando desde el mar, o tal vez de la espesura, una vez cristalina como una cascada y serena como las flores de un estanque, recitará una vez más, el íntimo poema que no se olvida:

Recostado frente al mar centelleante

deja entreabiertos tus ojos, viajero.

Es posible que el viejo hechizo de Goa,

se cuele en tu retina para siempre.


Carlos Horacio Bruzera
Nota Escrita Especialmente para el PRIMER PORTAL ARGENTINO DE TURISMO MUNDIAL.
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