EL FUERTE - LA CASA DE GOBIERNO

 

Como la Catedral y el Cabildo, el primer edificio público de Buenos Aires, vivió permanentemente en estado de obra. Derrumbes, modificaciones, reconstrucciones, jalonaron su larga existencia presidiendo la Plaza Mayor y, sin desaparecer, fue de tal manera transformado que finalmente nada quedó de él.

Pero veamos la historia desde un principio, como de todos modos debe ser.

Cuando luego de dos semanas dedicadas a estudiar el terreno, Garay se decidió sobre el lugar más aconsejable para fundar Buenos Aires, trazó sobre un pergamino de cuero, el primer plano de la ciudad, 250 manzanas de 140 varas por lado.

Aquel 11 de junio de 1580, junto con Buenos Aires nacía, por lo menos, el lugar destinado al imprescindible Fuerte, sobre el mismo río.

 

Inicialmente no fue más que un humilde recinto, amurallado con tierra apisonada, por lo que en 1585, el Gobernador Hernando de Montalvo se dirigió al Rey pidiéndole le facilitara los medios para construir un fuerte de piedra y ladrillos con el cual defender a la ciudad de franceses e ingleses.

Dos años más tarde, el pirata inglés Thomas Cavendish intentó apoderarse de la ciudad, obligando a los pobladores a disponer la defensa. El ataque finalmente no se produjo, pero obligó a Montalvo, ya designado Alcalde de la fortaleza, a reiterar sus pedidos "porque este pueblo está en mucho riesgo". Digamos, mientras tanto, que esto de llegarse piratas al río no era novedad. Seguramente Montalvo ignoraba que ya en 1577 el pirata, también inglés, Francis Drake había llegado al Plata permaneciendo largas semanas antes de alejarse hacia el sur. También ignoraba, o quizás no, que dos años después de la fundación otros dos piratas de la rubia Albion, Edward Fenton y Ward Walker se acercaron dispuestos a dar un golpe a la novel ciudad. En esa oportunidad, como en otras, el gran aliado que era el río los hizo encallar hundiéndoles el patache "Francis" en el que venía un sobrino de Francis Drake de nombre John. Las cosas no le fueron fáciles a los piratas que hasta debieron soportar el cautiverio en manos de los charrúas en la otra banda del estuario.

 

Cumplidos dos años sin novedad con respecto a la ayuda solicitada, fue entonces Juan Ramírez de Velazco, Marqués de Salinas, quien reitera al rey la necesidad de poseer una fortaleza como era debido.

En 1594, el Gobernador Fernando de Zárate, va a ser el encargado de dotar a Buenos Aires del ansiado Fuerte. Es muy posible que esta tarea fuera finalmente impulsada por las noticias que llegaron sobre el despacho de tres naves, que hiciera la Reina Ana de Inglaterra con el fin de tomar la ciudad. Lo cierto es que se pusieron manos a la obra.

En un principio la edificación iba a ser ejecutada de acuerdo a un proyecto del Ingeniero Cristóbal de Rodas, que desde España debía llegar para dirigir los trabajos, pero el viaje nunca se concretó, por lo que Fernando de Zárate siguió adelante con su propio plan.

La construcción se inició en el terreno que Juan de Garay designara a Juan Torre de Vera y Aragón es decir, en el medio de la plaza, en el actual eje formado por las calles Reconquista y Defensa pero, como comprobaron sobre el terreno que esa ubicación estorbaba el ángulo de tiro de ios cañones, se resolvió avanzar sobre el mismo río hasta el actual emplazamiento de la Casa Rosada.

Al concluir la edificación, Fernando de Zárate bautizó con un rimbombante nombre: "Real Fortaleza de Don Juan Baltasar de Austria".

Lo cierto es que el Gobernador informaba al Rey que "teníalo acabado, sin haber costado a Su Majestad un real y era la mejor cosa que había acertado a hacer".

Es hasta cierto punto curioso que fuera Fernando de Zárate, protector y beneficiario del endémico contrabando y uno de los artífices de las "arribadas forzosas", quien asumiera la responsabilidad y el lustre de dotar de solidez operativa a la autoridad colonial. Pero así fueron las cosas.

El Fuerte levantado entonces no dejaba de ser una improvisación, provisto de tierra y estacas. Medía unos 120 metros de lado estando rodeado por un foso. El recinto era cuadrangular, con cuatro bastiones y poseía viviendas, oficinas y por lo menos dos patios, uno y otro a ambos lados del arco central por el cual se ingresaba desde la Plaza Mayor trasponiendo el foso.

Los pisos eran de tierra, aprovechándose este material quitado al hacer el foso, para construir la muralla, la que logró cierta solidez al asentarse sus cimientos sobre la tosca abundante del terreno.

El foso fue uno de los grandes problemas que desde allí y mientras fue lo que fue, tuvo el Fuerte. Se lo construyó pensando que inundándolo se convertiría en un serio obstáculo para los que intentaran invadirlo, pero no estuvo en la mente de los que lo proyectaron que seco, se convertiría en vaciadero de inmundicias de donde fluían hedores insoportables, cuando el calor se encargaba de tomar parte del juego. El foso tuvo otros destinos por ejemplo, fue el lugar de encuentro para los soldados que, semiescondidos, jugaban a los naipes y a la taba. Con el paso del tiempo también sirvió como soporte a los vendedores ambulantes que a su vera ofrecían todo tipo de marcadería, desde frutas hasta perdices y mulitas.

En 1599 arribó a Buenos Aires el Gobernador Diego Rodríguez de Valdés y de la Vanda. Lo que vió el funcionario que llegaba con tropas a fin de rechazar piratas y contrabandistas, fue directamente desolador. Muros derruídos y cañones inservibles hundidos en la tierra, techos vencidos y alimañas por diestra y siniestra.

Valdés de la Vanda escribió así, luego de reponerse de la impresión: "un corral cuadrado de tierra con terraplenes a la banda del mar con tres piezas de artillería, dos por encabalgar y sin municiones".

Como dice Elsa Casella de Calderón: "En dicho corral estaban las habitaciones del Gobernador, Casas Reales y depósitos formando un conjunto de construcciones ruinosas".

En 1604 las cosas mejoraron de la mano de Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, un progresista Gobernador nacido en Asunción en 1560.

A las construcciones iniciales se habían agregado, mientras tanto, otras sin orden aparente a la vez que todo el conjunto mostraba una precariedad confesada a voz en cuello.

Así que el emprendedor Hernandarias se encargó de refaccionar las Casas Reales edificando 1a Contaduría, Aduana y Cárcel, asegurando finalmente que,todo "será más fuerte y estará todo muy cuidado y lustroso". Además, incorporó un mirador y derribó el baluarte que se encontraba sobre la barranca y que más allá de estar destruido, no ofrecía un ángulo de tiro adecuado.

Entre ir y venir de piratas, esta vez holandeses, y de gobernadores, en 1610, la primera autoridad, don Diego Marín y Negrín, aceptó la idea

del Alcalde Juan Bracamonte para "para que se haga un terraplén donde se ponga la artillería por estar desparramada por la campaña". Pero el proyecto se amplió; se hicieron traer ladrillos de la Colonia de Sacramento para edificar nuevas garitas y maderas de las Misiones guaraníticas para recomponer las techumbres.

Un relato anónimo citado por Felipe Cárdenas (h), dice que "las casas del gobernador tan próximas al río que casi batía el agua en ellos, tiene un torreón pequeño con cuatro ligeros cañones".

 

Tras la muerte de Marín y Negrín, regresó como Gobernador Hernandarias, que mantenía su preocupación por la reparación del Fuerte. A tal efecto, en 1615, se designó como sobrestante de las obras al toscano Bacho de Filicaya, llegado en 1611 en el pataje "Nuestra Señora de los Ángeles" y que poco después, sería el encargado como alarife, de la construcción del Cabildo.

Para la ejecución de las obras del Fuerte, se le asignó a Filicaya varios negros que estaban "depositados" en las barrancas pagándoles un jornal de dos reales cada día. Junto a los negros trabajaron nueve indios con sus mujeres a los cuales se les proveyó de "una camiseta de sayal o tipoy y un cuarto de vaca y una fanega de trigo por semana".

El herrero fue Francisco Álvarez, quien recibió un pago de 144 pesos. Para 1618, el Fuerte lucía nuevas murallas, baluarte y cubrían sus techos relucientes tejas.

La edificación continuaba siendo poco sólida ya que en 1624, el Gobernador Francisco de Céspedes, volvió a preocuparse por las defensas. Para 1641, el estado del Fuerte era ya deplorable sin los baluartes, que habían sido directamente llevados en sucesivas crecientes del río. Ese año, el Gobernador Ventura Mujica, fallecido meses más tarde, informó al Rey que las "tapias de tierra muerta y derrumbada no prestan ya defensa ni seguridad a los soldados".

En 1658, el viajero francés Acarete du Biscay veía así la fortificación:

 

"Tiene un pequeño fuerte de tierra que domina el río circundado por un foso y monta diez cañones de hierro siendo el mayor calibre de a doce. Allí reside el gobernador y la guarnición se compone de sólo 150 hombres en tres compañías, mandadas por tres capitanes nombrados por éste (el gobernador) a su antojo".

 

Pero fue el Gobernador José Martínez de Salazar quien dió al Rey una acabada relación del estado del Fuerte. Calculó en el informe, que para la reconstrucción eran necesarios 54.123 pesos y, lo más importante, que era factible e imprescindible ejecutar las obras. Y se lanzó a la tarea. Con madera de las Misiones construyó una nueva empalizada. Para la ejecución de los trabajos hizo fabricar cal y montó el primer horno de ladrillos con que contó Buenos Aires. Fruto de sus empeños se edificó una galería de 150 pies de largo y 20 de ancho para ser destinada como depósito de armas y municiones. Hizo levantar tres nuevas habitaciones y construyó almacenes y una panadería para la provisión de pan y bizcochos. Además, reconstruyó el foso dándole una extensión de 416 varas por 46 de ancho utilizando en los trabajos a los soldados de la guarnición que estaban en el presidio.

Como auto premio a su empeño, Martínez de Salazar rebautizó el Fuerte llamándolo a partir de entonces "San Miguel de Buenos Aires".

Un hecho no muy conocido es el que nos ofrece Elisa Casella de Calderón, a la que seguimos en esta parte de la crónica. Martínez de Salazar hizo colocar en la puerta principal de la fortaleza, una imagen de San Miguel

obra del escultor portugués Manuel de Coyto, el mismo que posteriormente tallara la "Cruxificción" que se conserva en la Catedral de Buenos Aires.

 

Cuando llega don Andrés de Robles en 1674, se encuentra, no podía ser de otra manera, con deficiencias, por lo cual informa al Rey que ha dispuesto efectuar varias obras: foso, estacada, una casamata, murallas, es decir, casi todo de nuevo.

De más de 250 kilómetros de distancia hizo traer 300 troncos de algarrobo a los que hizo alquitranar y con ellos, fortaleció las empalizadas. Para los trabajos emprendidos se contabilizaron 4.000 estacas y casi todo el hierro disponible en los almacenes reales.

 

Parecía hasta allí que el destino del Fuerte no corría peligros pero, no era tan así. En 1678 el Gobernador José de Garro, que había ejecutado mejoras en la fortaleza según planos de Juan de Aramasa, vió con buenos ojos la construcción de otro fuerte que reemplazara al débil "San Miguel". Fue así que pensó trasladarlo hasta la Ermita de San Sebastián, hoy Plaza San Martín, un lugar estratégico, de fuertes barrancas y de fácil defensa. Pero la Junta de Guerra de Indias en 1685, opinó que lo mejor era mantener el Fuerte donde estaba por lo que las ilusiones de Garro se marchitaron sin queja alguna.

 

En 1691, el Padre Antonio Sepp, oriundo de Keltern, en el Tirol y que fundara la Reducción de San Juan Bautista escribía que el Fuerte tenía una guarnición de 900 hombres por lo que era prudente decir que no se trataba de un baluarte sin importancia militar, por lo menos, como presencia convincente.

 

En 1701, ya Garro estaba de regreso en España, propuso a fin de construir de nuevo el Fuerte, aceptar los planos del Alférez José Bermúdez de Castro. La idea fue aceptada en la metrópoli y con el cargo de Capitán de Infantería e Ingeniero Militar de la Plaza, al año siguiente Bermúdez desembarcó en Buenos Aires.

 

Para 1708 había confeccionado un plano en el que incurrió en errores, ubicando el Fuerte donde no estaba. Elaboró, pese a esto, un proyecto calculando en 776.000 pesos el costo final de las obras. Algo a todas luces imposible para el mísero erario colonial. Mientras, Bermúdez se dedicó a revestir las murallas que permanecían en pie, con piedra traída de la colonia.

 

En 1713 el ingeniero presenta un nuevo plano donde repite los errores anteriores. Da por ejemplo, un ancho de 250 metros y una profundidad de 150 a la fortaleza, algo, por demás, exagerado. Pese a todo las labores menores continuaron pero, a la llegada del nuevo Gobernador Bruno Mauricio de Zabala, Bermúdez tuvo que compartir las tareas con el Capitán Domingo Petrarca, un vizcaíno, quien se encargó de ampliar el Fuerte construyendo una muralla de piedra sobre el río da gran espesor con troneras para la colocación de los cañones. Sobre las murallas, edificó garitas cilíndricas en cada esquina destinadas a la guardia. El Fuerte tomó así la forma de un cuadrado irregular con baluarte en los ángulos. La superficie total era de 5.000 metros cuadrados y sus murallas sumaban un total de 500 metros.

 

Para 1720, las obras habían sido entregadas pero los trabajos complementarios continuaron.

 

En marzo de 1727, Domingo Petrarca anunció en una nota la conclusión de la "elevación de las Casas Reales que se ha propuesto, de la parte del sur". Era un local de 31 varas de largo por 9 de ancho, que disponía de una entrada central. Con Petrarca como ingeniero se sucedieron años de relativa paz, con arreglos y reformas en el Fuerte y amenazas desde el río, como la del Capitán francés Esteban Moreau, quien con dos navíos alarmó por un tiempo a Montevideo y Buenos Aires antes que las balas españolas lo despidieran de la vida.

 

En 1736 fallece Petrarca y lo sucede en la conducción de las obras del Fuerte, Diego Cardoso del Espino, nacido en Badajoz y llegado a Buenos Aires en 1740. Tuvo destacada, pero no siempre feliz, actuación en la ciudad. Así, realizó los planos para el Convento de Las Catalinas en 1744, interviniendo en las obras del Cabildo en 1748 y en 1770 en la creación del Paseo de la Alameda, que se le atribuye. En cuanto a su labor en el Fuerte, proyectó una nueva residencia para los gobernadores. Pero las cosas, como decía, no le fueron muy bien que digamos, ya que se consideró que los trabajos no habían sido bien realizados y soportaban varios errores.

 

Cuando se estaba construyendo un ala del edificio, alcanzando las paredes una altura de 9 varas, Cardoso falleció reemplazándolo el Maestro albañil Pedro Preciado que cargó, muchos creyeron que había sido su culpa, con las equivocaciones constructivas que a poco se detectaron. Como ser el de alzar los pilares fuera de los cimientos. En 1757, comprobado que las columnas cedían, Preciado fue separado de las tareas, confiscándosele los bienes y encarcelándolo. Grandes pleitos, apelaciones y absolución del acusado a quien en 1767 se le devolvieron sus bienes embargados. Preciado no era para nada un deconocido ya que había trabajado en 1731 en el Cabildo y posteriormente en la Ciudadela de Montevideo y en el Cabildo de Luján.

 

En 1757 asumió la dirección Antonio Masella, un Arquitecto turinés llegado a Buenos Aires en 1744 y que realizara una vasta obra como ser las tareas de perito en el reconocimiento de la planta alta del Cabildo en 1748. En 1751 había iniciado la construcción de la Iglesia de Santo Domingo y en 1755 había asumido como Arquitecto de la Catedral de Buenos Aires y en 1771 actuaría como Perito en el Templo de San Francisco. Con respecto al Fuerte, junto al español Juan Alberto Cortés, se encargó de continuar las permanentes obras.

 

Por esos años visita la ciudad, Concolorcorvo, un notable viajero y escritor indígena nacido en el Cuzco. Así nos cuenta cómo vió el Fuerte, "Todo el fuerte está rodeado de un foso bien bien profundo y se entra en él por puentes levadizos. La casa es fuerte y grande, y en su patio principal están las Cajas Reales. Por la parte del río tienen sus paredes una elevación grande, para igualar el piso con el barranco que defiende el río".

 

En 1787 ocupó el cargo de Ingeniero del Río de la Plata José García Martínez de Cáceres, nacido en Alicante en 1732. Ni bien llegado se dedicó a construir el llamado Palacio de los Virreyes, dentro del Fuerte y posteriormente, reparó el baluarte sur. En 1802 describió el Fuerte de la siguiente manera:

 

"(..) Este fuerte tiene sin contraescarpa revestida y únicamente lo está una porción que corresponde a la puerta principal que tiene puente levadizo y está cubierta por un pequeño tambor, en el frente que mira al río está la puerta del socorro, los muelles de dicho frente están en muy mal estado, especialmente a la entrada por ser de piedra tosca de malísima calidad. Todos los edificios que contiene están construidos con ladrillos y barro, excepto la Capilla Real, almacenes y Cajas Reales, que lo están de ladrillo en mezcla de cal y arena".

 

Pero la verdad era que pese a ser fortaleza, baluarte, "obra de fortificación que posee varias fachadas o frentes por los que repeler la acción del enemigo, la Real Fortaleza de Don Juan Baltasar de Austria o de San Miguel, cumplió otras varias funciones, menos la que -en definitiva- se esperaba de él. Fundamentalmente fue la sede del poder. El lugar donde moraba la familia de la máxima autoridad. Inicialmente los Virreyes, luego los Gobernadores Provinciales y por último los Presidentes.

 

Para no ocuparse mucho de invasores, el Fuerte tenía sus razones, con un río tan complejo, con imagen de mar interminable y con hondura tan mentirosa, los enemigos eran derrotados antes que él pudiera tirar un tiro. Tan era así, que su primer protagonismo bélico no le llegó por el río, sino por la Plaza Mayor. Enemigos avisados éstos, que no quisieron ser derrotados por aguas, ya desde entonces, color león.

 

En 1806 lo burlaron, lo habían construido mirando el río interminable, con sus troneras bebiéndose los vientos del este... y lo conquistaron a traición, del lado en que estaba el pueblo que defendía.

 

Durante 46 jornadas, en ese año heroico de 1806, tuvo que conformarse con soportar flameando una bandera extraña y, por lo que sabemos, no se acostumbró.

Algunos de los británicos invasores dejaron noticias de su paso por Buenos Aires en son de conquista. Por ejemplo el Capitán Alexander Gillespie asiduo parroquiano de la "Fonda del Rey" en donde muchas veces se pasó con la bebida y con los pleitos. El inglés publicó en 1818 unas interesantes "Observaciones Coleccionadas en Buenos Aires y el Interior de la República". Uno está tentado de transcribir varios pasajes de su obra por lo atractivo de 1os comentarios y por el entusiasmo con que habla de nuestro país. Pero nos limitaremos a copiar lo referente a nuestro protagonista del que se acuerda sin la más mínima admiración:

 

"Casi enfrente (del Cabildo) está el Fuerte, que en nuestro tiempo era una defensa miserable para ciudad tan importante. Los cañones estaban picados, sus cureñas podridas, las murallas bajas y parcialmente demolidas hacia la plaza, y el foso lleno de escombros, además de un puente levadizo; adentro, el castillo donde residía el gobernador y una capilla para él y sus acompañantes. Este sitio ofensivo no estaba calculado para defender a Buenos Aires, ni para repeler invasión o ultraje marítimo, pues el agua dentro del alcance de sus cañones es demasiado escasa para que los barcos se aproximen".

Casi 5O años las cosas no parecían tan así, por lo menos en el tema de los cañones. Ese año de 1759 podían haber estado mal encaminados los trabajos de Preciado, pero las armas pasaban por un buen momento como nos lo recuerda el historiador José Torre Revello: "La artillería de la fortaleza de Don Baltasar de Austria, entretanto, atronaba el espacio saludando al nuevo monarca Carlos III".

 

Pero, claro, las cosas no son inmutables y menos tratándose de nuestro Fuerte.

 

Instalado William Carr Beresford en las Casas Reales y pese a opiniones en contra, se dio cuenta que podía pasarla muy bien entre los muros, dirigiendo proclamas, Reglamentos y Decretos y... comiendo.

Raymond Aignesse un cocinero francés que, llegado en 1790 fuera al poco tiempo dueño del "Café de la Comedia" nombre que tomó del cercano "Gran Coliseo Estable de Comedias" en las actuales Rivadavia y Reconquista, fue el encargado de servir al Jefe Invasor. Según nos cuenta Víctor Ego Ducrot, Monsieu Ramón, castellanizando su nombre, llevaba todos los días personalmente la vianda hasta los mismos aposentos de Beresford. Allí éste, con su platería, copas de Murano y platos de porcelana, daba cuenta de la monótona comida: pucheros, verdura fresca, caldo de gallina y de vaca, frutas y dulces. Pero el soberbio gobernante, como decíamos, sólo pudo gozar de la cocina de Aignesse un mes y medio.

Rafael Obligado nos relata que: "a la mañana siguiente los ingleses presentaban a Liniers en el salón principal del Fuerte, las lujosas banderas del Regimiento 71 que en Europa, Asia, Africa y América del Norte flamearon vencedoras".

 

La segunda intervención, digamos internacional, del Fuerte sucedió un año más tarde, cuando a los ingleses se les puso en la cabeza que la segunda era la vencida y resultó así, pero en su contra.

El Teniente Coronel Lancelot Holland en un diario titulado "Expedición al Río de la Plata" además de tratar muy mal a los habitantes y militares españoles, nos habla fugazmente de las dependencias del Fuerte. Anota que con la mayoría de los oficiales fue conducido a uno de dos grandes salones donde permanecieron prisioneros. En ellos se hospedaban entre 60 y 70, lo que habla de la extensión que poseían las estancias. Cuenta que los pisos eran de ladrillo. "Nos trajeron algunas galletas y un pedazo de carne ahumada, bastante repugnante". Relata haber conocido la habitación de Liniers la que parece haber sido amplia también. Comenta que estando en ella afeitándose, la artillería de los buques, ignorantes los tripulantes de la rendición, dispararon sobre la ciudad, dando un cañonazo de 24 libras en el edificio donde se encontraba. Dato que nos contradice al afirmar que el Fuerte tuvo por lo menos un ataque fluvial.

 

"Grande fue mi alegría por salir de Buenos Aires", exclama Holland el 10 de julio. Sólo regresará con sus recuerdos retenidos en un libro.

 

Hasta 1808, el agua que utilizaba el Fuerte era traída del Río Negro, en la costa del Río Uruguay, actual República 0riental del Uruguay. Como es de imaginar esto, además de costoso era complicado. Visto lo cual el Virrey Liniers hizo construir en el patio principal un aljibe con dos depósitos de 18 varas de largo por 8 de ancho y 5 de alto cada uno, con una capacidad de 1.280 varas cúbicas, con lo que fue cubierta la demanda de 1os habitantes de la fortificación. Dicen que, en caso de emergencia, del aljibe se convidaba a los vecinos que la necesitaban.

En 1810, el Fuerte de Don Juan Baltasar de Austria tomó otro protagonismo, dejando de ser la residencia de los virreyes para pasar a serlo de las autoridades patrias.

Allí vivió Cornelio Saavedra, por ser el Presidente de la Primera Junta, con su esposa Juana Saturnina Otárola. El primer hijo de un gobernante nacido en él, fue uno de los vástagos de don Cornelio y doña Juana, Mariano, curiosamente el nombre del gran rival de su padre, Mariano Moreno, el 15 de agosto de 1810.

Además de la serie de eventos que la tuvo como escenario entre 1810 y 1824 la existencia del Fuerte no tuvo momentos relevantes. En ese último año, un Decreto del entonces Gobernador Martín Rodríguez, estableció la obligatoriedad de que "el Gobernador de la provincia deberá en lo sucesivo, habitar permanentemente en la Casa de Gobierno". Esto continuó hasta el año 1826 cuando el Gobernador debió ceder la prerrogativa y obligación al flamante y Primer Presidente Argentino, inspirador además de la disposición, Bernardino Rivadavia. Este la ocupó entonces durante su corto mandato.

Por estos años así lo veía al Fuerte, José Antonio Wilde:

"Este edificio siniestro y sombrío, sobre cuyos muros se destacaban varias bocas de cañón, tenía por entrada un enorme portón de hierro con un puente levadizo a través de un ancho foso que circundaba todo el edificio".

Esta visión de Wilde corresponde a los años anteriores a Rivadavia ya que en 1826, el Presidente ordenó algunas modificaciones, entre las que figuró el cegado del foso suprimiendo entonces el puente levadizo e instalando el portón de hierro que menciona el autor de "Buenos Aires desde Setenta Años Atrás".

Otro de los cambios tuvo que ver con su cara, la que se adornó estéticamente con un arco de medio punto en estilo neoclásico.

Caído Rivadavia y su moda palaciega en el Fuerte, éste continuó siendo el hogar de los Gobernadores entre 1827 y 1835.

Este último año, estando en el poder Juan Manuel de Rosas, decide abandonarlo como sede del poder y como residencis, fijando el asiento gubernamental, primero en su casa de calle Moreno y luego en la quinta de San Benito de Palermo. El Fuerte pasó a desempeñarse perdida su categoría, como cuartel y presidio.

Abandonado a su suerte, el Fuerte entró en una etapa de reconocible deterioro que duró hasta la caída de Rosas.

Producida la Batalla de Caseros, a sólo 14 días de ella, el 17 de febrero de 1852, el Gobernador Vicente López y Planes se acuerda del Fuerte y dicta un Decreto disponiendo la refacción del conjunto de edificios.

 

"VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA!

Ministerio de Gobierno

Buenos Aires, Febrero 17 de 1852.

"Entraba en el bárbaro sistema de la dictadura derrocada y que se esforzaba en perpetuarse, el borrar todas las tradiciones de gloria y libertad que hicieron en otro tiempo el mérito y orgullo del pueblo de Buenos Aires. Esto explica el sistemático abandono en que dejó a la Casa de Gobierno, a pesar de que la ley de la Provincia, de 1824, ordenó terminantemente que el Gobierno residiese en ella. Deplorable y doloroso es su actual estado, y aunque su recomposición sea costosa, el Gobierno sería criminal si dejara perecer un edificio monumental, al que están vinculados tantos recuerdos de sucesos insignes, anteriores y posteriores a la revolución.

Por esto, y por la necesidad de que durante la larga obra que esta casa necesita, el asiento del Gobierno se fije en alguna parte adecuada, ha acordado y decreta:

Art. 1º. Por el Ministerio de Gobierno se dictarán las medidas concernientes a la refacción de la Casa de Gobierno para restituirla a su antiguo estado y pie de servicio, y mientras esto se verifica, la residencia del Gobierno se trasladará mañana a la casa que perteneció a D. Juan Manuel Rosas, calle San Francisco, e igualmente las oficinas más indispensables.

Art. 2°. Comuníquese a quienes corresponda, publíquese y dése al Registro Oficial".

LÓPEZ

Valentín Alsina

Producida la separación de la Provincia de Buenos Aires de la llamada desde entonces Confederación Argentina, el Gobernador Pastor Obligado firmó un Decreto disponiendo la construcción en el ala sur del Fuerte, de un edificio que se destinaría a servir como Aduana.

"Buenos Aires. Enero 26 de 1855

Considerando el Gobierno los perjuicios que ocasiona a los intereses del Estado y los entorpecimientos que opone al tráfico la dispersión y falta de seguridad de los almacenes fiscales, y que estos inconvenientes desaparecerán realizando la idea que ha tiempo abriga el Gobierno de levantar una Aduana adecuada a su objeto y digna del estado a que ha llegado nuestro pais ha acordado y decreta:

Art. 1º. Se procederá inmediatamente a construir un edificio de Aduana, bajo los planos aprobados por las Cámaras Legislativas, del Ingeniero Taylor, en el lugar que hoy ocupa la antigua fortaleza.

Art. 2º. Nómbrase una Comisión Administrativa de la obra, compuesta de los

Sres. D. Nicolás Anchorena (Presidente), D. Eduardo Taylor, D. Juan N. Fernández, D. Mariano Casares y D. Lorenzo Uriarte.

Art. 3º. Nómbrase Ingeniero director de la obra, al Ingeniero Arquitecto D. Eduardo Taylor, con el sueldo de cuatro mil pesos mensuales; y para su auxiliar, ó D. Mariano Moreno, con dos mil pesos mensuales; cargándose estas asignaciones á la suma votada para la construcción de la Aduana; bien entendido, que estos sueldos solamente correrán durante los trabajos y se suspenderán si éstos por cualquier evento se interrumpen.

 

Art. 4º. La Comisión, poniéndcse de acuerdo con el Ministerio de Hacienda tendrá la facultad para tratar y contratar todo lo que fuere necesario para la ejecución de la obra, para pedir al ministerio los fondos a medida que se necesiten y para nombrar sus dependientes a sueldo."

OBLIGADO

Juan Bautista Peña

Para 1857 las obras estaban casi concluidas y ya se había instalado la mayor parte de la Aduana.

Mientras, en el ala norte también se efectuaron refacciones para dar lugar a las oficinas administrativas aduaneras. Con estos cambios sólo quedaron en pie el pórtico y parte del costado norte, cuyas murallas cayeron del mismo modo bajo la picota.

Pero debemos aclarar que la Aduana, después llamada Nueva o de Taylor, se edificó, no en el predio del antiguo Fuerte por más que algunas de sus dependencias fueran utilizadas por la institución aduanera, sino sobre la costa, al este de la fortificación, exactamente donde hoy se halla la Plaza Colón.

La Aduana abandonaba así la antigua Casa del Asiento, propiedad de la familia Azcuénaga, en Belgrano y Balcarce.

La antigua Casa de Gobierno quedó así desfigurada, ya que su centro fue barrido convirtiéndose en un callejón que dejaba a ambos lados las dos alas del Fuerte salvadas milagrosamente. Trasponiendo el callejón desde la calle Balcarce, se llegaba a la entrada del flamante edificio de la Aduana.

Reunificado el país luego de la Batalla de Pavón, el General Bartolomé Mitre lo gobernó desde un conjunto de oficinas ubicadas en el ala sur. Precariamente refaccionado, se dice que el roce de una viga contra el caño de una chimenea fue el causante del incendio del 14 de junio de 1867 que destruyó las dependencias destinadas al Ministerio del Interior. Una verdadera multitud acudió a la Plaza 25 de Mayo para ver con sus propios ojos las amenazantes columnas de humo que partían del desmantelado Fuerte. El siniestro volvió a repetirse un mes y medio más tarde, en la madrugada del 27 de julio. Nada quedó ahora en pie.

Ante el desastre, el Ejecutivo contrató con fecha 29 de agosto de 1867, a José Canale y a "Bustorf y Sarkmann", para los trabajos de albañilería el primero y carpintería, los segundos.

La restauración estaba en marcha y ya veían los porteños que del viejo Fuerte nada quedaría para ser reconocido. Así, casi trescientos años de historia cambiaron de fisonomía. Entre los cambios más evidentes, se construyó un jardín protegido por una verja al frente de las dos alas.

 

Llegado a la presidencia Domingo Faustino Sarmiento, éste dispone por Decreto del 29 de enero de 1873 la construcción de un edificio para sede del Correo en el ala sur, es decir, en la esquina de las actuales calles

Yrigoyen y Balcarce, así quedaron bien definidos los edificios extremos.

 

El 9 de octubre de ese año, se dictó la licitación de proyectos y en febrero de 1876 aprobados los planos de los Arquitectos Gustavo Enrique Aberg -de origen sueco que ya habia realizado el edificio de la Capitanía General del Puerto- y Carlos A. Kihlberg. Para la ejecución de los trabajos en su faz 2 le fueron concedidos éstos a la firma "Ferrari y Cía" en lo tocante a la albañilería, y a la firma "Bustorf y Cía.", desaparecido del rubro el señor Sarkanann, lo relacionado con la carpintería.

La mejor descripción sobre este edificio es la que nos proporciona José Antonio Wilde, de tal manera que nada mejor que transcribir sus conceptos:

 

"El edificio contiene 3.500 metros cúbicos de albañilería; 350 metros cuadrados de azotea y 120 metros cuadrados de bóvedas. La superficie, cubierta con pizarra, es de 1.500 metros cuadrados, con zinguería artísticamente trabajada, todo ejecutado en el país. Las piezas tienen, por lo menos, cinco metros de luz.

 

"Los pisos son: 950 metros cuadrados de baldosa de mosaico, 750 de piedra inglesa y 15.000 de pino de tea.

 

"El terreno que ocupa el edificio, mide 50 metros de frente por 35 de fondo, lo que da 170 metros longitudinales de frente.

 

"La altura media hasta la cornisa, es de 15 metros y 19 hasta la cumbre del techo. La altura hasta la cúpula es de 28 metros.

 

"Los muros, han sido construidos con buenos ladrillos de cal (del país) en mezcla de arena del Río de la Plata, de la República Oriental, y cal viva de Córdoba; los revoques con cal viva de Córdoba, arena de la República Oriental y cemento de Portland; los pisos bajos son de baldosa de mosaico de mármol, de fábrica nacional; los entrepisos, con tirantes de madera dura y bovedilla de acanto, tirantillos y tablas de pino de tea; los patios y veredas cubiertos con piedra inglesa.

 

"Las puertas y ventanas exteriores y las persianas son de cedro, las demás de pino, las primeras barnizadas y las otras pintadas.

 

"Toda la casa, pintada interior y exteriormente al aceite, exceptuando las piezas bajas del costado Oeste, las bohardillas y los sótanos que lo han sido al temple.

 

"El gran vestíbulo de entrada, salón de pasos perdidos, galerías altas y bajas, sala de la direccíón y despacho del director, oficina pública del telégrafo, oficina de abonados y la casa particular para el director, pintados los cielos rasos y los muros con esmero y buen gusto, lo que ha inducido a creer que el edificio ha sido construido con lujo, pero si se inspecciona detenidamente el edificio y se tiene en cuenta su costo, se verá que lo único que se ha hecho es emplear bien el dinero.

 

"Las oficinas para el servicio público, se encuentran en el piso bajo, y en la parte alta las que corresponden a la administración, siendo su distribución la siquiente:

"Entrando, a la izquierda, se encuentra el salón de abonados, con casillero para 2.012, y en seguida, la oficina de distribución hasta la entrada para coches, que queda en el extremo Nordeste del edificio.

"A la derecha de la entrada, queda la oficina del Telégrafo Nacional, y en seguida, en el frente de la calle Victoria, las oficinas de expedición para el exterior e interior de la República. La parte baja queda al Este, o sea al fondo, está ocupada por la oficina de certificados, carteros, talleres, depósitos, letrinas y urinales.

"El sótano, que se extiende desde la esquina Victoria y Balcarce, siguiendo todo el frente de la calle Victoria, hasta la mitad del que queda al Este, está dividido en: un salón para los mensajeros, una caballeriza para los caballos de servicio de éstos, y un depósito para útiles del telégrafo.

"A los costados del gran salón de pasos perdidos están las oficinas de listas, franqueo, cartas, etc.

"Las oficinas de la Administración, ocupan la parte alta del edificio exceptuando el ala de la izquierda, que está destinada para habitación del director, y tiene entrada particular, en el frente que da a la Casa de Gobierno.

"El costo del edificio, sin incluir el valor del terreno, es de 160.000 pesos fuertes".

Decía Wilde que el edificio no era en verdad algo del otro mundo y que sólo se había sabido emplear el dinero disponible. Sin embargo, no todos opinaban de ese modo, el Diario "La Nacíón" del 2 de mayo de 1877 decía que la obra "le cuesta un ojo al Tesoro, tuerto desde hace tiempo".Todo no pasó de palabras por lo que, finalízadas en 1879, fueron inauguradas por el Presidente Nicolás Avellaneda.

El otro gran cambio, la gran transformación del viejo Fuerte, que a partir de entonces directamente desapareció, acontece en 1882 bajo la presidencia de Julio Argentino Roca. Éste dispuso lisa y llanamente, la demolición del ala norte con lo que desaparecía la Casa de los Virreyes y la Casa Rosada que Sarmiento había ordenado construir a semejanza de la Casa de Correo y Telégrafos.

 

Debemos hacer aquí un breve alto en la historia. La Casa del Correo y Telégrafos tan bien desmenuzada por José Antonio Wilde, era toda una belleza. El Arquitecto Carlos Kihlberg proyectó las tres plantas, una bonita escalera y una cúpula de 23 metros. Mientras que el Arquitecto Aberg, que dirigió las obras, tuvo tiempo para realizar varias pinturas murales de su autoría.

 

El edificio se consideró tan espléndido que el Correo fue desalojado y mudado al caserón de Rosas en Moreno al 600 y la Presidencia no tuvo el menor rubor en ocupar el Palacio en 1884.

Vale también antes de continuar, decir dos palabras sobre la Casa Rosada sarmientina de algunos años antes, 1868.En verdad, el color rosado para pintar las viviendas no era una novedad en nuestro país, se utilizaba muchos años antes de la llegada de Sarmiento. Es posible que a alguien se le ocurriera darle un aspecto diferente a las casas generalmente encaladas. Seguramente Sarmiento nota esto en el interior donde era bastante común el rosado. Se fabricaba mezclando a la cal viva y a la grasa, simplemente sangre animal. Una manera de darle un fin a tanta materia prima sin uso determinado.

Según testimonios, durante algunas refacciones del Fuerte en tiempos de Pastor Obligado, Prilidiano Pueyrredón llegó, por lo menos, a pintar las murallas con ese color partiendo de la técnica de utilizar la sangre animal.

Quiere la tradición que llegado a la Primera Magistratura Domingo F. Sarmiento, éste eligió el tono como un símbolo de la fraternidad entre los argentinos. Ni colorado, ni azul, rosado, habría dicho el sanjuanino.Ya es hora, entonces, de volver a Roca al que dejamos esperando en la continuación de la crónica.

La idea de Roca de demoler el ala norte, comenzó a cristalizar cuando en Acuerdo de Ministros, el 19 de enero de 1882, se aprobó un proyecto de ensanche y reparación presentado por el Arquiteeto Enrique Aberg, a la sazón funcionario del Departamento de Ingenieros Civiles.

 

Se autoriza la inversión de 70.000 pesos, adjudicándose las obras a Luis Valcavi en lo referente a la albañilería, a Pablo Binder la faz escultórica, a F. Stábile la yesería, la pintura correspondió a Luis Luzzi y J. Bozzolini y finalmente la carpintería a Carlos Sackmann, separado de su socio Bustorf.

Para una mejor comprensión de los trabajos encarados, transcribiremos las "Condiciones Generales" para las obras de albañilería.

 

"1º. El edificio se construirá en frente de la Casa Rosada (esto puede llamar la atención por su poca claridad histórica. Sucede que la edificación nueva se "enfrentaría" con restos del ala norte aún en pie), en frente da la Plaza 25 de Mayo, en la misma línea de la Casa de Correos".

Antes de continuar recordemos también que aún no habían terminado los trabajos de construcción de la Casa de Correos y, por lo tanto, la Administración Postal no había sido desalojada todavía.

Será construida en estricta conformidad con los planos, con estas especificaciones y demás instrucciones que se reciban del Arquitecto, durante el curso de las obras.

 

"Las líneas horizontales del Edificio, formadas por el entrepiso, por el zócalo y por la cornisa y cumbreras de los techos, quedarán en el mismo nivel con las que pertenecen a la Casa de Correos (esto explica la posterior uniformidad, hasta un grado aceptable del frente de la actual Casa Rosada).

 

". Los materiales serán de los mejores, cada uno en su clase y los que no se hallasen en las condiciones prescriptas por estas especificaciones, serán rechazados y llevados fuera del terreno de la obra, dentro de las 24 horas en que se haya dado aviso. (poca confianza, digamos)

 

"4º. El Arquitecto podrá mandar a deshacer cualquier trabajo que en su opinión no fuese ejecutado con la solidez y esmero requerido. Podrá despedir cualquier empleado u obrero que se emplee en la obra, pero que no demuestre suficiente capacidad para hacer los trabajos que le hayan encomendado.

"Si no se prosiguieran las obras con actividad el contratista deberá aumentar los obreros, hasta el número que el Arquitecto considere necesario.

 

"3º. Todos los gastos de transporte, de útiles, andamios etc., que se necesiten para la ejecución de las obras, serán por cuenta del empresario.

"Los materiales serán también por cuenta de él, con excepción de los tirantes y columnas de hierro, las columnas de mármol y los adornos de tierra romana."

Continúan artículos que contemplan la forma de pago sin interés directo con la historia del edificio, por lo que pasamos al artículo diez.

 

"10º. Los muros deberán ser concluidos hasta la altura de la cornisa principal en tres meses, a contar desde el día que se firme el contrato. El revoque interior estará concluído en otro mes más y los revoques exteriores en dos meses más.

"De manera que los revoques interiores y exteriores deberán estar concluídos en seis meses.

"Las bovedillas de los entrepisos deberán hacerse en el término de quince días , desde que se hayan recibido los tirantes de fierro.

"Los pisos bajos deben hacerse y concluirse en quince días, después de haberse hecho las bovedillas de los entrepisos.

"Los demás trabajos se acelerarán lo posible, para que todo pueda concluir en el menor tiempo posible".

El punto que continúa creo es de interés, versa sobre los materiales y las construcciones. Inserto en las "Condiciones Generales" aparecen las indicaciones de nuestro interés.

"1º. Los ladrillos, serán de los usuales en el país.

"Serán todos de una misma medida, bien cocidos y de buen sonido.

"Se rechazarán los que estén pegados entre sí ó demasiado torcidos." La pregunta que uno se hace en este tema es como poder precisar el que estaba poco o muy torcido o que no "sonara bien".

"2º. Para las mezclas se emplearán cal viva del Paraná, arena de Montevideo y polvo de ladrillo, en las siguientes proporciones:

 

"a. Para los muros, dos de cal por cinco de arena y dos de polvo.

"b. Para los revoques, dos de cal por cuatro de arena y uno de polvo.

"c. Para los albañales, las azoteas, cornisas, bóvedas y la colocación de las baldosas de los pisos; dos de cal por cuatro de arena y uno de cemento Portland.º

"No se debe hacer más mezcla a la vez que la que se puede consumir en un día. La cal se apagará en el mismo terreno y debe quedar en la pileta algunos días, antes de emplearse.

"3°. Los cimientos llegarán hasta la profundidad que determine el Arquitecto.

"En general tendrán 1m 50 abajo del nivel del terreno. Tendrán medio ladrillo más de espesor que sus respectivos muros.

"Antes de empezar la construcción de los cimientos debe apisonarse bien un lecho de cascotes sobre el fondo de la zanja.

"Encima de los cimientos se colocará una capa de asfalto de 0,25 de espesor.

"No se puede empezar la construcción de los cimientos, antes de haber inspeccionado el Arquitecto las excavaciones.

"4º. A los muros se dará el espesor que se halla marcado en el plano, o lo que indique el Arquitecto.

"Todos los muros deben construirse simultáneamente y los marcos y tirantes puestos en nivel perfecto. Deben construirse con esmero observándose una buena trabadura y tomar cuidado de que las paredes queden bien limpias, durante el trabajo.

"Los caños de chimenea y de ventilaciones serán hechos esmeradamente, con las paredes interiores alisadas con mezcla.

"Los caños de desagüe serán de barro cocido vidriados por el lado interior, de los que son conocidos por caños ingleses. Tendrán 0,10 de diámetro interior y serán embutidos en los muros y fijados con cemento Portland.

"En las mochetas interiores de las puertas y ventanas que serán revestidas de madera, se embutirán tres tacos de madera dura en cada mocheta, del tamaño que el Arquitecto indicará.

"Las cornisas y molduras serán construidas con mampostería, de modo que el revoque en ninguna parte exceda de 0,02 de espesor.

"Las cornisas serán construidas sobre fierros, del modo como el Arquitecto indicará.

"Las cornisas y molduras de las fachadas, serán hechas iguales a las que se hallan en el frente de la Casa de Correos.

"Las bóvedas y bovedillas serán construidas con el mayor esmero, sobre cimbras de madera. Los arcos tendrán por lo general un ladrillo y medio de espesor.

"6º. Los pisos en el piso bajo y en el vestíbulo del piso alto, serán de baldosa de mosaico de mármol de la misma clase del que se ha usado en la Casa de Correos.

"La entrada para el Coche y las veredas serán construidas con piedra inglesa. Lo mismo las gradas que quedarán afuera de la entrada. Estas piedras deben tener 0,07 de espesor y ser bien canteadas.

"Los cordones de las veredas tendrán 0,15 de espesor. Los cordones pueden ser de piedra del Azul.

"Deben entrar por lo menos 0,75 en la tierra y ser bien canteadas a ambos lados, de modo que la vereda tenga una arista limpia y recta, y la junta entre el cordón y las piedras de la vereda quede lo más limpia posible y lo más fina en toda su extensión.

"Los contrapisos serán construidos con una buena capa de cascotes y una hilada de ladrillos con la mezcla. Antes de hacer el contrapiso debe apisonarse bien el suelo, con escombros.

"Los tirantes de los entrepisos y las azoteas se colocarán con una distancia de 0,65 de distancia de centro a centro.

"Donde van pisos de tablas, se harán bovedillas de acanto de una hilada entre los tirantes, pero en las azoteas y demás pisos las bovedillas serán de las hiladas.

"Se llenará la parte superior de las bóvedas y bovedillas con cascote y mezcla hasta que lleguen al nivel requerido.

"Se construirá un aljibe de 25 metros cúbicos de capacidad para servir de depósito para las letrinas. Los muros serán de un ladrillo de espesor y el piso será de dos hiladas de ladrillos y una de baldosa. Será revocado interiormente y en la parte superior de la cúpula tendrá una tapa de hierro fijada con tornillos y de dimensiones para introducir en los tubos de los carros atmosféricos. La mezcla que se empleará será del tipo c."

Tenemos aquí la curiosidad de un aljibe, pozo en árabe, que no fue destinado a la tarea que generalmente se le asigna, la de contener agua potable. Es decir que éste, tuvo otro destino muy distinto al que en 1807 hiciera construir el Virrey Liniers. ¿Bastaría con la tapa de hierro y

los tornillos para aventar los olores?.

"Los albañales tendrán 0,20 por 0,20 de luz, interiormente. Tendrán los muros medio ladrillo de espesor, y el piso y revoque igual al del sumidero.

 

"7º. Los revoques serán ejecutados con el mayor esmero y no se admitirán para esta clase de trabajos, sino obreros de primera clase.

"Se previene especialmente que todo trabajo de revoque que no quede hecho lo más perfecto posible será rechazado.

"Los adornos serán colocados con tierra romana.

"En las barandas de balcones y parapetos, donde haya balustradas u otro adorno, el Empresario de Albañilería proveerá y colocará los fierros que sean necesarios a precio del Arquitecto.

"8°. Se encerrará el terreno de la obra con un tabique de tablas de dos metros de altura, antes de empezar la excavación de los cimientos."

 

Era el final del más que centenario Fuerte de Don Juan Baltasar de Austria, llamado alguna vez San Miguel de Buenos Aires.

 

En 1884 daría comienzo a la última etapa de una transformación imposible de detener. Este momento de la arquitecturwa de la ciudad señala el paso de la hasta entonces Gran Aldea, a la categoría de Gran Urbe Europea.

 

Es el tiempo del Intendente Torcuato de Alvear, de la demolición de la Recova, de los proyectos de Juan R. Buschiazzo para la Plaza de Mayo y de su maestro Nicolás Canale con su Inmaculada Concepción de Belgrano.

El Presidente Roca comprendía, por entonces, que en los grandes cambios no podía permanecer ausente el propio Estado.

En su primer Mensaje al Congreso Nacional, decía:

"Designada esta ciudad para capital permanente, tenemos que pensar en dotarla de todas aquellas mejoras indispensables para el ornato, comodidad y salubridad de un gran pueblo. Hacen falta para el Honorable Congreso, el Poder Ejecutivo y la Suprema Corte de Justicia, edificios dignos de la Nación y de los representantes de su soberanía, y para casi todas

las oficinas de la administración, residencias cómodas y aparentes a las funciones que en ellas se desempeñan. Por el Ministerio del ramo se os presentarán los planos y presupuestos de una casa para el Congreso, de otra para el Poder Ejecutivo y de otros edificios de que no se puede prescindir por más tiempo".

El país contaba además, con eficaces arquitectos como el sueco Henrik Aberg, joven aún, había nacido en 1841 y, revalidado su título en la Universidad de Buenos Aires, se había constituido en el cuarto profesional diplomado en Argentina. Aberg había sido designado en 1874 en el cargo de Arquitecto Nacional y desarrollado una interesante actividad, como la Dirección de la Construcción del Hotel de Inmigrantes (1873), la Capitanía General del Puerto (1874/76), la Estación de Ferrocarril de Tucumán (1877), el Proyecto del Museo de la Plata (1884), el Proyecto y Construcción de la Capilla del Mausoleo del General San Martín, etc.

También se encontraban Carlos Kihlberg, sueco como Aberg, Nicolás Canale, Juan A. Buschiazzo, Carlo Hey Nemann, Saturnino Zavalía, Ernesto Bunge, el inglés Henry Hunt, el alemán Fernando Moog, etc.

Pero, pese a esta incompleta lista, el Presidente Roca pidió al Embajador argentino en Roma, Antonio del Viso, la contratación de un arquitecto para conducir las obras de los edificios públicos tal como había anticipado en el Congreso de la Nación. El elegido fue el Ingeniero y Arquitecto Francisco Tamburini. Éste habia nacido en Ascoli Piceno en 1846 que se desempeñaba por entonces como docente en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Roma.

Firmado el contrato entre el Gobierno Argentino y Tamburini el 19 de julio de 1883, éste arribó a nuestro país a principios de 1884.

 

La llegada produjo el alejamiento de Aberg, por lo que el italiano fue asignado el 29 de febrero de 1884, Inspector de Obras Arquitectónicas del Departamento de Ingenieros, con un sueldo de 400 pesos oro.

 

La idea oficial con respecto a la Casa de Gobierno, mientras tanto, era la de hacer desaparecer, valga la figura, el vacío que mediaba entre las dos edificaciones que albergaban a la Sede del Ejecutivo y el Correo. Así que Tamburini estudió el problema desde su arribo hasta agosto de ese año de 1884 y el día 13, en un expediente catalogado como "4.345 Letra I" elevó al Director del Departamento de Ingenieros Civiles de la Nación, Ingeniero Guillermo White, descendiente del famoso personaje de los albores de la nacionalidad Guillermo Pío Write, su proyecto.

El escrito es lo bastante extenso como para que intentemos transcribirlo en su totalidad, pero es de interés copiar algunas de sus partes:

 

"(...) Soy de la opinión que la disposición de un edificio público responda a algunas normas especiales, imprescindibles en todo lo que responde al buen servicio de las oficinas que en el se agrupan y es por esto que, las entradas, las galerías y comunicaciones, deben ser grandiosas, fáciles, expeditas y tales que el servicio se haga fácil y agradablemente.

 

"(...) En este edificio, como en los grandes salones de las oficinas, se ha dado capital importancia á las escaleras, a los patios y a todas aquellas partes que son de más tránsito püblico.(...)Frente a la calle Rivadavia, por su extensión, por la posición ventajosa en la cual se encuentra respecto a la estabilidad del edificio, que tiene vista al río, al ferrocarril, etc., se ha dado un aspecto grandioso a esta fachada por cuanto lo permitía la altura demasiado limitada de los dos edificios existentes, Correos y Casa de Gobierno, los cuales deberán hacerse en coordinación.

"Un ante-cuerpo con pórticos permite en la plataforma explanada el pasaje de los coches, tal que, en circunstancias de fiestas, los representantes puedan descender en cubierto y también dos grandes entradas laterales dan comodidad para reservar la parte central únicamente en circunstancias análogas.

"Un simple vestíbulo, da comunicación a la galería del patio, al Ministerio de Guerra y Marina y Contaduría, mientras que dos escaleras de honor conducen a la residencia presidencial.(...) Arco de unión. La destrucción de la Recova, haciendo muy vasta la plaza, hace aparecer muy deprimidos los dos edificios de reunión, como también de una altura muy limitada. Juzgo conveniente elevarlos en lo posible pues que el mezquino espacio entre ellos no permite en modo alguno, dar al arco central un aspecto

de grandiosidad, como puede verse en un primer proyecto contemporáneamente presentado.

(...) En los edificios laterales se encuentra de todo un poco, las ventanas germanas del plano del terreno no armonizan con las columnas del renacimiento o con las ventanas venecianas o florentinas del primer piso, las cuales a su vez forman un extraño contraste con los pesados techos germanos que cubren el edificio. Por estas razones he tratado de armonizar, sin ligarme a la irracionalidad de las partes.

"Este arco permite el ingreso de los carruajes, los cuales atravesando la gran escalera de honor pueden dar vuelta por el octágono central o el gran patio. En el fondo de este arco encuéntrase una gran sala cubierta,

destinada a la Contaduría y otra a la Tesorería."

Demás está decir que lo referente al ingreso de vehículos no se efectuó.

 

"Frente al río. Para dar un aspecto más grandioso a este frente, se ha utilizado el desnivel entre la Plaza Victoria y el plano donde se halla la vía férrea (se trata del ferrocarril a Ensenada que tenía sobre el Paseo de Julio su estación central), estableciendo en este aspecto un plano destinado a cuarteles, almacenes, etc. Y para que su gran longitud no formase un aspecto demasiado monótono, será interrumpido el edificio, mediante varios cuerpos y terrazas".

 

El proyecto fue aprobado por Roca el 23 de agosto y abierta la licitación el 19 de noviembre, se trabajaba con rapidez, se aceptó la propuesta de D.L. Stremiz y Cía., para la construcción valuándose el contrato en 763,661,55 pesos.

El contrato con Stremiz fue firmado el 3 de diciembre y aprobado por el Poder Ejecutivo el día 12.

Stremiz y Cía. dio comienzo la obra de inmediato y, muy rápidamente también, en 1885, solicitó una reconsideración en el precio estipulado, ante la declaración de curso forzoso de la moneda y alegando que todos los materiales, salvo la cal y los ladrillos, el resto era importado, habían sufrido fuertes aumentos de costo. Puntualizaba la empresa que la diferencia entre la moneda nacional y el oro había trepado a un 40%.

Sin novedad para Stremiz, concluyó las dos primeras secciones y en 1889, transfirió el contrato al señor Antonini, que de ese modo se hizo cargo de la 3º sección.

En diciembre de 1885 estaba concluido el frente oeste y se avanzaba en los trabajos del ala norte y la explanada sobre Rivadavia.

 

Mientras, Tamburini daba vida a su obra maestra: el Teatro Colón de Buenos Aires que proyectara en 1887. Fue tal la dedicación a ella, que renunció al cargo de Inspector General de 0bras Arquitectónicas de la Nación tan sólo tres años después de haber sido contratado por Roca. Lamentablemente, Tamburini no pudo ver su obra finalizada ya que falleció el 3 de diciembre de 1890. Su bello proyecto fue concluido por uno de sus discípulos el Arquitecto Víctor Meana y que como Tamburini, dejará luego inconclusa su obra máxima, el Congreso de la Nación.

Para dar punto final a la construcción de la Casa Rosada, principalmente en sus frentes sur y este,y algunos interiores entre 1890 y 1898 actuaron otros profesionales, entre los que se contaron el uruguayo Joaquín M. Belgrano, continuando al pie de la letra el proyecto de Tamburini.

Cuando quedó terminada, la Casa Rosada era un muestrario de fechas,estilos y autores. Así, Kihlberg y Aberg se destacaron por sus dobles ventanas de medio punto mayor y por las mansardas de pizarras francesas. Tamburini por la puesta en práctica del estilo neorenacimiento italiano, que abre en Argentina el período italianizante, y que se manifiesta en el patio de honor con evocación florentina, en la explanada y principalmente en el arco de entrada de calle Balcarce que inspiradamente unió temporalmente al pórtico de medio punto del viejo y desaparecido Fuerte de Don Juan Baltasar de Austria.

Pero vamos ahora al alma de la construcción de Tamburini, los materiales que se emplearon.

Si bien aseguraba Stremiz que todo lo empleado era importado, salvo cal y ladrillo, hubo mármoles de Tandil y Azul y maderas provincianas.

La escultura ornamental, adornos, vasos decorativos y estatuas "grandes" la procedencia es variada. Las últimas, en cantidad de 16 piezas, estan realizadas en "yeso norteamericano" a las que se sumaron cinco vasos decorativos. Si bien las estatuas desaparecieron, los vasos perduran en los nichos ubicados en la llamada escalera de periodistas. Hablando de éstas es interesante destacar, que fueron una preocupación para Tamburini, quien en nota a White, decía:

"(...) Se ha dado capital importancia a las escaleras.". En buena parte de ellas, se conservan los relieves de ornato y sus molduras entalladas. El principal recinto de la Casa es el Salón Blanco, llamado originariamente Salón de Recepciones. Está adornado con columnas de capiteles jónico-corintio, decoradas con figuras en forma de jarrones y aves quiméricas. En los cuatro ángulos se encuentran cartelas con hojas de acanto rodeando el monograma "GN", de Gobierno Nacional. En los contornos de todas las puertas aparecen, en forma de relieves, variadas guirnaldas de flores.

Los mármoles tíenen su presencia destacada también. Así se destacan los amarillos de Tandil y Azul y en los recintos más destacados, de Carrara con veta gris. En la escalera de honor se instalaron 125,31 metros lineales de mármol blanco "lustrado a espejo, en zócalos, balaustrines molduras" y los pisos de los patios y ambientes menores utilizan mármol de Tandil

y "mosaico inglés". Este último cubrió el Salón Blanco hasta 1901 en que fue cambiado para la visita del Presidente del Brasil Manuel Campos Salles, por parquet europeo. El mosaico pasó entonces a decorar la llamada Capilla de Haedo.

 

El piso de los despachos es de pinotea, eso sí, "libre de nudos y rajaduras". La carpintería que, además de estas virtudes, debía sumar no poseer añadiduras y sámago, parte blanda de la madera no útil para la construcción, se conformó con cedro del Paraguay para las aberturas, y pino blanco para los contramarcos y algarrobo para los marcos. Eso sí, debía ser toda madera de primera calidad y bien estacionada.

 

Los vidrios, de "muselina, opacos y rayados", usados en techos, claraboyas y aberturas suman 1.671,21 metros cuadrados. Los cristales lisos, 1.449,46 metros cuadrados, que fueron empleados en aberturas interiores y los grabados, con un total de 664,29 empleados en las aberturas más importantes.

 

La herrería artística empleó 303,72 metros lineales destinadas a las barandas de escaleras, las que se construyeron con barrotes especiales; más 334,20 con barrotes adornados, a los que además llevaron 202,50 metros de "pasamanos de cedro sencillo". Estas barandas se utilizaron en su amplia mayoría en el 1° y 2º piso.

 

La pintura abarcó originariamente 6.891 metros cuadrados de "pintura rica al óleo con decoraciones y dorados". Con ella y en diversos coloridos, se cerraron formas fileteadas, fitomorfas y mascarones. Los colores de los cielorrasos abarcan tonalidades de beige, verde grisáseo, ocre, rosa viejo, marrón rojizo, tierra y azulino.

 

El empapelado abarcó inicialmente 2.287 metros cuadrados que se destinaron a los salones y despachos importantes.

 

Los artefactos de iluminación, inicialmente de gas, suplantados progresivamente por los que utilizaban electricidad a partir de 1891, dieron su carácter, importancia y arte. Sobresalía, entre tantos, la gran araña central ubicada en el gran Salón de Recepciones.

 

Dejando de lado las características ornamentales, debemos decir dos palabras sobre los recintos o estancias de la Casa Rosada.

 

Muchas dependencias fueron transformadas o simplemente desaparecieron entre 1899 y 1901, durante las obras de refacción que torno a vivir el edificio. Así sucedió también mucho después con otros salones en tiempos posteriores, como ser durante 1927, con el Jardín de Invierno que tanto utilizó 1a familia del Presidente Roque Sáenz Peña, el único mandatario, dicho sea de paso, que eligió la Casa Rosada como morada permanente.

 

El Despacho Presidencial, inicialmente ubicado en el 1º piso con acceso por Rivadavia, fue trasladado de allí por el Presidente de la Plaza luego por otros mandatarios, a distintos lugares del edificio, tal como ocurrió con los bustos de los ex-presidentes que del Salón de Acuerdo pasaron al Salón Blanco.

 

Con la decisión de Sáenz Peña de habitarla, se habilitaron varios ambientes para ese fin. De ese momento se acondicionó un gran comedor, tres alas de recibo, el Jardín de Invierno ya citado y un Comedor de Diario. El gran comedor continuó luego de Sáenz Peña siendo utilizado para las recepciones importantes. En cuanto al Jardín de Invierno, pasó a ser el Salón de Invierno perdiendo su cierre de cristales y su ornamentación vegetal en 1926 durante la presidencia de Alvear.

 

El Salón Blanco, además de su importancia como teatro histórico, se valoriza con su ornamentación. Originariamente se destacaba en él, el gran jarrón de Sévres, obsequiado en 1905 por el Presidente de Francia a la República Argentina, y que periódicamente cambia de lugar. En sitio central se encuentra aún hoy el busto en mármol blanco de la República.

 

Tradicionalmente en el Salón se ubicaban los bustos de los ex-presidentes y de aquellos personajes históricos que tutelaron en determinada época la Nación.

 

Damos los datos de los primeros 24 bustos:

 

La República: E, Ximenes

José de San Martín: Félix Pardo de Tavera

Cornelio Saavedra: Francisco Cafferata, 1881

Bernardino Rivadavia: Lucio Correa Morales, 1883

Justo José de Urquiza: Lucio Correa Morales, 1889

Santiago Derqui: Lucio Correa Morales, 1884

Bartolomé Mitre: Francisco Cafferata

Domingo F. Sarmiento: E. Ximenes, Roma, 1897

Nicolás Avellaneda: Emilio Cantillón, 1894

Julio A. Roca: L. B. Bernstamm, París, 1906

Miguel Juárez Celman: Félix Pardo de Tavera

Carlos Pellegrini: Hernán Cullen

Luis Sáenz Peña: Lola Mora, 1905

José Evaristo Uriburu: Hernán Cullen, 1908

Manuel Quintana: D. Puech, París, 1912

José Figueroa Alcorta: L. Bruninx

Roque Sánez Peña: Raymond Rivoire

Victorino de la Plaza: Alberto Lagos, 1927

Hipólito Yrigoyen: Zonza Briano, 1926

Marcelo T. de Alvear: José Fioravanti

José Félix Uriburu: Troiano Troiani

Agustín P. Justo: Ernesto Soto Avandaño, 1948

Roberto M. 0rtiz: Alberto Lagos, 1948

Ramón S. Castillo: José Fioravanti, 1948

Pese a que el proyecto de Tamburini y el mensaje de éste nos bosquejó los frentes de la residencia, volveremos también brevemente a ellos.

 

Mencionado ya el tema de los desniveles de la Casa Rosada impuestos por la barranca sobre la que está edificada, queda comenzar hablando de la escultura que posee su frente oeste.

"El Diario", en su edición del 29 de marzo de 1890 catalogaba al ornato artístico de este frente, directamente como "Colosal mamarracho".

 

Se refería al Escudo Nacional colocado en el centro superior de la arcada principal. El diario de Manuel Láinez describe primeramente el escudo y finaliza diciendo:

"Pero lo que siempre ignorábamos era que el sol de rayos flamígeros con que remata en la parte superior, cuyos rayos indican la llamada de la Revolución que en esa época ardía en el país, fuera suprimida por un ramillete de flores. (...) Invitamos dsde ya a todos aquellos que quieran pasar un momento divertido, a que vayan acontemplar el escudo nacional orlado de flores y dragones, allí, en donde para vergüenza nuestra, se exhibe como el nec plus ultra al mamaracho".

Cosa notable por lo increíble, recién en abril de 1966 el escudo con características tan sorprendentes, fue suplantado por el auténtico. Láinez, fallecido en 1929 no lo pudo ver.

El frente este era donde se encontraba desde los primeros tiempos la llamada Puerta del Socorro una especie de salida de emergencia del Fuerte por donde en 1828 salió el Gobernador Manuel Dorrego para morir en Navarro.

Inicialmente presentaba dos entrantes, las que fueron eliminadas al construirse el Jardín de Invierno en 1910.

Lo más llamativo de él es el grupo escultórico de gran tamaño que corona su centro. Las estatuas son obra de Bianchi, posiblemente de nombre Aquiles, un escultor italiano nacido en 1837 en Milán.

La obra lleva por título "Las Artes y el Trabajo Coronando a la República".

 

Está conformada por catorce figuras de argamasa, una mezcla de cal, arena, trozos de guijarros y cemento.

Rodeando a la figura de la República, estan emplazadas estas 14 figuras, comenzando con la representativa del Trabajo, con su yunque, la siguen la Agricultura con su cuerno de la abundancia y un arado. A su lado sentada, la Ley, que se da la mano con la Ciencia, montada sobre un león. Completan el grupo las esculturas de Neptuno, Mercurio, la Fuerza y la Historia.

 

Alegóricamente, en los extremos, dos niños se encargan de sostener el Mundo. En el centro hay un sello con las letras "GN" de Gobierno Nacional, que ya advertimos en el interior de la Casa.

El frente norte ya ha sido debidamente descripto por Tamburini de tal modo que sólo restaría citar a las dos esculturas que flanqueaban la escalinata y que fueran retiradas en 1910. Estas fueron destinadas en un principio al edificio del Museo Nacional de Bellas Artes en Plaza Retiro. En 1932, cuando el Museo fue trasladado a su sede actual, las estatuas se convirtieron en mástiles y emplazadas una, en Virrey del Pino

y Crámer y la otra en Avenida San Isidro y Paroissien.

 

La Casa Rosada, en su transformación más profunda, fue finalmente inaugurada el 12 de octubre de 1898, por el Presidente Roca, curiosamente el que propulsara las obras que vería concluir, gracias a su segundo mandato.

Seguramente el edificio, de haber tenido vida, habrá supuesto que a partir de entonces se sucederían días de tranquilidad y de respeto. No fue, sencillamente así.

A fines de 1937 el Presidente Agustín P. Justo pensó que lo mejor que se podía hacer después de todo lo acontecido, era llamar a la picota y derribar el palacio para un fin más plausible: la apertura de la Avenida de Mayo, de ser posible, hasta el río.

Así lo suponía entre otros medios, "La Prensa", que veía en la nueva acción la intención de reflotar "el viejo proyecto de demolición total, que 'La Prensa' anticipó en sus columnas hace algo más de un año y que no ha sido abandonado por el P.E. en momento alguno, aun cuando haya ido difiriendo su materialización".

 

La demolición se inició, felizmente no pasó de allí, sobre la entonces calle Victoria, hoy Yrigoyen, echando abajo algunas construcciones levantadas en su azotea.

 

"La Prensa" seguía informando el 2 de febrero de 1938 que "varias cuadrillas de obreros comenzaron a demoler la parte de la Casa de Gobierno que mira hacia la calle Victoria. Dichas tareas prosiguieron luego durante todo el día, conforme con los planes de la Dirección General de Arquitectura de la Nación, la cual ha proyectado reducir en 18 metros de profundidad esa parte del palacio en construcción para el Ministerio de Hacienda".

La intención quedó en eso nomás. Poco días más tarde, el 9 de febrero, se aprobó por Decreto la licitación para la demolición de una franja de 17 metros de ancho sobre la calle Victoria.

Las obras, a un costo de 14.000 pesos fueron concedidas a la firma Carlos Cazaroli.

 

Al asumir la Presidencia Roberto M. Ortiz en 1938, se urgió al mandatario que detuviera la demolición.

Las obras finalizaron el 28 de abril de ese año, pero ya el 20 de febrero se había dispuesto la reconstrucción del ala sur en sus muros límites. Los trabajos finalizaron en 1939.

Parecía que estaba todo hecho, pero no, es en verdad increíble lo que se puede hacer en una superficie tan generosa en inspirar tareas.

En 1958, en el ángulo que forman Paseo Colón y Rivadavia, sobre el mismo Despacho Presidencial, se había terminado por ubicar, se construyó un Helipuerto, el que estuvo listo para operar en 1962. Durante 16 años tuvo la misión de convertir los viajes presidenciales en un verdadero placer al evitar calles y avenidas atestadas.

Pero, para lamento de muchos funcionarios, en 1988 se lo desafectó, debido a los peligros que acarreaban las vibraciones a la seguridad del edificio Se habían detectado algunas grietas y desprendimientos de mampostería.

 

Actualmente, el Helipuerto Presidencial se encuentra en la Costanera Sur.

Y hubo algo más...

El 19 de diciembre de 1978, en dependencias de la Casa Militar fue inaugurado el Oratorio de Cristo Rey. Cuenta con un altar con mesa de madera sobre el que se encuentra el Tabernáculo. La imagen es obra de Vigil Malcnechk, realizada en araucaria policromada en estilo gótico.

En torno a esta innovación, digamos que ya había sido considerada en el año 1827, cuando se autorizó al Inspector de Obras Públicas Fabián Fernández a adquirir los elementos necesarios para la construcción de una Capilla en el interior del Fuerte y se designó como Capellán a José de Reyna.

Cerraremos esta larga crónica diciendo que su seguridad como bien inmueble, se estableció el 21 de mayo de 1942 cuando fue declarada Monumento Histórico Nacional.

360 años de existencia que recorren el Ser Nacional, están contenidos entre murallas que fueron y paredes que están.


Carlos Horacio Bruzera
Nota Escrita Especialmente para el PRIMER PORTAL ARGENTINO DE TURISMO MUNDIAL.
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