PALACIO BAROLO

Desde su torre el panorama de Buenos Aires toma un notable tinte de intimidad. Es como si desde el mítico Palacio Barolo, parte indisoluble de su historia y su razón, el espectador se adentrara con familiaridad a la belleza de una urbe aquietada milagrosamente y al alcance de las manos.

Paisajes ciudadanos caros a los argentinos desfilan con su carga de encantos intransferibles. Luces y sombras agregan repentina belleza a las de por sí hermosas imágenes del Congreso, de la Avenida de Mayo y de la seria de elegantes torres aguzadas que se perfilan como guardianes de un recorrido visual encantador.

El Barolo nació en 1919 destinado de antemano a ser el edificio más alto de Sudamérica, con sus proyectados 100 metros desde el nivel de la calle hasta su famoso faro giratorio. Por esa razón, la de su altura, fue necesario un permiso municipal que permitiera superar la media autorizada.

Emplazado en la Avenida de Mayo entre las calles Santiago del Estero y San José, fue idea del empresario textil porteño a la que dio vida el arquitecto italiano Mario Palanti a quien se le debe también el Cine Roca y el Vecino Hotel Castelar.

Palanti aunó un estilo "gótico-romántico", en el cual muchos creen ver con nitidez el estilo "antiacademicista" en boga a principios del Siglo XX, una obra hermosa y dueña de una personalidad definida partiendo ya desde la albura de su fachada inconfundible.

Todo en él es sorprendente. Así sabemos que fueron empleados 650.000 kilos de acero, 3.500.000 ladrillos y 70.000 bolsas de portland.

El recorrido de sus escaleras suma 236 metros y están flanqueadas por once ascensores. Alberga en su superficie 520 locales y es dueña de 5.800 ventanas distribuidas en sus 22 pisos.

Su faro giratorio "Salmoiraghi", tiene un poder luminoso de 300.000 bujías, lo que permite que sea divisado desde el otro lado del Río de la Plata. En la famosa noche del 14 de setiembre de 1923, el faro sirvió para que Buenos Aires se enterara al instante del resultado de la llamada "Pelea del Siglo", entre Luis Angel Firpo y el estadounidense Jack Dempsey en la Ciudad de Nueva York.

El código entonces fue el siguiente: si se encendía una luz blanca, indicaría que la victoria pertenecía al "Toro Salvaje de las Pampas" y, de ser roja, la de su adversario. Lamentablemente fue roja.

El faro está emplazado en una torre de 16 metros y reproduce la del Templo Hindú de Rajarani Bhubaneshvar.

El Palacio Barolo se inauguró el 7 de julio de 1923 llenando de asombro a los porteños.

Entre los extraños signos que lo adornan, se destacan en la bóveda del pasaje que comunica la Avenida de Mayo con la calle Hipólito Irigoyen, un techo cubierto de inscripciones en latín, entre las que se destaca la que expresa: "Omnis Pulcritudinis forma unidas est", cuya traducción corresponde a la siguiente idea: "La forma es la unidad de toda belleza".

Dando un paso más al otro mítico y misterioso universo que lo aureola, Palanti lo diseñó, en todos sus múltiples detalles, basando su concreción en la "Divina Comedia" del Dante. Así la existencia del círculo, la idea de lo perfecto para el poeta italiano, se repite constantemente en el precioso edificio, inclusive, su división en tres partes alude directamente al infierno, purgatorio y paraíso, eje de su "Divina Comedia".

Pero sus místicas insinuaciones perduran más allá de lo temporal: los planos se perdieron irremediablemente cuando Palanti emprendió su regreso a Italia.

Nos quedó entonces el Barolo, sin documentos de creación, pero desde aquel 7 de julio, con todo su encanto que se empeña en renacer con su belleza y sus hondos misterios.

Los que conocen sus secretos dicen, que en los primeros días de junio, por las 7 y media de la tarde, es posible ver la constelación de la Cruz del Sur (la entrada al cielo) alineada sobre el eje del ondulante edificio.

Es posible, por qué no, que el Barolo nos hable de infinito...


Carlos Horacio Bruzera

Nota Escrita Especialmente para el PRIMER PORTAL ARGENTINO DE TURISMO MUNDIAL.
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