SAN CARLOS DE BARILOCHE
Bariloche El Vergel de los Andes 

El 18 de enero, el Perito Francisco Moreno se asomaba al Lago Nahuel Huapi, enarbolando, por primera vez, la bandera argentina al sur del Neuquén. "Este inmenso lago -escribió después- que descarga en el Limay el sobrante de las limpias aguas, de pintoresca y grandiosa perspectiva, presenta entre montañas uno de los más bellos paisajes de esas regiones".

Los ojos admirados, como el corazón, recorren hoy absortos la belleza límpida como sus cielos, de ese vergel multicolor que juega con la imaginación entre cuencas lacustres, secretos senderos y una vegetación que no cesa de perfumar de mil maneras inigualables.

Allí, como centro insoslayable, se encuentra San Carlos de Bariloche, a 790 metros de altura y a 1.597 km. de Buenos Aires, a la vera del Lago Nahuel Huapi, dentro del Parque y fundada en 1902 por Carlos Wiederhold.
San Carlos de Bariloche
es una hermosa ciudad de construcciones de piedra y madera, con techados de pizarra que rememoran las lejanas casas alpinas.

La ciudad se asoma a las estribaciones montañosas, acompañando el declive de sus cerros y se mira con embeleso en su "laguna grande", como supieron llamar los puelches al Nahuel Huapi.

Ciudad elegante y hermosa, su Centro Cívico, que se inicia sobre el lago en el llamado Puerto San Carlos, es el punto de partida para recorrer sus distinguidas calles Mitre o San Martín, en donde se dan cita los grandes negocios, los opulentos restaurantes, las vistosas confiterías y las galerías de moda.


Siempre San Carlos de Bariloche tiene su encanto especial.
Las mañanas y las tardes se cargan de paisajes soñados, cercanos, palpables y sus noches se visten con encajes de fiesta, con reflejos de claridades y ecos de música y risas. Aún, sus tardes lluviosas y grises, se apresuran cubrirse de hálitos velados que convidan a un tenue romanticismo, mientras la llovizna se entretiene en desdibujar las siluetas lejanas.
CERRO CAMPANARIO

Saliendo de San Carlos de Bariloche y bordeando el Nahuel Huapi, arribamos al Cerro Campanario, antiguamente conocido como Campana. En una aerosilla, contemplando en la lenta subida el ubérrimo paisaje, avizoramos la próxima llegada. Luego, desde la cumbre, nos asomamos a la maravillosa visión de la Región Lacustre Andina. El Nahuel Huapi, el Lago Gutiérrez, los faldeos, las nieves lejanas y un cielo abroquelado en su azul de fiesta, parecen inundar los ojos de repentina alegría. Todo allí es bello y simple, contenido en el panorama lleno de quietud que nos envuelve.

 
PARQUE NACIONAL NAHUEL HUAPI


Tras la pausa ofrecida por un reparador café, ingresamos, al fin, al Parque Nacional Nahuel Huapi, "isla del tigre" en lengua araucana. El Parque, el primero con que contó Argentina, fue creado el 6 de noviembre de 1903 por iniciativa del Perito Moreno. Tiene una extensión de 7.582 km. cuadrados y se extiende entre las Provincias de Río Negro y del Neuquén.

El corazón del Parque es su lago, le "laguna grande" de los puelches, la "Isla del Tigre" de los araucanos.
El espejo de agua mide 550km. cuadrados y posee una profundidad máxima de 440 metros. Sus aguas son de origen glacial, las que le otorgan su azul pureza.Desde la motonave "Cau-Cau", y partiendo del Puerto San Carlos, iniciamos la navegación que nos llevará a la Isla Victoria y, posteriormente, al famoso Bosque de Arrayanes, hoy Parque Nacional de su nombre.

 


El navegar por las serenas aguas del Nahuel Huapi es una rica experiencia.
La contemplación de las cumbres coronadas de nieve y de los cerros precordilleranos tapizados con una vegetación abigarrada, otorgan a la contemplación un encanto particular. Las costas erosionadas, delatando su origen glacial, dan al panorama el encanto de pequeñas bahías y diminutas penínsulas alhajadas siempre de verdor. Da, entonces, la impresión de que el hombre no es nada más allí que un ocasional visitante a quien se le ha dado el privilegio de asombrarse por tanta belleza
ISLA VICTORIA


N
uestro primer desembarco acontece en Puerto Anchorena, en la Isla Victoria, de 3.700 hectáreas. ¿Quizás es ésta la Isla del Tigre araucana?. De haber sido así, hoy es sólo el hogar de miles de ciervos europeos que viven en completa libertad en el centro de ella y de un bosque exuberante de coníferas. Además, es fácil advertir una incomparable paleta de colores y flores que delatan a los amancaes, a las rosas mosquetas, combinándose con los coihues, los raulies y los pehuenes. Que los araucanos tuvieron especial interés por la isla lo denuncian los dibujos rupestres que encontramos a nuestro paso. A mediados del Siglo XVII, el Padre Diego de Rosales fue el primero en asomarse al Nahuel Huapi, y es posible que conociera los dibujos y fueran ellos la pista capaz de llevarlo hasta los dueños de la tierra.
Hoy la Isla Victoria es un remanso para la tranquila contemplación y el gozo. En ella encontró inspiración Walt Disney para uno de sus más hermosos clásicos: "Bambi".

BOSQUE DE ARRAYANES

E
l segundo objetivo de "El Turismo y La Hospitalidad" era el Bosque de Arrayanes o Parque Nacional del mismo nombre, ubicado en la vecina Península de Quetrihue. El atractivo excluyente lo constituyen sus arrayanes, enormes árboles de caprichosos y retorcidos troncos de colores, de denso follaje y delicadas flores blancas que aparecen con la primavera. Sus cortezas toman los más variados colores que, al desgajarse, van de los bronce al castaño canela. El arrayán, palabra que significa aromático, por misteriosa razón, en árabe, es un árbol originario de las cuencas lacustres de los Andes Patagónicos. Tal vez, sea ésa la razón de la magia que su presencia produce en la lejana Península de Quetrihue.
 
CERRO CATEDRAL
A 20 km. de San Carlos de Bariloche, por la Ruta Provincial Nº 82, se encuentra el Cerro Catedral, de 2.388 metros de altura. Desde lejos, ya es posible contemplarlo debido a sus sorprendentes formas de crestería que le dan el aspecto de una grandiosa catedral.
El cerro, centro de deportes invernales, cuenta con 30 pistas situadas, algunas, a 2.000 metros, teniendo, la más larga, un recorrido de 4.000 metros. Cuenta con 27 medios de elevación que incluyen cable-carril, aerosillas y telesquíes.
Al pie del Catedral, el visitante dispone de hotel, restaurantes, confiterías, refugio, correo, guardería y playa de estacionamiento. Todo originado por el protagonista principal, el Cerro Catedral, con sus formas de agujas góticas y sus fabulosas pendientes albas.
 
CERRO OTTO  
AHUMADO

A 11 km. del Centro Cívico de Bariloche se encuentra el Cerro Otto, todo un ícono en el Nahuel Huapi. Dejamos atrás por el zigzagueante camino, Piedras Blancas y nos encontramos con la meta de nuestra excursión.

El cerro, de 1.406 metros, es un importante centro de actividades de invierno, el que, al encontrarse tan cerca del centro de Bariloche, se torna sumamente concurrido. El Cerro Otto es también de suma importancia para la actividad deportiva en parapente, gracias a la calidad de sus laderas. Más allá de sus frondosas faldas que el coihue se encarga de alegrar con su verde colorido, es posible contemplar desde la cima, el Nahuel Huapi, la ciudad, las agujas del Catedral y aún las nevadas crestas del Tronador.

Su confitería giratoria se encarga de hacer posible observar complacido un panorama de ensoñación.

Como si todo no fuera más que el arte más puro de una naturaleza pródiga, a los pies del Otto, una galería de arte se encarga de recordarnos que la verdadera esencia de la maestría humana no es otra cosa que una inspiración nacida de ese universo natural que nos acoge.

 
El procedimiento de ahumar carnes es muy antiguo en el arte gastronómico. Por él se confiere a las carnes o pescados, sabores y olores particulares. Para el procedimiento se emplean maderas de abedul, haya o enebro, que en cámaras especiales permanecen entre una y dos semanas a una temperatura que ronda los 20 grados, transfiriendo a las carnes expuestas el sabor apetecido. La pérdida de la humedad, que puede llegar a un 25 por ciento, y el sabor, concluyen en dar a carnes y pescados un atractivo culinario sobresaliente. San Carlos de Bariloche es, seguramente, el centro de esta actividad económica.
 
HOTEL PANAMERICANO

El Hotel Panamericano es un clásico toque de distinción en el Vergel de los Andes. Sus líneas puras de claros brillos se conforman con tal identidad con su bello anfitrión que decir Hotel Panamericano, es decir San Carlos de Bariloche y Nahuel Huapi. Asomado a todo el encanto de una comarca privilegiada, el hotel ha trascendido las fronteras con la invocación de su sólo nombre.

El Hotel Panamericano es así un paisaje más de ese País de la Belleza. Sus estancias iluminadas y sabiamente decoradas, copian el entorno con el arte de quienes saben hacer de la hospitalidad, la búsqueda permanente de lo sobresaliente.

Las flores del vergel, la luz de su cielo profundo, el color de su lago azul brillante, se cuela en cada ambiente del Panamericano para que, así, cada visitante viva su sueño, ése que imaginó estando lejos.

Porque confort es el arte de sentirse bien, el Panamericano no se cansa de concebir y concretar la ilusión más cara de cada uno de sus huéspedes.

Hotel Panamericano, una manera familiar de decir Bariloche.

 


Bariloche, Vergel de los Andes, no cesa de fascinarnos con colores, cumbres, valles, con techumbres de humeantes sabores hogareños, con ésa, su forma de enseñar su belleza con la naturalidad de las cosas hermosas de este mundo maravilloso que compartimos.

Después, cuando el tiempo pase convirtiendo todo en un perfumado cofre de recuerdos, seguramente, se destacarán entre empolvadas imágenes, aquellas que fijaron en una coloreada fotografía, penachos nevados, senderos quebrados, aguas azules perpetuadas en una ola mansa, arrayanes canelas, una estela dejada, a su vez, como recuerdo por alba nave y una sonrisa, ésa que captó la cámara cuando eras feliz...

...Y todo no será otra cosa que un artilugio, sólo un artilugio, para que no olvides tu caminar despreocupado por el Vergel de los Andes...

 

........

 

 

Carlos Horacio Bruzera
Nota Escrita Especialmente para el PRIMER PORTAL ARGENTINO DE TURISMO MUNDIAL.
Derechos Reservados. Prohibida su Reproducción Total o Parcial