CUARTO FESTIVAL INTERNACIONAL DE BANDAS MILITARES

Al llamado eufórico de la música engalanada de sones marciales, la denominada "Catedral del Polo", fue el escenario ideal para la realización del "IV Festival Internacional de Bandas Militares".

Quince mil asombrados y felices espectadores contemplaron como más de mil hombres del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea de Argentina, Brasil y Uruguay dibujaban sobre el verde campo sus carrouseles, y ensamblaran los sones guerreros de sus bandas impecables.

Fueron tres horas durante las cuales imperó el colorido de los uniformes de época, la música y la emoción de quienes se habían convertido en los invitados singulares de la fiesta.

Diecisiete bandas se adueñaron entonces de los sentidos, dejando el regalo de su acervo de arte e historia, al compás de marchas inolvidables como "Avenida de las Camelias.", "Curupaití", "Curu-Malal", la "Canción del Ejército Argentino", "Punta Congreso", "Viejos Camaradas", y de canciones populares como "Yerba Mala, "Yo te Quiero Dar", "Brasil", "La Cumparsita" o "Soy Entrerriano".

Los queridos colores del Regimiento Patricios, fueron los encargados de revivir la gloriosa victoria durante las Invasiones Inglesas, al conjuro de cañones, fusilería y cargas briosas empujadas al son de la banda incontenible.

Después, el paso del Ilustre Regimiento de Granaderos a Caballo con su magnífica Fanfarria Alto Perú, fue el encargado de llevar la emoción a uno de los picos más altos de la jornada. Su marcha y sus sones, el recuerdo de sus luchas y sus glorias en el empeño de dar la libertad a media América, actualizaron ante miles de ojos agradecidos, las palabras que un día dijera uno de los protagonistas del Cruce de los Andes, el General Gerónimo Espejo: "Los soldados educados en la escuela de San Martín eran entonces y han sido después, un modelo digno de ser imitado por su gallardía, apostura y sus airosos movimientos".

No fue menor la emoción colectiva al hacer su desfile los Infernales de Güemes, aquél valiente cuerpo nacido en 1815 que con su Comandante Juan Antonio Rojas triunfaran en Salinas y San Pedrito.

De pronto y desde el cielo, llegaron desde Córdoba con su precisión y su brillo, los paracaidistas, quienes depositaron en el centro mismo del Campo Argentino de Polo, la bandera de la Patria escoltada por doce paracaídas celestes y blancos.

La exitación caló hondo cuando el galope brioso de los Granaderos, se mezcló con los compases de los "60 Granaderos", la cueca del poeta mendocino Hilario Cuadros.

Luego, los 1.165 soldados músicos y los quince mil espectadores de pie, corearon la Marcha de San Lorenzo de la que alemanes e ingleses dijeron que jamás ninguna pudo describir tan acertada y patéticamente una batalla.

El aire se vistió con fuegos de artificio, banderitas argentinas, Vivas a la Patria y hasta con alguna espontánea lágrima que emocionada, rodó sin vergüenza por más de un rostro curtido.

La fiesta se había convertido en alegría, orgullo, tradición y una entrañable musicalidad que tardó muchísimo en alejarse de los oídos y de los corazones.


Carlos Horacio Bruzera
Nota Escrita Especialmente para el PRIMER PORTAL ARGENTINO DE TURISMO MUNDIAL.
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