LA MEDINA

Deambulando por las pintorescas callejuelas de La Medina, uno evoca la nostalgia del antiguo Monastir de las doce puertas, cuyos nombres tienen el gusto de los frutos de la pasión: Bab El Khoukha, Bab-Eddarb, Bab-Benat, Bab-Briqch...

Aquí la confusión es total...

A lo largo de callejuelas tortuosas, de pasajes abovedados, de callejones de agudo color y olores intensos, es todo un murmullo de actividad, una fabulosa cueva de Alí Baba donde el cuero repujado se codea con plata labrada, el gran bazar de alfombras el minúsculo puesto del que surge la suave música cristalina del martillo de un cincelador inclinado sobre su labor y perpetuando así hasta el infinito el gesto de sus antepasados; un mundo confuso, un mundo de luces, de impresiones, de sonrisas de dulzor y serenidad.