EL CAMINO EN BICI
Recorrer el Camino de Santiago en bicicleta de montaña no es tarea sencilla, si bien se puede considerarse al alcance de cualquier persona con una mínima preparación física. Y no es tarea sencilla porque son casi 800 kilómetros que transitan en su mayor parte por pistas y caminos de tierra, a menudo con muchas piedras, y muy propensos a encharcarse durante buena parte del año. Son casi 800 kilómetros, de los cuales, aproximadamente la mitad, discurren por zonas con una accidentado perfil, salpicado de continuas subidas, bajadas, y algún que otro puerto de considerable entidad. pero también son 800 kilómetros que el peregrino puede planificar a su antojo, teniendo en cuenta su preparación física y el tiempo de que dispone.

Para información sobre los tramos del Camino Francés en bicicleta, pincha aquí.


Los factores claves que hay que tener muy en cuenta antes de iniciar el recorrido son:

LA PREPARACION DE LA BICICLETA

El equipamiento básico de cualquier bicicleta de montaña suele ser suficiente para afrontar con una mínimas garantías técnicas una ruta como el Camino de Santiago. Conviene, eso si, comprobar que todo está perfectamente ajustado y sincronizado, y no esperar al día de la partida para estrenar la bicicleta.

De todos modos habrá que añadir obligatoriamente una serie de complementos como, por ejemplo, las alforjas y la parrilla portaequipajes sobre la rueda trasera. Será aquí donde transportemos el grueso de nuestro equipaje.

Otro complento de gran utilidad es el triángulo hombrera que se coloca bajo el sillín. En él puede tener cabida el equipo de herramientas. Por último, podemos completar la zona de carga de nuestra bicicleta con unas pequeñas bolsas que se adosan al manillar y que son muy útiles para llevar tanto la documentación propia como la de la ruta. (Es muy importante aprender a ordenar de manera equilibrada y compensada todo nuestro equipaje en los diversos lugares habilitados en la bicicleta).

Si la bicicleta no dispone de rastrales o calapiés es conveniente instalárselos. Los cuernos acoplables al manillar de la bicicleta de montaña pueden ser otro elemento de gran utilidad especialmente para los tramos de carretera en las que con frecuencia sopla un fuerte viento.

Resulta muy interesante (casi básico) instalar también un velocímetro con cuentakilómetros. Facilitará mucho la compresión de la cartografía y nos ayudará en la planificación de la ruta sobre la marcha.

LA PREPARACION FISICA

Hay que distinguir en este apartado la preparación que deberán seguir los ya iniciados en recorridos en bicicleta de montaña de la que realizarán quienes se acercan por primera vez a una gran travesía en este medio.

Para los primeros bastará con mantener un ritmo de salidas en bici más o menos estable y acostrumbrarse a algunos elementos que pueden resultar novedosos. Así, por ejemplo, es importante aclimatarse a viajar por estrechos senderos o salvar fuertes pendientes con las alforjas de la bicicleta cargadas. Asi mismo, será interesante perfeccionar la técnica sobre zonas rocosas y con musgo.

Los no iniciados deberán comenzar por un proceso lento de aclimatación tanto a la propia bicicleta como a los recorridos por caminos, senderos y zonas de firme irregular. No conviene obsesionarse por hacer kilómetros. Es suficiente empezar la preparación un mes antes de iniciar el Camino. Ahora, eso si, habrá que entrenar un poco cada día, aumentando gradualmente las distancias y la complejidad del recorrido. Durante la última semana habrá que entrenar ya con las alforjas sobre la bicicleta y utilizando los mismos materiales que se van a llevar luego. Es fundamental no dejar nada sin probar antes de partir, desde el calzado hasta los frenos, pasando por el inflador, maillot... etc.

Es muy importante ser capaz de solventar por uno mismo los pequeños problemas mecánicos que sin duda van a surgir en algún momento del recorrido: pinchazos, rotura y tensado de cables de frenos o desviadores, ajuste de zapatas, salidas de cadena, etc.

LA PLANIFICACION DEL RECORRIDO

El Camino de Santiago nunca debe convertirse en una carrera hasta Compostela y por ello resulta aconsejable contemplar siempre un amplio margen en el que tengan cabida todos aquellos alicientes que sin duda el peregrino irá encontrando en su travesía.

A la hora de planificar el recorrido se ha de tener en cuenta, en primer lugar, la disponibilidad temporal. No conviene obsesionarse por avanzar. Resulta mucho más gratificante dejarse acompañar por la armoniosa cadencia que genera la propia ruta y aprovechar al máximo las jornadas de que se dispongan.

Otro factor fundamental a la hora de hacer planes es la propia preparación física. No basta sólo con contabilizar los kilómetros del recorrido elegido. Hay que tener en cuenta otros factores como son el perfil del mismo o el tipo de superficie por el que se transita.

En el Camino, las obsesiones son malas compañeras, y en caso de que no se vea con claridad la posibilidad de llegar hasta el punto prefijado como final de etapa es más aconsejable buscar refugio en otro lugar que aventurarse a intentar llegar a la meta prevista con el riesgo de una posible pérdida cerca de la noche.

El lugar elegido para pecnoctar es otro de los factores que deben influir en la planificación de la ruta, tratando de contemplar siempre una posibilidad alternativa próxima al lugar elegido como fin de etapa. No hay que olvidar que son los peregrinos de a pie quienes tienen prioridad en los refugios y que puede ocurrir por tanto que éstos no dispongan de plazas suficientes para acoger a los ciclistas.

Una correcta planificación de la ruta nos facilitará el hecho de disfrutar en plenitud del Camino de Santiago, evitando tanto la obsesión por avanzar (lógica al principio) como las angustiantes prisas de última hora.

EL ESTADO DE LA RUTA

El estado de la ruta variará sustancialmente en función de la época del año en que realice el Camino de Santiago. Los elementos que determinarán la bondad o no del recorrido son fundamentalmente tres: el calor, la lluvia y las zonas encharcadas o embarradas.

Sin duda, la fecha óptima para iniciar el Camino de Santiago es durante la primera quincena del mes de Septiembre. Superados los rigores estivales, el peregrino dispondrá aún de numerosas horas de luz en las que podrá disfrutar de un paisaje espectacular inundado de tonos otoñales. Otra buena época es desde finales de mayo hasta principio de julio. En estas épocas prácticamente se puede rodar desde el amanecer hasta la puesta del sol y será raro encontrar zonas embarradas.

Los meses de julio y agosto son, por razones obvias, los más utilizados para efectuar el Camino de Santiago. En esta época del año habrá que aprovechar las primeras horas del día y las últimas para afrontar los recorridos en bicicleta. Especialmente en la meseta el sofocante calor y la falta de agua pueden causar importantes problemas a quien no tome las oportunas medidas al respecto.

Desde noviembre hasta mayo el Camino es prácticamente intransitable en bicicleta. Lluvia, nieve y barro probablemente nos esperen desde el principio y hasta el final del mismo, pero tan desagradable puede ser tener que soportar el intensísimo frío que, durante todo el día, hace en las zonas de la meseta y el páramo.

Durante los primeros meses de la primavera y al comienzo del otoño, el Camino de Santiago se manifiesta en plenitud. Los paisajes alcanzan en estas fechas sus imágenes más impresionantes combinando una infinidad de matices que los convierten en un espectáculo sobrecogedor. El riesgo está, logicamente, en la inestabilidad climatológica, principalmente las frecuentes lluvias, que nos pueden complicar seriamente algunas etapas.



EQUIPAJE

El equipaje ha de reducirse la mínimo imprescindible ya que sólo dispondremos de dos pequeñas alforjas en la rueda trasera (no utilizar nunca alforjas en la rueda delantera para este tipo de trayectos), una parrilla y, opcionalmente un bolso portadocumentos en el manillar (que puede ser sustituido por una pequeña mochila a la espalda, siempre y cuando ésta no se cargue con excesivo peso).

INDUMENTARIA BASICA

En verano:
- maillot y culotte
(no sirve un pantalón corto normal)
-bota de bicicleta de montaña o zapatilla de suela dura
- guantes
- gafas de sol
- sombrero o visera
- un chubasquero ligero.
- Y por supuesto, el casco.

En otra estación:
- maillot térmico
- un culotte largo
- un gorro de montaña
- guantes de neopreno.

EQUIPAJE PERSONAL

Debe ser minimo y muy ligero. Bastará con:
- un par de camisetas de algodón
- calcetines
- un bañador
- un forro polar o ropa de abrigo
- unas zapatillas ligeras
- un conjunto de ropa de calle
- toalla
- útiles de aseo (crema solar en cualquier época del año)
- ropa interior
- la documentación personal.

OTROS EFECTOS
-el saco de dormir y la esterilla
- equipo para pequeñas reparaciones compuesto al menos por una cámara y un kit de reparación de pinchazos, un juego de llaves hexagonales, un destornillador recto y otro de estrella, una llave fija, tres desmontables, un juego de zapatas, un cable de freno y el inflador.
- linterna o frontal
- una cantimplora (de no más de un litro)
- documentación de la ruta.
- un plástico de un tamaño suficiente para cubrir las alforjas y el saco en caso de lluvia.