Lugo
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Lugo es una ciudad llena de abrazos. La abraza primero el Miño, con una caricia mansa. La abraza después la muralla, que es como un cinturón que separa dos mundos: fuera, la urbe que se extiende y crece hacia las laderas del río, o mirando a A Coruña, o descolgándose hacia el horizonte de Tierra Llana. Dentro, las viejas calles donde una excavación puede topar con una huella romana. Antes de llegar por cualquier carretera, el viajero puede ver anunciada una de las grandes seducciones lucenses: " ... Y para comer, Lugo".

Y, en efecto, así es. Todo Lugo parece ser un gran homenaje a la gastronomía, y con una variedad inaudita: los bares de tapeo en el entorno de la Plaza del Campo, calle de la Cruz, Rúa Nova; las viejas tascas que salpican la ciudad, las fondas, tradicionales y entrañables, donde sólo la restauración recibe más cuidados que la habitación; los restaurantes modernos, con su asomo a la "nueva cocina"; las dulcerías, que han llegado a dar nombre popular a una calle. Y en todas partes, el pulpo, que alcanza nivel mítico en las fiestas de San Froilán; la empanada en todas sus variedades; el rito del marisco y la cocina agraria gallega.

Pero también la carretera anunció antes los monumentos: la muralla romana, dos kilómetros de piedra; la catedral, mezcla de gótico y románico, que disfruta del prvilegio de la exposición permanente del Santísimo; las termas romanas; la fantástica colección de relojes de sol del Museo Provincial; el pazo barroco del Ayuntamiento, que preside la Plaza Mayor ...

La vida lucense es pláciday, sin embargo, su "movida" nocturna es estruendosa. Hoy, al contemplar cualquier noche de fin de semana, Boscheville no podría repetir aquello de "la ciudad donde un poeta enfermo se sentiría feliz". Pero podría escoger a Lugo como centro de un itinerario que le pone el mar, "A Mariña, a menos de cien kilómetros, con las playas de Foz, Viveiro, San Cosme de Barreiros, Burela, San Ciprián, Ribadeo. En un entorno de sesenta kilómetros puede encontrar el urogallo en la sierra de Ancares y Cebreiro, los monumentos de Mondoñedo, los viñedos de Quiroga y Sober, los castillos de Maside y de los Condes de Lemos, monasterio de Samos y San Vicente do Pino, iglesia de Vilar de Donas ...

Y siempre, el campo verde, la flor del "toxo" y la retama, la infinidad de regatos, la espadaña de una iglesia, la piedra de pizarra, el juego de montaña y llano, la sinfonía de agua en cualquier recodo ... Lugo es la capital de todo eso. Sus calles, un reflejo de todo eso.


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