Ferrol
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Se llega por mar entrando por su ría, defendida por sus castillos de San Felipe y de la Palma, a un lado Mugardos y Perlío, y al otro la Ciudad Departamental. Habrá que dejar atrás el islote de A Marola, del que dice la canción: "o que pasa A Marola pasa a mar toda". Se llega por carretera, viniendo de Cedeira, San Andrés deTeixido, Cariño y Ortigueira. Y se puede descender también desde las cumbres de A Capelada, desde los monasterios de Caaveiro y Narahio, o atravesando los viejos dominios de los Andrade.

Y al final Ferrol. Todo el mundo la ha definido como ejemplo de ordenación neoclásica de sus calles. Todo parece neoclásico en las definiciones de Ferrol. Neoclásicas son las construcciones religiosas: la iglesia de San Julián, de austera fachada y las capillas de Las Angustias y Los Dolores, la iglesia conventual de San Francisco. Neoclásico es el hospital de Caridad. Y neoclásicas son la inmensa mayoría de las edificaciones ferrolanas, con su gran raíz histórica en el siglo XVIII. Pero hay también un Ferrol Viejo, de sabor marinero, creado en el siglo XIV, y que es el contrapunto al ambiente industrial, de fábricas y astilleros, sonido de sirenas y frecuentes acentos de crisis en los períodos de recesión. Y ese sabor marinero es fundamental para internarse en la comarca. El viajero podrá disfrutar del largo arenal de San Jorge y la inmensa playa de Cobas. Podrá dar rienda suelta a su imaginación en la laguna de la playa de Doniños, donde la leyenda dice que hay una ciudad sumergida.

Duro y agreste es el acantilado fuera de la ría. Desde Ferrol hasta Cabo Ortegal, de la ría de Ferrol a la ría de Santa Marta, antes de llegar a Estaca de Bares, está lo más accidentado de la costa, con las caídas de A Capelada, los cabos Pioiro y Prioiriño, Punta Candelaria, los acantilados excavados en grutas, Vixía de Herbeira, con más de seiscientos metros de caída vertical. Mar muy abierto, donde termina el Alántico y comienza el Cantábrico. De nieblas y vientos y oleajes que han cobrado la vida muchos percebeiros.

Y, tierra adentro, se empieza la excursión en Xubia, vieja fábrica de moneda y cobrería, la sierra del Moscoso, los altos de Vilachá, el culto en Monfero, las reliquias de Caaveiro. En cualquier recodo, eso sí, cerca o lejos de San Andrés de Teixido, se podrá encontrar la "herba de namorar". Aunque, para enamorarse de Ferrol y su comarca, no es imprescindible encontrarla ...


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