Portugal


Patrimonio De La Humanidad
Los Monumentos y Lugares Reconocidos por la UNESCO

En Lisboa, algunas calles tienen más de un nombre. Se dice que es porque la ciudad está llena de héroes. Tal vez se deba a esto que en la capital y los alrededores, hay varios monumentos y parques que recuerdan la historia del país. La UNESCO ya los ha reconocido. Hoy son Patrimonio Mundial. Patrimonio nuestro.

En la región de Lisboa y del Valle del Tajo hay seis monumentos y parques que la UNESCO distinguió como Patrimonio de la Humanidad. Pueden no ser caso único pero es poco usual, esta concentración de monumentos clasificados alrededor de la capital.
Portugal es un país de glorias y de bellezas. Naturales y edificadas. Évora, Oporto, Punta Delgada son otras ciudades clasificadas como Patrimonio de la Humanidad. Pero es junto a Lisboa en la que se yergue el conjunto de arte más majestuoso inventado por el Hombre y la Naturaleza.
Rigurosamente hablando, no se trata de seis monumentos y parques sino de cinco monumentos y un conjunto al que la UNESCO dio el nombre de Paisaje Cultural.
Las líneas que siguen apenas evocan la construcción, las leyendas y las historia de cada monumento.
Sólo son el hilo conductor. Por eso acepte nuestro consejo, póngase en camino y piérdase en el maravilloso patrimonio arquitectónico lisboeta.


Torre de Belén

En 1500, Lisboa era punto de partida y de llegada de carabelas. Se hacían a la mar para, como escribió el poeta,“dar nuevos mundos al Mundo”. La política naval portuguesa del siglo XVI y el progreso de los viajes marítimos hicieron del puerto de Lisboa una parada obligatoria para los que navegaban las rutas del comercio internacional.
Con las riquezas provenientes de los nuevos mundos, se construyeron en Portugal los grandes monumentos que cantaban la epopeya de los Descubrimientos Portugueses. 
Fue obligatorio proteger Lisboa y su costa así como el movimiento que en ella se creó. Cupo a D. Manuel, sucesor de D. João II, la tarea de mandar construir la Torre de Belén, en honor al patrón de la ciudad de Lisboa, San Vicente.
Francisco de Arruda fue designado Maestro del Baluarte de Belén y, tras su regreso del Norte de África, en la que había edificado varias fortalezas se puso manos a la obra en 1514.
Seis años más tarde, la Torre de Belén estaba acabada, con aquella forma arquitectónica que la caracteriza, con influencias islámicas y orientales de los elementos decorativos, siendo las cúpulas de gajos que cubren las garitas uno de los ejemplos más sobresalientes.
Como símbolo del poder del Rey, su decoración ostenta la simbología propia del estilo Manuelino, eslabones que envuelven el edificio, rematándolos con elegantes nudos, esferas armilares,
cruces de la Orden Militar de Cristo y elementos naturalistas.
Hay que destacar la representación de un rinoceronte, la primera en piedra que hay en toda Europa, soportando la base de una guarida del baluarte orientada hacia Oeste, clara prueba de la relación que Portugal mantuvo con otros pueblos y otras culturas.
En la estructura de la Torre, se pueden distinguir dos partes: la torre propiamente dicha, de tradición medieval, más esbelta y con cuatro salas abovedadas y el baluarte, de concepción moderna. Por aquí está la entrada, una vez pasada la puerta principal.
Posteriormente se fueron construyendo otras fortalezas más modernas y con más condiciones, por lo que la Torre de Belén fue perdiendo su función defensora de la Barra del Tajo. Pero a partir de 1580 con la ocupación de las filipinas, sirvió de prisión utilizando los almacenes como mazmorras.

En la actualidad, la imponente Torre de Belén es un sello de la aventura portuguesa, reconocida por la UNESCO, en 1983 como Patrimonio Cultural de Toda la Humanidad.


Monasterio de los Jerónimos

Los primeros trabajos de construcción del Monasterio de los Jerónimos datan de 1501. La idea fue de D. Manuel I que, cinco años antes había pedido a la Santa Sede una autorización para levantar un gran monasterio a la entrada de Lisboa.
Un siglo más tarde, las obras estaban acabadas. La dedicación del Monasterio a la Virgen de Belén fue uno de los factores que más pesó en la decisión de la curia.
Fue construido en calcáreo y exhibe una fachada de más de 300 metros, que gracias a sus líneas horizontales, le confiere una fisionomia tranquila y relajada.
Dada su dimensión, las obras de los Jerónimos fueron costosas, por eso el monarca destinó gran parte de la “Vintena da Pimenta” para el edificio. ¿Qué es eso de la “Vintena da Pimenta”? Se trataba, aproximadamente, del cinco por ciento de las ganancias provenientes del comercio con África y Oriente, equivalente al 70 por ciento del oro anual .
En el siglo pasado, el Monasterio de los Jerónimos sufrió obras que alteraron algunos aspectos significativamente.
La cúpula sineira, el cuerpo del dormitorio (en el que hoy se encuentre el Museo de Arqueología) y la sala del capítulo fueron algunos de las estancias que sufrieron mayores transformaciones.
Considerada la joya del estilo Manuelino, los Jerónimos integran elementos arquitectónicos del Gótico tardío y del Renacimiento, a los que se asocia una simbología regia, cristiana y náutica.
Los monjes de la Orden de San Jerónimo fueron los escogidos por D. Manuel para ocupar el Monasterio, con el objetivo de rezar por el alma del rey y dar ayuda espiritual a los navegantes lusitanos.
Declarado Monumento Nacional en 1907 fue clasificado en 1984 Patrimonio Mundial por la UNESCO, el Monasterio de los Jerónimos es hoy el salón principal de las visitas a la ciudad de Lisboa.

Paisaje Cultural de Sintra

Es una de las villas más amadas del mundo y punto obligatorio del turismo que visita la capital portuguesa. La región de Sintra fue clasificada Patrimonio de la Humanidad, en la categoría de Paisaje Cultural por la UNESCO, en 1995 como resultado lógico de aquello que Lord Byron dijo: “Jardín del Paraíso Terrenal”.
Si el Paisaje Cultural trata de clasificar como un todo el patrimonio cultural y el patrimonio natural, en Sintra se encuentra la fusión perfecta entre la exhuberancia natural y la belleza monumental, que tanto gusta a quienes por allí pasan.
La zona clasificada por la UNESCO es muy amplia y naturalmente muy bonita. Desde el comienzo por el Centro Histórico de la Villa en el que se yergue majestuoso el Palacio Real, vigilado desde arriba por el Castillo de los Moros y una extensa área verde. Más adelante, después del puesto de turismo, hay otro monumento que se encuentra en la lista de los edificios clasificados es el recientemente recuperado Hospedaje de los Caballeros, en el que estuvo hospedada Maria Eduarda, la amante de Carlos Maia, el protagonista de “Os Maias”, la obra de uno de los mayores autores de la literatura portuguesa, Eça de Queiroz.
Además del Palacio de la Villa, también está el Palacio de la Pena, restaurado y pintado con los colores originales, que refuerzan el encanto del paisaje sintrense.
No nos podemos olvidar que además de estos, Sintra cuenta con el Palacio de Monserrate, uno de los más importantes marcos del Romanticismo, el Castillo de los Moros, situado en dos cumbres de la Sierra, conquistado por D. Afonso Henriques, el Palacio de Seteais, edificio neoclásico, construido a finales del siglo XVIII, una de las unidades hoteleras más lujosas de Sintra.
La extensa área clasificada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad cuenta, también con monumentos como el Palacio de los Ribafrias, la Quinta de la Regaleira ( con unos jardines que son una auténtica delicia), la Quinta del Reloj, el Convento de los Capuchinos, la Iglesia de la Misericordia, la Iglesia de Santa Maria, la Iglesia de S. Martinho, así como la Capilla de la Santísima Trinidad.
La lista es amplia y no hay nada como un tranquilo paseo a pie o en coche.


Convento de Cristo (Tomar)

Considerado Patrimonio Mundial desde 1984, el Convento de Cristo es uno de los principales de la arquitectura nacional.
Perteneció a la Orden del Templo y más tarde a la Orden de Cristo. 
Formado por siete claustros y otros edificios, cuenta con notables obras de arquitectura, en las que destaca el Claustro de D. Joao II, considerado por algunos como el más monumental de las obras renacentistas, concebido por el arquitecto Diogo de Torralba.
El Convento tiene, también el Claustro de los Lavatorios y Claustro de D. Enrique, que se remontan a la primera mitad del siglo XV; el Claustro de Santa Bárbara, con una maravillosa Ventana del Capitulo; los Claustros da Micha; el Claustro de las Azafatas, constituido por dos pisos ( 1541) y finalmente, el Claustro de los Cuervos.

Monasterio de la Batalla

Se desconoce la fecha de inicio de los trabajos de construcción, aunque se piensa que debe haber sido en 1387. Se sabe que la obra duró 200 años, dada su dimensión y que fue idea de D. João I, que quería perpetuar su nombre en la localidad en la que venció a sus enemigos.
Si tenemos en cuenta que su construcción fue desde el reinado de D. João I al de D. João IV, nos hacemos idea de lo que tardó. En ella se conjugan el impulso vertical interno, de sugerencia francesa, y la volumetría horizontal, tan característica del gótico meridional, como es el caso del alzado de la nave axial.
Fue el arquitecto Huguet, quién trabajó en el Monasterio entre 1402 y 1438, quién introdujo la decoración del gótico flamígero.
Tras una pausa en la construcción, la llegada de D. Manuel I al trono y la epopeya portuguesa, le dieron un nuevo impulso, con el estilo manuelino imponiéndose con fuerza, como ejemplo de ello tenemos la decoración del Claustro Real y del genial Pórtico de las Capillas Imperfectas.
El Monasterio fue designado Patrimonio Mundial en 1983, como señal del brillo y la imponencia de su arquitectura. Una imponencia, personificada en la figura de D. Nuno Álvares Pereira, cuya estatua fue levantada junto al Monasterio.
La estatua, de 1968 recuerda al heroico comandante que en la Batalla de Aljubarrota derrotó a un ejercito invasor tres veces más grande que el suyo.

Monasterio de Alcobaça

La Abadía de Santa María de Alcobaça, conocida actualmente como Monasterio de Alcobaça, y otros de los edificios fueron clasificados Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Situado en los alrededores de Lisboa, en la región de Leiria, el Monasterio fue construido por los monjes de la Orden del Cister entre 1178 y 1254, siguiendo el modelo de la casa fundadora de la Orden del Cister, en Claraval, Francia.
El Monasterio tiene una largura de 220 metros y está formado por tres cuerpos- la Iglesia, cuya fachada tiene 43 metros de altura, y las Alas Norte y Sur, en las que se situaban los aposentos de los reyes y de la corte durante las visitas, y la residencia del Abad y los Monjes.
De la fachada original no se conserva en su totalidad, aunque todavía se ven las almenas en la cobertura lateral, el portal gótico y los ventanales laterales. Los torreones barrocos son un añadido del siglo XVIII.
La Iglesia del Monasterio de Alcobaça es la mayor de Portugal, con tres naves de 12 tramos, cubiertas por bóvedas ojivales que culminan en un transepto formado por tres naves. A la derecha, podemos encontrar el túmulo de D. Pedro I y a la izquierda el túmulo de su amada, D. Inés de Castro.
En el transepto se encuentra también el Deambulatorio y la capilla de San Bernardo, con un valioso conjunto de estatuas barrocas, en terracota, representando la muerte de San Bernardo, fundador de la Orden del Cister.
En la Sala de los Túmulos, están dos medievales de dos reyes: D. Afonso II y D. Afonso III, sus mujeres y sus hijos.
La portada manuelina del siglo XVI, la Capilla de las Reliquias y del Señor de los Pasos son otras de las atracciones del Monasterio. 
Pero es alrededor del Claustro de D. Dinis donde se situan las principales dependencias del Monasterio: la Sala de los Capítulos, la Sala de los Monjes, el Refertorio y el Lavatorio, la Sala de los Reyes con estatuas de barro de todos los reyes de `Portugal hasta D. José.
Asombrosa es también es la cocina monumental del Monasterio, que data del siglo XVIII, atravesada por parte del caudal del río Alcoa y que tiene como ex libris una gran chimenea.
Fue en el Monasterio de Alcobaça donde en 1269 se dieron las primeras clases públicas, en las que se produjo el mayor estudio histórico sobre Portugal, (Monarquía Lusitana, sigo XVII) y donde
se formó la primera farmacia del reino.


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