Four Seasons The Ritz Lisboa

La Creación de una Elite

Una vez que el largo periodo de construcción, terminado y decorado de los interiores había llegado a su fin, se volvió necesario presentar la obra terminada a la nación y al mundo.

La importancia involucrada en la apertura de un hotel de este tipo simbolizó que fueran preparadas dos ceremonias de apertura separadas. La primera, de un carácter solemne e implicando gran protocolo, incluyó una cena de gala para miembros de los cuerpos gubernamentales y diplomáticos. Cinco ministros estaban presentes, uno de los cuales era el Ministro para la Presidencia, Pedro Theotónio Pereira que así confirmó el apoyo incondicional del gobierno para el proyecto. La dignidad de la ocasión requería una declaración oficial de parte del gobierno como también de los hombres que se habían unido para la construcción de este Hotel. Manuel Queiroz Pereira, hablando en nombre de SODIM, hizo un corto discurso en el cual definió los fundamentos que habían guiado al grupo y agradeció al gobierno por todo su apoyo. Las palabras finales de su discurso fueron un testimonio viviente de la historia del hotel. “Nuestra primera misión que era construir el Hotel se ha completado. Otra comienza ahora: aquí nuestra atención debe seguir enfocada en hacerlo corresponder con nuestros ideales originales. La compañía que represento espera que el Ritz de Lisboa nunca abandone estos ideales. ¡Como tal, a través de su existencia, debe proporcionar lujo, y confortabilidad, dignificando la ciudad y sobre todo, honrando la nación!”

Pedro Theotónio Pereira habló luego del magnífico logro que el Hotel Ritz había sido para la empresa privada, agregó: “que este banquete sirva como inauguración oficial del nuevo Ritz cuyo nombre se une a una ilustre tradición en la industria del hotel. Nosotros saludamos a este grupo de hombres con determinación, buenos patriotas, que invirtieron en esta tarea todo su entusiasmo dedicación y capital. Y como con el lanzamiento de una gran nave, permítanos brindar por la prosperidad de aquellos que hicieron posible el Ritz, a aquellos que trabajan aquí y a los que vendrán a buscar la hospitalidad portuguesa.”

Al día siguiente, al finalizar las ceremonias oficiales de apertura del Ritz, se brindó un Baile de Gala para alrededor de dos mil invitados que fueron convocados. Durante semanas el personal del hotel tenía que preparar cuidadosamente cada detalle de un evento que tendría lugar en todas las áreas públicas del Hotel. En consecuencia, cada cuarto fue preparado cuidadosamente para cubrir los temples diferentes de la tarde.

El país salió por la ocasión, a las tiendas de alta costura que estaban abarrotadas con compradores y se airearon joyas largamente olvidadas. Más de cien invitados internacionales llegaron de los más diversos países para esa noche. Una cena inolvidable preparada por Pierre Gachet se sirvió con los más sofisticados platos. Los cubiertos que habían venido de París brillaron al unísono con la cristalería que se había diseñado especialmente para el Hotel creando un decorado memorable.
Al sonido de dos orquestas, la danza espirituosa tuvo lugar hasta el alba. El día estaba comenzando y el desayuno fue servido cuando las personas valientes, encantadas por una noche comparable sólo a aquellas de Scheherazade, finalmente dejaron el Ritz que así oficial y favorablemente empezó su vida hace cuarenta años.

Como se declaró durante el discurso de la apertura oficial, lo que continuaba era la tarea difícil de completar el edificio y proporcionarle el equipamiento más moderno. Era ahora esencial amueblarlo con un equipo que le garantizara un servicio impecable.

SODIM llevando esta política en mente, había firmado un contrato para la dirección del Ritz con Georges Marquet, Presidente de la compañía “Los Grandes Hoteles Europeos” que había tomado parte en la concepción del proyecto, era totalmente consciente de la calidad del Hotel. El entusiasmo de Marquet durante la construcción del Hotel era entendible dado que otros habían construido todos los hoteles en su cadena. Por contraste, con el Ritz Lisboa, Georges Marquet pudo aplicar su conocimiento y su experiencia acumulada, ayudando a desarrollar el hotel perfecto. Era, hasta cierto punto, ‘su hotel’ que él dirigiría después.
El destino no permitió que este baluarte de la industria hotelera viera la fruición de su trabajo. Georges Marquet se murió súbitamente, brevemente después de su apertura oficial. Su viuda, Olga permaneció a la cabeza de la compañía creada para manejar el hotel hasta l974. Como resultado del ambiente inestable creado por el golpe militar del 25 de abril de ese mismo año, el contrato de dirección se terminó.

La elección del nombre Ritz para el hotel en lugar de otros como el Palácio da Rotunda da mucho que pensar. ‘Ritz’ no sólo evocó un espíritu de lujo sino también de innovación dentro de las tradiciones de la industria hotelera. César Ritz fue un hombre de visión e innovación. Con la creación del Ritz París, un nuevo concepto de hotel nació. Se diseñaron sus salones de descanso, restaurantes y barras para servir, no sólo a sus huéspedes, sino principalmente para actuar como foro para la sociedad.
El concepto, junto con un servicio impecable, hizo de los Ritz de París un sinónimo de “todo París”, un lugar de encuentro obligado para príncipes, aristócratas, políticos, escritores y todos aquellos que quisieron estar en el lugar ‘correcto’.

Desde el primer día, el Ritz fue intransigente con respecto a este punto. SODIM expresó este deseo de excelencia a Georges Marquet y con mucho entusiasmo decidió hacer todo lo posible para convertir el servicio del Ritz en legendario. Alrededor de cincuenta prestigiosos especialistas de todo el mundo fueron contratados para que ellos, de acuerdo con el servicio requerido, ayudaran a crear el espíritu del Ritz Lisboa. Algunos de ellos, llegaron desde sus hoteles en Bruselas, Madrid, Barcelona, San Sebastián o Sevilla. Otros eran reclutados de otros hoteles o restaurantes de reputación internacional.

El gerente de hotel, António Foerster, un uruguayo de ascendencia alemana, había sido el gerente del legendario Shepheard en El Cairo. Eça de Queiroz había dedicado un capítulo a él en sus memorias de Egipto . Después, manejó el no menos famoso Reid en Funchal, desde donde llegó al Ritz Lisboa. António Foerster llegó en junio de 1959 para la apertura informal de dos pisos con el número lleno de alcobas que operaban desde noviembre del mismo año.

El director de los dos restaurantes y los departamentos enteros de comida y bebida (restaurantes, banquetes, servicio del cuarto, desayunos) era el excepcional Pierre Gachet que había venido del restaurante Tour d’Argent, destinado a estar entre los mejores del mundo. Acompañándolo, llegó el Maitre d’hotel Federico Rodriguez que también era un profesional encumbrado y el chef principal Daniel Bouquaire.

Pierre Rousset, un francés fue nombrado para encabezar la barra y del equipo original José Campos Costa está trabajando todavía hoy. António Domingos, su hermano Adelino Marques y Carlos Amorim eran los porteros de cabecera y por muchos años eran los ángeles guardianes que cuidaban las más variadas necesidades de los invitados. La famosa cantante de ópera Ileana Cotrubas siempre consultaba a un oráculo antes de una actuación y los porteros de cabecera manejaban el asunto con discreción suma.

Luiza Bejar y Carmen Mascaró, las amas de llaves, vinieron del Ritz Madrid y del Alfonso XIII en Sevilla respectivamente. Excelentes profesionales, crearon una verdadera de ayudantes cuya competencia continúa hasta el presente. Como los porteros de cabecera que trataron con asuntos conectados con el exterior, las amas de llaves eran responsables de satisfacer los antojos y necesidades de los invitados.

El concepto de servicio del Ritz implicó que allí debería haber un doctor para ser llamado en cualquier momento. Durante muchos años el Ritz tuvo la fortuna de tener como miembro de su personal clínico, uno de los más eminentes doctores portugueses, Profesor José Augusto Borges de Almeida. No sólo era un practicante general distinguido sino que también había recibido un doctorado y más tarde el rango de profesor. El cuidado y atención prestados por este médico a algunos de los invitados del hotel fueron más allá de lo que podría considerarse razonable. Albert Parker Scott, un hombre de salud delicada frecuentemente se quedó en el hotel durante años. Él tuvo a Borges de Almeida en tan alta estima que se mudó al Hotel Cidadela en Cascais durante el fin de semana para estar más cerca de su doctor que pasaba estos días en su casa de Quinta da Marinha.

El Hotel Ritz produjo una escuela de profesionales excelentes que construyeron carreras brillantes, cada uno en el propio Hotel durante muchos años o después en Portugal o en el extranjero. Entre éstos viene a la mente, por ejemplo, el nombre de Manuel Al Quintas quién hoy es director del Hotel Palácio en Estoril. Un hombre de una naturaleza retraída, António Bráz era el barbero del Hotel, cortó el cabello a media Lisboa. Cuando se retiró sus clientes protestaron tan fuertemente como apegados estaban a él. Estaba cansado sin embargo y nada le haría cambiar su parecer a pesar de saber que sería extrañado penosamente.

Parte del servicio del Ritz ofrecía animación en las áreas públicas para que el hotel pudiera volverse un vívido lugar de encuentro en un ambiente elegante. Cinco boutiques estaban por consiguiente abiertas al público a lo largo de la galería de la planta baja.
Los más raros artículos como porcelanas, antigüedades, joyería, alta costura junto a diarios internacionales y revistas estaban todos en venta aquí sirviendo no sólo a los invitados sino también a aquellos que hicieron en Lisboa que hicieron del Ritz su segundo hogar.

La “Boutique do Ritz” se destaca entre las demás a causa de la rareza y refinamiento de sus artículos. Su dueño viajó por el mundo en busca de los objetos más raros y exóticos. El encanto y elegancia de José Rosenstock le dieron a la tienda una carismática personalidad y agregaron su atracción al hotel.

En la Sala Almada Negreiros, al lado de la galería, se sirvió té a diario acompañado por las confituras y bizcochos portugueses clásicos, cocinados especialmente cada ocasión. Ésta era aún otra razón para hacer del Ritz Lisboa el punto de encuentro favorito.

Durante muchos años el Restaurante Grill era también un lugar de encuentro favorito para políticos y hombres de negocios. En su pacífico ambiente, con mesas rodeadas por sillones grandes, la iluminación discreta junto con un menú preparado por el legendario Pierre Gachet hicieron del Grill del Ritz uno de los restaurantes de mayor reputación para Aviz & Tavares. Como el restaurante estaba iluminado naturalmente, su espacio, sus terrazas sobre el parque Eduardo VII lo convirtieron en el sitio favorito para el almuerzo del domingo para las familias cosmopolitas de Lisboa. Ambos restaurantes fueron suministrados por una ejemplar bodega. Algunos años después, uno de los invitados del hotel recuerda el asombro de su abuela que durante su estadía una botella de su vino favorito era comprada para su mesa todos los días, el famoso Château d’Yquem de 1928, como si fuera un vino perfectamente común.

Como complemento a estos servicios, se ofrecía la vida nocturna de Lisboa en sitios dignos y elegantes donde portugueses y extranjeros pudieran bailar. El Nightclub Carrousel fue diseñado por Etrela Faria, respetando las normas del Ritz en todos los modos posibles. Tenía la apariencia de una sofisticada calesita, de allí su nombre. Se podía llegar a través del hotel para la comodidad de los huéspedes pero también directamente a través de la entrada de la calle Castilho.

Dos bandas, una portuguesa y la otra internacional tocaban alternativamente a lo largo de la noche. Entre los famosos músicos que tocaban estaban Mário Simões, Helder Martins, Martinho da Vila y Marino Marini. En 1965 el Carrousel no continuó bajo el gerenciamiento del Hotel pero era manejado directamente por SODIM que nombraba a Carlos do Carmo como director artístico.
Con el advenimiento y subsiguiente mejora de la música grabada, los nightclub acompañaron esta evolución y fueron equipados con los más modernos equipos operados por los mejores discjockeys de la época. Permanecía abierto como un oasis en la noche de Lisboa hasta 1974...

A cafetería compuesta por tres niveles, cercana al garaje del hotel y con acceso a través de calle Castilho era también otra innovación.

Su original concepción generó mucho entusiasmo en el momento y como resultado fue un éxito inmediato. Estaba abierto para el desayuno y sólo se cerraba en las horas tempranas del día.

Como resultado de ello, la cafetería tenía una muy variada clientela, que muy a menudo no tenía nada que ver con el hotel pero se beneficiaba de su intervención.

Era manejado por una concesión y las normas fueron cuidadosamente controladas por el Ritz tanto que sus intentos y propósitos eran que el hotel fuera, en términos de comida y bebida, casi un “pret a porter” y alta costura de la misma familia.

Los esfuerzos para equipar el Ritz con un servicio impecable hasta en los detalles más pequeños no sólo fueron reconocidos por los invitados sino por la prensa internacional. Las revistas internacionales le dedicaron largos artículos y apareció en la portada de Life en septiembre de 1962. Pero su gloria de consagración fue la Guía de Temple Fielding que lo clasificó como “uno de los hoteles más finos que hayamos inspeccionado” , sólo comparable, en palabras del autor, con el legendario Savoy y Claridges en Londres. En una nota más ligera, pero con gran importancia, Temple Fielding advirtió a sus lectores que ahorraran dinero en todas partes pero en Lisboa no tanto como para perderse “esta única combinación de elegancia y sabor”. Los visitantes internacionales así como los locales eligieron el Ritz como el hotel por excelencia en Lisboa y apreciaron sus obras de arte y la perfección de su servicio.

A comienzos de septiembre de 1968, la antecámara, los corredores, salones de descanso, las barras y los vestíbulos del hotel estaban completamente colmados con las mejores y más conocidas personalidades del mundo del cine, moda, junto con los miembros de la aristocracia. Esta situación desconcertaba a los invitados regulares. La anterior Emperatriz Soraya estaba allí con una vieja condiscípula de la escuela de Suiza, María Antonieta Banha da Silva. Begum Aga Khan conversaba con la Princesa Ira de Fuerstenberg. Duarte Pinto Coelho, artista portugués muy conocido en la sociedad cosmopolita disfrutaba la compañía de un grupo que incluía a Audrey Hepburn con sus inevitables anteojos oscuros. El inmenso visón del Zsa Zsa Gabor contrastaba con el Príncipe Harald y la Princesa Sonya de Noruega de apariencia bastante tímida y discreta. Mientras que en el salón de descanso, los bellos ojos de Gina Lollobrigida causaban un revuelo. Más allá Gunther Sachs podía estar entre un grupo de estrellas de cine. En la barra, Henry Ford II conversaba con un grupo de periodistas. Mientras tanto Laurant, el famoso peinador llegaba desde París para dar el toque final a sus clientes. La alta sociedad se juntaba en el hotel desde todas partes del mundo para asistir a la famosa fiesta en la casa de António Patiño. Por los muchos príncipes de sangre real y estrellas de cine, este evento fue conocido en la prensa como el baile de los millonarios. Durante más de 25 años el Ritz fue ‘el’ hotel no sólo para la sociedad de Portugal si no también para todos los viajeros de buen gusto que pasaban por ciudad hasta el albor de la primavera de 1974 cuando la nación despertó alarmada por un golpe militar. Un periodo de la historia del hotel y la nación había llegado a su fin.