Four Seasons The Ritz Lisboa

La Fundación Ricardo Espírito Santo Silva y sus Artesanos

Una de las ideas de los empresarios del Hotel Ritz era legarle a la nación un tesoro que incluyera a lo que todo ese Portugal podría producir mejor en términos de artes y arquitectura. Teniendo presente esta idea, los talleres y los maestros artesanos de la Fundación Ricardo Espírito Santo Silva eran fundamentales para el proyecto. Establecida con el solo propósito de conservar las tradiciones y técnicas de ebanistería y las artes decorativas portuguesas, el prestigio de esta institución de artesanos se difundió en toda Europa. Como resultado, importantes museos de Europa buscaban sus obras para la reproducción y restauración de antiguas piezas de arte. A los talleres de la Fundación Ricardo Espírito Santo Silva se le confió el suministro de muebles de un grupo de habitaciones de lujo y no menos importante, la decoración de la Sala Nobre.

El compromiso de Ricardo Espírito Santo Silva con el proyecto fue por otra parte, todavía otra razón para que la memoria de este benefactor pueda seguir siendo inmortal. Su muerte en febrero de 1955 aunque el edificio estaba en construcción representó sin embargo que este gran coleccionista fuera incapaz de asistir al equipamiento y decoración del Hotel con su gusto y profundo conocimiento del arte por los que era tan mentado.

Las tareas de supervisión de la Fundación fueron encomendadas a Manuel Espírito Santo Silva, designado en ese momento Presidente como resultado de la muerte de su hermano y Guilherme Possolo como Director Ejecutivo. El proyecto de decoración de cinco habitaciones de lujo fue confiado al arquitecto Luis Possolo. Se decidió recrear una serie de entornos palaciegos del último periodo del 18º siglo. Este fue el periodo en el que la decoración de interior de Portugal logró el nivel estético más alto que proporcionaba una atmósfera de refinada comodidad. Estas habitaciones estaban diseñadas como pequeños apartamentos reales como existen hoy en el Palacio Nacional de Queluz.

Las bonitas y significativas piezas de mobiliario se seleccionaron en la Fundación Ricardo Espírito Santo Silva para la reproducción en su único taller en función de amueblar estas habitaciones. Para complementar el moblaje, las paredes fueron pintadas por el maestro Basalisa con el estilo de los temas de Pillement. Durante todo sus trabajos de restauración que se llevaron a cabo en innumerables quintas y palacios. Basalisa se convirtió en un especialista en el estilo de pintura influenciado por este pintor francés. Jean Pillement había desarrollado una tradición de pintura al fresco en delicados temas neoclásicos en Portugal, durante el final del 18º siglo. Estos frescos eran realizados con gran sofisticación aplicando colores delicados de turquesa y ocres brillantes que fueron reproducidos en estas habitaciones. Acorde a la decoración total, se reprodujeron candeleros y candelabros en los talleres de metal y grabado como a su vez los talleres textiles se dedicaban a la tapicería y alfombras. Finalmente la fábrica de alfombras Beiriz reprodujo los diseños creados para las alfombras de pared-a-pared. Una solución tenía que hallarse, que aunque dignificando las artes decorativas portuguesas, estuviera en armonía con el gusto culto y sofisticadamente cosmopolita de la clientela.

El proyecto de la Sala Nobre, como un resultado de su tamaño y estructura espacial de naturaleza decididamente contemporánea, fue más complejo y consecuentemente una solución en ese momento no fue posible. En asociación con Jorge Chaves y Federico Sant’Ana, arquitectos de diseño en el estudio de Pardal Monteiro, se optó por una solución más amplia de un estilo clásico porque se adaptaba mejor a los detalles del espacio. Importantes artículos de mobiliario se reprodujeron en los talleres de la Fundación Ricardo Espírito Santo Silva de acuerdo con la significación del área tales como los magníficos espejos Luis XVI y grandes otomanas Luis XV

Se pidieron cuatro bocetos para los tapices de Pedro Leitão para coordinarlos con estos artículos impresionantes. Se diseñó uno de los tapices para la pared del extremo del cuarto, que tenían el inusual tamaño de cuatro por de ocho metros. Pedro Leilao también proporcionó el diseño para el gran mural en antecámara de la Sala Nobre. Esta inmensa pared fue pintada en sombra de oro con iluminaciones de nácar que ayudan a suavizar la sobriedad de esta área dándole un toque exótico de inspiración japonesa.

El pleno efecto del trabajo de los artesanos era sin embargo sólo totalmente sentido en la galería que era una parte íntegra de este espacio. A esta galería se le dio la forma de una cabina de casa de ópera y se decoró en estilo neoclásico con un sentido fuerte de perspectiva. Las paredes fueron delineadas con seda lujosa y muebles neoclásicos de una impecable calidad estética. La Fundación Ricardo Espírito Santo Silva también suministró los encastres de bronce enchapado en oro para las cortinas que daban el toque final.

Después, en los 80’s cuando el gran trabajo de renovación se empezó en el hotel, las habitaciones de la Fundación y la Sala Nobre demostraron que apropiados habían sido los diseños originales que permanecían inalterados salvo por la obvia renovación de los textiles y tapicería.