Four Seasons The Ritz Lisboa

Una Colección de Arte

Una de las más notables y valiosas posesiones del Ritz Lisboa es su colección de artes que fue armada como un verdadero museo de arte contemporáneo portugués.

Comenzando con el salón principal, a través de las áreas interiores de la antecámara, salones de descanso, restaurantes, corredores e incluso las alcobas, los invitados se agasajan con una sucesión de significativas obras que constituyen uno de las más importantes colecciones de arte portugués de la mitad del 20º siglo.

Esta colección se emprendió durante las últimas fases de la construcción del hotel. La política para la selección de estas obras fue extremadamente discerniente y reveló una preocupación constante en legar a la nación una gran creación. La opinión de Leonardo Castro Freires de aquí en más fue decisiva desde las sugerencias en la selección de los artistas portugueses más importantes de su periodo. Un ejemplo de ello es la presencia de esculturas de los mejores artistas portugueses cuyos trabajos adornan el interior y el exterior del hotel. António Duarte produjo una escultura titulada “O Día e a Noite” para la fachada principal que refuerza la aproximación al edificio. Los bajorrelieves Barata Feyo son posiblemente entre la colección entera de esculturas, los que despliegan el más refinado sentido de composición arquitectónica. Se sitúan en la terraza de la Sala Almada Negreiros y constituyen cuatro tableros masivos. Estos, aparte de la armonía interior, muestran una obvia proporción con la dimensión y la pureza del estilo estético del edificio. Cinco bajorrelieves de Joaquim Correia titulados “Los cinco continentes” enfatizan la entrada a la Sala Nobre a través de la calle Castillo. También es de destacar, el desnudo en bronce de Lagoa Henriques próximo al área de barra que fue especialmente diseñado para su actual ubicación.

Los dos artistas más importantes, en la opinión de los críticos internacionales de ese periodo, Almada Negreiros y Carlos Botelho, fueron seleccionados para el salón de descanso principal, el área de mayor prestigio. Almada Negreiro dibujó bocetos de tres grandes tapices cuyo vigoroso estilo domina totalmente el ambiente del salón. Carlos Botelho pintó dos grandes óleos con Lisboa como tema y éstos inundan el cuarto con la luminosidad de su paleta. Almada Negreiros también diseñó una soberbia pared de mármol en obra de grafito, indudablemente uno de los hitos del Hotel, en el área que lleva desde la antecámara al restaurante.

La escala monumental de los interiores cuyas vastas paredes están delineadas con mármol, lleva a la clasificación de grandes tapices, no sólo en el salón de descanso sino también en otras áreas del interior del hotel. Varios bocetos se pidieron y fueron realizados por la Fábrica de Tapices de Portalegre con la invaluable asistencia técnica de Guy Fino. Dentro de este grupo es valioso mencionar, los amplios verdores de la Sala Norbre diseñados por el entonces joven Pedro Leitão. Mostrando un fuerte sentido del color, sus obras muestran la influencia de Jean Lurcat en la renovación de este estilo de arte de mediados del 20º siglo. Los tapices en el bar con tema bucólico son también del mismo artista. Lino António dibujó un boceto inspirado en los grabados de Manueline Lisbon para las paredes de la escalera que conectaban con la base y el entrepiso. Al mismo tiempo Carlos Calvet y Sara Alfonso diseñaron bocetos para las escaleras del Grill y el atrio de la Sala de los Embajadores en un estilo más popular.

El mural y la escultura de Joaquim Correia que decoran la escalera de la Sala Nobre se mezclan íntimamente con la decoración de los espacios circundantes. El artista muestra su magnífico estilo aquí en un dibujo robusto que es el más apropiado esta pared enorme.

La importancia de cerámicas y azulejos en el contexto del arte portugués no se olvidó y el trabajo se pidió a los más significativos artistas del periodo.

La columna de la escalera de la Sala Nobre se pidió a Querubim Lapa y Jorge Barradas proveyó el largo panel que decora la sala del piso superior. La escena de Lisboa introduce al espectador al magnífico panorama de la ciudad que puede disfrutarse desde la terraza del hotel.

En el campo de las cerámicas del interior del Hotel se exhiben varios tableros de Hein Semke y Magarida Schimmelpfenning.
Aparte de los puestos ocupados con artistas contemporáneos, fueron adquiridas también antiguas obras de arte. Estas incluían dos grandes lienzos del 17º siglo atribuidas al pintor italiano Mario de Fiori (1603 – 1673) que agracian el Restaurante Varanda. Un óleo de la escuela inglesa del 19º siglo, cuelga en el Restaurante Grill, firmado por R.I.G. Entre estos trabajos de arte debe mencionarse el gran reloj francés de bronce cubierto en oro del 18º siglo. Las proporciones y la calidad del diseño de esta pieza muestran que perteneció al círculo de órdenes reales conectadas con Madame Pompadour. Los dos grandes jarrones de porcelana chinos del 18º siglo en azul prusiano y bronce cubierto en oro francés del mismo periodo son también de gran calidad.
Una gran variedad de artistas portugueses como Hogan Julio Pomar, Bartolomeu Cid, Noroña da Costa, Jorge Vieira, David Almeida y muchos otros muestran su arte a lo largo de los corredores, atrios y dormitorios.

En su política constante de patronazgo, el Hotel Ritz ha continuado enriqueciendo su colección de arte comprando o encargando artículos de artistas portugueses como la tapicería de María Helena Vieira da Silva que actualmente cuelga en el entrepiso. La habitación Amália Rodríguez a su vez ha sido renovada y ahora exhibe un óleo de Noronha da Costa. Más recientemente en el tiempo de las grandes renovaciones, dos grandes lienzos con vistas de Lisboa fueron pedidos a Pedro Leitão para la antecámara. Un magnífico retrato de Madame Marquis d’Argis de Joron se ordenó para el final de la galería de compras.