Partimos de Cuzco en dirección noroeste en busca de la Antigua Ciudad Sagrada de Machu Picchu.

La "Perú Rail" es la encargada de transportarnos en uno de los trenes más lujosos de América: el "Hiram Bingham", en honor al descubridor, en 1911, de la Ciudadela Incaica.

La vía férrea serpentea entre elevados cerros descendiendo de los 3.300 metros de Cuzco a los 2.280 de nuestro destino final. Una gran parte del recorrido acompaña el andar del Río Urubamba, el más importante curso fluvial del Valle de los Incas. Al dejar atrás el poblado de Chachabamba, iniciamos la aproximación a la Estación Terminal de Aguas Calientes, punta de rieles del servicio de la "Perú Rail".

Desde Aguas Calientes es necesario caminar sólo 1.500 metros para arribar a la estación arqueológica.

Aquel 24 de junio de 1911, Hiram Bingham se asomó asombrado a lo que restaba de una ciudad notable para decir: "Apenas podía creer a mis ojos mientras examinaba los grandes bloques de piedra que eran de la más grande belleza en su diseño. Jamás se ha encontrado nada semejante a ellos en lo que toca a dibujo y ejecución."

Machu Picchu fue construida por los incas en el Siglo XV y fue abandonada en la centuria siguiente ante la llegada de los conquistadores. Era una ciudad fortificada que dominaba un precipicio de 500 metros en cada una de sus vertientes. Entre sus murallas existían 150 edificios que se intercomunicaban por medio de escaleras. Entre los picos de Machu Picchu y Huayna Picchu, la ciudadela luce admirable e imponente.

Las construcciones fueron realizadas utilizando grandes bloques de piedra, algunos de los cuales, llega a pesar más de 10 toneladas. Colocados en hileras, perfectamente acoplados al punto de no permitir el filo de un cuchillo entre ellas, las perfiladas rocas miden cuatro metros por un
metro y medio.

Al contemplar los edificios, el visitante se pregunta: ¿cómo este pueblo que no conocía la rueda ni el hierro, sin caballos y con caminos únicamente peatonales, pudo transportar los enormes bloques y asentarlos unos sobre otros?. El primer que se formuló la pregunta fue Hiram Bingham: "¿Creería alguien lo que yo había descubierto?. Afortunadamente yo tenía una buena cámara y el sol brillaba".

Maestros en el arte de construir terrazas, los incas aplicaron esa técnica en la edificación de Machu Picchu y la extendieron en plataformas escalonadas de más de 100 peldaños gigantescos. A veces, los escalones están tallados en un solo bloque y ajustados a las inclinaciones naturales de la montaña.

En el silencio quebrado de tanto en tanto por el viento, bajo la vigilancia de cerros pétreos vestidos por nubes vaporosas y lentas, deteniendo la mirada en las paredes desnudas de lo que fuera suntuosa Ciudad Sagrada, el viajero se sorprende iniciando un viaje interior cargado de interrogantes que sólo el tímido suspiro parece contestar.

Frente al Huayna Picchu se alinean los templos y en perfecta simetría, desde allí, se distribuyen las casas y los depósitos separados por callejuelas angostas que no se cansan de trepar y bajar por las plataformas. Al fin del precipicio, el Río Alcamayo, turbulento a veces, da la impresión de saludar entre los borbotones de sus aguas apresuradas.

Texto de Carlos Bruzera

Nuestra meta es Machu Picchu.
Mientras transitamos llenos de asombro el paisaje andino, nos acosan interminables interrogantes, inesperadas visiones sobre lo que encontraremos al final del camino, entre los picos helados de Machu Picchu y Huayna Picchu, en el mítico Valle del Urobamba.

Lo que el visitante encuentra, finalmente, en ese maravilloso rincón del mundo, es emocionante. Las imágenes danzan, entonces, su baile sorprendente, de aturdida realidad, ante la impresionante naturaleza que termina por invadir el corazón y los sentidos.

Machu Picchu se encuentra a 3.100 metros de altura sobre el nivel del mar y fue construida por los incas en el Siglo XV. Era una ciudad fortificada que dominaba un precipicio de 500 metros en cada uno de sus puntos cardinales y dentro de cuyas murallas existían más de 160 edificios.

En una agreste geografía que configura una meseta escalonada con más de 100 desniveles gigantescos, el espectador enmudece al comprobar que este conjunto de escalones de entre seis y diez por vertiente, fueron tallados sobre un solo bloque de piedra. Tales escaleras eran imprescindibles para que los habitantes salvaran la topografía escarpada y pudieran comunicarse entre las murallas.

El descubridor de Machu Picchu, el arqueólogo Hiram Bingham, que hasta allí llegó el 24 de junio de 1911, guiado por el joven Melchor Arteaga, de origen quechua, relató en su libro "La Ciudad Perdida de los Incas" sus impresiones sobre lo que absorto admiraba: "Cada edificio contaba sólo con tres muros y se hallaba enteramente abierto en un lado. Las paredes del templo principal, de doce pies de altura, estaban perforadas por nichos exquisitamente labrados, cinco arriba en cada extremo y siete en la parte de atrás. (...) El edificio no tenía el aspecto de haber sido jamás techado. La fila superior de los bloques, bellamente pulidos, no se suponía que fuera cubierta, de modo que el sol recibiera la bienvenida de los sacerdotes y de las momias. Apenas podía creer a mis ojos mientras examinaba los grandes bloques de la hilera inferior y calculaba que debían pesar de diez a quince toneladas cada uno. Creería alguien lo que yo había descubierto?".

Cuando uno recorre lo que resta, luego de emocionarse ante el Templo del Sol, deteniéndose ante el Mausoleo Real y la Plaza Sagrada, es el momento en que el visitante suspira anonadado, cuando recuerda que los incas desconocieron la rueda y jamás utilizaron vehículo alguno. ¿Cómo hicieron para levantar tamaños bloques de roca construyendo tal maravilla con sólo sus manos y utensilios menores?. ¿Cuál fue el secreto que se llevaron aquellos hombres embuidos de tanta fe en su Padre Sol?.

Mirando de frente el Huayna Picchu, observando deleitado el panorama, se encuentra uno en el sector destinado por los incas a la actividad religiosa. Nadie puede escapar, entonces, al magnetismo de sus piedras, de sus misterios y al ritmo elocuente de los corazones puestos a prueba ante tamaña e irrepetible experiencia. Cuando el visitante abandona Machu Picchu, ya no será el mismo que llegara.

Avanzando paso a paso, llegamos a uno de los sitios con mayor misticismo, con más profundo sentido astral: la Intihuatana, la enigmática piedra donde los sacerdotes "ataban al sol". Ese sol de cuyo poder dependían cosechas y futuros como pueblo elegido del astro rey.

Según quiere la leyenda, no considerada por el inca Garcilaso, entre otros, de Machu Picchu partieron los cuatro hermanos. Manco, Kachi, Auca y Uchu para fundar Cuzco, la ciudad que se constituyera en el escenario del ejercicio del poder del Imperio del Sol.

Asomado a las cumbres adornadas con vaporosas nubes blanquecinas, al sorprendente universo de una cultura que continúa latiendo imperturbablemente, se alza el "Hotel Machu Picchu Santuary Lodge".
Vestido en forma permanente de fiesta, sus recintos, sus estancias, permiten sorprenderse con el espectáculo sin finales, que ofrece el enigmático e hipnótico mundo de la fortaleza incaica. El placer siempre renovado de gozar sin prisa de la hospitalidad se adentra en el visitante al mismo tiempo que el panorama cautivante que transcurre unos metros más allá.
Con la secreta sabiduría de los hados estelares, en un universo que conmueve en lo más profundo de nuestro ser, Machu Picchu se troca en una de las mayores herencias que el hombre acostumbra a dejar en el camino que transita hacia la eternidad.

Este monumento, uno de los más valiosos testimonios de la civilización, subyuga y sus piedras toman de improviso un extraño magnetismo que se adosa a cada uno de los recién llegados como intentando transferirle los secretos hondos de la vida.

Las piedras de Machu Picchu tienen su idioma. Un lenguaje que acostumbran a traducir los chamanes mientras una lluvia de coca se estaciona sobre el tejido de alpaca.

Habla de creencias cercanas, del dolor y la esperanza de un pueblo que supo de esplendores y soberanía.
La fortaleza parece adormilada. El Valle de Urubamba la ciñe como un cordón incaico en el cual los nudos de sus rocas dispersas, murmuran y continuarán murmurando, cosas que fueron pretéritas y ciertas que perduran, y de una fe que se resiste a morir acorralada por nuevas religiones.

Si en los anocheceres uno se asoma a Machu Picchu en la velada penumbra andina, es posible que vislumbre con paso lerdo, la figura de algún sacerdote acercándose al fuego sagrado, en la espera de la promesa del sol retornando al majestuoso País de los Incas, al Imperio del Sol.

La ciudadela de Machu Picchu es el más importante de los atractivos turísticos del Cusco. Descubierta en 1911 por el explorador norteamericano Hiram Bingham, esta ciudadela es considerada una de las más extraordinarias muestras de arquitectura paisajística del mundo.

Machu Picchu (en quechua, 'montaña vieja'), está enclavado en la cima de una montaña que domina el profundo cañón del río Urubamba, en plena selva tropical, constituía a la vez centro de culto y observación astronómica y hacienda privada de la familia del Inca Pachacútec.

Consta de dos grandes áreas: una agrícola, formada principalmente por andenes y recintos de almacenaje de alimentos; y otra urbana, en la que destaca la zona sagrada, con templos, plazas y mausoleos reales trabajados con un exquisito nivel de perfección. Las escalinatas y canales de piedra labrada son una constante a lo largo de este singular sitio arqueológico. Frente a la ciudadela se levanta el Huayna Picchu (en quechua, 'montaña joven'), al que se accede por un empinado camino de piedra.

Desconocida por los españoles, desaparecida de la memoria de los Incas, Machu Picchu salió de su olvido sólo en 1911.

¿Cuáles fueron los motivos de un descuido tan largo, comenzado ya antes de la Conquista? Quizá fue una provincia rebelde, castigada de un modo tan cruel como para ser borrada de la historia. ¿O fue la residencia real del Emperador Pachacuti, abandonada una generación después de su muerte? ¿O una ciudad-fortaleza creada por exigencias estratégico-defensivas? ¿O la residencia de las Vírgenes del Sol?

Ante estas piedras gigantescas, en una atmósfera mágicamente suspendida en el tiempo, lo imaginario puede sobrepasar la realidad y la historia. La clave del misterio aún vaga por estas ruinas. Aferrada a un espolón rocoso, que desde sus 2.450 metros domina el Valle del Urubamba, la ciudad parece un lugar inaccesible, sacramente suspendida entre los montes y el cielo. Templos (Principal, del Sol, del Cóndor, de la Luna, de las Tres Ventanas), la Casa de los Guardianes de las Terrazas, el Palacio de la Princesa, la Casa del Guardián de la Fuente, el Sector Real, el Sector Agrícola, con los bancales que terminan en el Arroyo Seco, el Barrio Común, la Roca Sagrada, cuyo perfil está modelado imitando el fondo de las montañas, y plazas, calles, infinitas escaleras.

Este extraordinario complejo revela una unidad de concepción, debida probablemente a la obra de grandes arquitectos. Subiendo a la colina, se llega al Santuario más importante: la Intihuatana.

¿Medida del juego interminable de los astros?
¿Tabla para el cálculo?
¿Cuál era la función de esta piedra sagrada?

En todos los grandes centros religiosos incas se encontraba una parecida, pero ésta es la única en todo el Perú que escapó a la furia iconoclasta de los Conquistadores.



Tras estas minas casi intactas, ocultas durante siglos por la selva, tan cerca de los astros, se tiene la impresión de transcurrir hacia lo infinitamente grande, que trasciende al individuo, hacia el fondo más oscuro de nosotros mismos, casi de que Machu Picchu pudiese materializar todos los interrogantes existenciales y eternos, que el alma del hombre se obstina en indagar.



 
"Entonces en la escala de la tierra he subido
entre la atroz maraña de las selvas perdidas
hasta ti, Machu Picchu...

Madre de piedra, espuma de los cóndores.
Alto arrecife de la aurora humana.

Pala perdida en la primera arena ".

Así cantaba Pablo Neruda.

Carlos Horacio Bruzera
Nota Escrita Especialmente para el PRIMER PORTAL ARGENTINO DE TURISMO MUNDIAL.
Derechos Reservados. Prohibida su Reproducción Total o Parcial

MACHU PICCHU

Esta es su oportunidad para tomar parte en la primera votación democrática global de internet, jamás realizada, para determinar  las 7 NUEVAS MARAVILLAS DEL MUNDO. Identificar estas maravillas llevarán un importante valor simbólico para las generaciones venideras como una manera de celebrar la riqueza de las proezas humanas.




Apoyemos a Machupichu votándolo.


Clima: Lluvioso durante todos los meses de verano (de diciembre a marzo). Soleado entre mayo y setiembre, aunque aún entonces no son raros los chubascos. Las temperaturas máximas alcanzan los 27° C, mientras que las mínimas raramente descienden de 11° C.
Acceso: Se ubica a 3 horas de viaje en tren desde la ciudad, aunque también se puede llegar a ella en helicóptero (30 min) o a pie (4 días por el Camino Inca).