LIMA se alza en un fértil valle, sobre una terraza a 200 metros de altura, a orillas del Río Rimac y al pie del Cerro de San Cristóbal. Francisco Pizarro la fundó en 1535 llamándola Ciudad de los Reyes en honor del Emperador Carlos V y su esposa Isabel de Portugal. Pero el regio nombre finalmente quedó superado por el que naturalmente se imponía: Lima. Denominación inspirada en su vecino Rimac "El Hablador", en lengua quechua, y que alude al río que transcurre cristalino y cantarín por el valle andino.

Los límites de la antigua Lima han desaparecido hoy al conjuro de su moderno ritmo capitalino y se extiende hacia las sierras con los barrios Leticia, San Cosme y El Agustino y luego hacia el mar, rumbo al Callao con los Distritos de Miraflores, Barranco y Chorrillos.


La virreynal Lima atesora verdaderas obras de arte del barroco colonial. La Catedral, a la vera de la Plaza de Armas es uno de sus ejemplos. Erigida en el Siglo XVI, el terremoto de 1746 la destruyó casi por completo, siendo reconstruida empleando nuevas técnicas capaces de soportar los temblores de tierra. Para ello se utilizaron falsas bóvedas de cañas maderas revestidas de estuco, sistema que se conoció como quincha y fue posteriormente utilizado en otras obras limeñas.

Si se recorre Lima detenidamente es posible advertir la presencia de casi todos los estilos arquitectónicos que se dieron en esta bella capital del Perú.

La Catedral, de la que hablábamos, es la obra más significativa de la arquitectura limeña. En su capilla menor, un cofre de cristal custodia los restos de Pizarro, el valeroso y discutido conquistador extremeño que con sólo 180 hombres fue capaz de conquistar el Imperio de los Incas. La suma de los estilos, como en un muestrario cautivante, enseñan líneas criollas mezclándose con elementos andaluces, barrocos, platerescos, churriguerescos y hasta orientales.

Si profundizamos más aún, veremos cautivados la belleza de los portales rectangulares de sus casas, luciendo los escudos de armas familiares en los dinteles. Podremos admirar sus ventanas protegidas por rejas de madera y en hierro forjado. Nos detendremos entusiasmados bajo los balcones asimétricos de madera, embellecidos de celosías, cornisas y delicados calados en voluta que asoman para vestir de arte los recatados miradores.

Y Lima nos seguirá sorprendiendo cuando descubramos tras las fachadas recatadas de sus iglesias, el colorido y el lujo de sus interiores en donde de una sinfonía de arte en madera, espejuelos y oro, nos mostrarán la finura de la artesanía popular peruana.

El Palacio Torre-Tagle, que hoy ocupa el Ministerio de Relaciones Exteriores es una preciada reliquia de América construida en 1735 en estilo andaluz con reminiscencias árabes. Sus preciosos balcones le otorgan el tono intimo y bello del espíritu de la ciudad de los virreyes.

En Lima está presente también el general San Martín y sobre todo, la evocación de aquella hermosa mañana del sábado 28 de julio de 1821 cuando, llevando la primera bandera peruana y proclamando la independencia recorrió con su comitiva las viajas calles y plazas de la ciudad. Transitó por Coca, Bodegones, Melchormalo, Concepción, Lechugal y San Andrés hasta la plaza de Santa Ana y luego por Descalzos, Mercedes y Caridad hasta la plaza de la Inquisición, la misma en donde hoy se levanta el Monumento a Simón Bolívar.

El viajero inglés Basil Hall que presenció el acontecimiento recuerda con qué "enorme entusiasmo sin ejemplo en los anales del país y no visto en América un concurso ni más lucido ni más numeroso".

La ciudad que vio nacer a Santa Rosa y a San Martín de Porres continúa custodiando el espíritu de aquella vieja Lima del pasado.

 

El escritor Enrique Carrillo decía sin embargo: "¡Cuanto extraño yo esa Lima de antaño con su aire señorial y caduco, con su sonoro vocerío de campanas!".

Será así?.

Deambulando por su Plaza de Armas, por sus barrios coloridos cargados de flores que no se detienen un segundo en embalsamar el aire purísimo. Recorriendo Barranco y San Isidro, nos cuesta aceptar que Lima, la Lima de siempre no sea la que vemos admirándola.

Para decirnos que perdura están las canciones de Chabuca Granda, la peruana de Apurimac, repitiendo los versos de "La Flor de la Canela", "Fina Estampa", "Lima de Veras" y "Zeño ?anué". Y está en sus noches translúcidas pobladas de marineras y en sus valses que arremolinan emociones como en las volutas de sus balcones añosos. Está en el paseo en tranvía por el Paseo de Chabuca y en el Puente de los suspiros...

No!.



La Lima virreinal aun palpita en cada rincón anochecido, en cada cadencia de una limeña transitando la Alameda con jazmines en el pelo. En el decir del poeta Hernán Velarde:

"Ni pararrayos ni tejas,
grandes casas con blasones,
artesonados balcones
y celosías y rejas.
Plaza con pila y canales
y palacio virreinal
y cabildo, catedral,
covachuelas y portales.
Cien iglesias de amplios coros,
de torres gran profusión,
Plaza de la Inquisición
y además plaza de toros...

Si fuera poco, aun restan los versos que la pintaron y la pintan:

"Déjame que te cuente limeña
déjame que te diga la gloria.
Del ensueño que evoca la memoria
del viejo puente del río y la alameda"

0 en la armonía del canto anochecido con rumores de empedrados y aromas:

"Ave María Purísima
Viva el Perú y sereno..."


Carlos Horacio Bruzera

Nota Escrita Especialmente para el PRIMER PORTAL ARGENTINO DE TURISMO MUNDIAL.
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