Destino: MARRUECOS  :: HISTORIA

 

 

 

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Prehistoria

Las excavaciones arqueológicas realizadas a partir de la década de los ‘50 documentan la ocupación humana del territorio de Marruecos desde la más remota antigüedad, paralela a la de los territorios europeos vecinos.

Los yacimientos del Paleolítico Inferior han proporcionado restos de homínidos que se remontan a 300.000 años antes de Cristo, que pertenecen al tipo llamado “atlántropo” presente en África del Norte. Estos individuos se parecen al pitecántropo encontrado en China, Java e Indonesia, que se remonta a 700.000 a.J.C. A los restos encontrados cerca de Casablanca se les identifica como “Hombre de Sidi Adberrahman” y como “Hombre de Rabat” al descubierto en los alrededores de esta ciudad.

El Paleolítico Medio está representado por el Hombre de Yebel Ighoud, hallado cerca de Safi, de una antigüedad de 50.000 años, contemporáneo del Hombre de Neandertal. En el Paleolítico Superior, el Maghreb estaba poblado por civilizaciones propias. Una de ellas, la “iberomaurisiana” se caracteriza por una pequeña industria lítica de puntas de lanza y agujas. Estos iberomaurisianos se denominan “de Mechta El-Arbi”, están muy cercanos a los Cromagnones y, por lo tanto, a la especie humana actual. Tenían una auténtica civilización con prácticas con carácter mágico, fabricación de elementos de adorno y sus muertos eran inhumados siguiendo rituales bastante complejos. Se les encuentra en Dar Es-Soltane, Tit Mellil, El Kenzira, Ain Fritissa y Tafoghalt. Algunos estudiosos sostienen la posibilidad de que en una última migración los Hombres de Mechta El-Arbi alcanzaran las Islas Canarias.

La otra civilización del Paleolítico Superior fue la llamada “capsiana”, que ocupó vastos territorios del Maghreb central y oriental, originaria -posiblemente- del Cercano Oriente. Estas dos culturas conocieron a finales del periodo Wurm, unos 10.000 a.J.C., el nacimiento del Sahara, que les obligó a desplazarse en busca de agua y pastos. Lo hicieron en tres direcciones, hacia el Norte, ocupando los territorios actuales de Marruecos, Argelia y Túnez, hacia el Este y hacia el Sur. Una parte importante, sin embargo, se mantuvo en el lugar, adaptándose a las nuevas condiciones de vida.

 

Los Bereberes

La ola migratoria no encontró tierras vírgenes, porque está demostrado que el Maghreb se cuenta entre los territorios más antiguamente poblados. De las condiciones y resultantes de esa fusión entre los habitantes primitivos y los recién llegados se ignora casi todo. Sin embargo, los historiógrafos árabes afirman sin reservas que los beréberes no sólo son de origen oriental (capsiano), sino que se remontan a los yemeníes. Numerosas pruebas avalan esta hipótesis, entre las que destaca la similitud de escrituras encontradas en Marruecos, con otras de Egipto, Nubia, Sinaí y Arabia. También son importantes las semejanzas entre la arquitectura yemení y los ksours y kasbahs marroquíes, que también están presentes a lo largo de toda la ruta entre Yemen y Marruecos, pasando por Etiopía, Sudán y Nubia.

Es esta cultura, en fechas que hasta ahora no han podido establecerse con certeza, la que toma contacto con los primeros marinos fenicios que llegaron a las Columnas de Hércules procedentes del otro extremo del Mediterráneo, para fundar Lixus (cuyas fantásticas ruinas pueden admirarse a 5 km. de Larache), Russaddir (Melilla) y -posiblemente- Gades (Cádiz).

Con la decadencia de Fenicia comenzó la preeminencia de Cartago, uno de cuyos almirantes más famosos, Hannon, realizó un largo viaje por las costas atlánticas de Marruecos, fundando nuevas factorías y revitalizando las antiguas.

El motor de los navegantes fenicios y cartagineses fue principalmente el comercio con las poblaciones locales, aunque evidentemente influyeron en la cultura del Reino de Mauritania. Este reino, constituido en el s. IV a.J.C. por una federación de tribus beréberes, acuñó moneda en Lixus con leyenda en lengua púnica. En este periodo ya estaban habitadas Tingis (Tánger) y Sala (Rabat).

 

Presencia Romana

Roma sucedió a Cartago en el s. II a.J.C., aunque no fue hasta los albores de nuestra Era, cuando Augusto se interesó por la región, confiriendo a los habitantes de Tingis el derecho a la ciudadanía romana. También fundó las colonias de Zilis (Asilah), Babba Campestris y Banasa.

En el año 25 a.J.C., el rey berebere romanizado, Juba II, recibe de Augusto un Reino que incluía Marruecos y Mauritania, cuya capital se supone en Volubilis. Su hijo y sucesor Ptolomeo, fue asesinado por orden de Calígula, quien dividió el reino en dos provincias, dando origen -en el oeste- a la Mauritania Tingitana (actual Marruecos y Mauritania).

Durante el periodo romano se crea una red de carreteras, cuyo inicio se situaba en Tánger. De allí partían dos vías principales, una de ellas hasta Sala (Rabat) recorriendo el litoral atlántico y la segunda llevaba hasta Volubilis. El corredor de Taza pudo ser el vínculo terrestre entre la Mauritania Tingitana y la Mauritania Cesariana.

Las relaciones con la metrópoli eran fluidas y así, los jinetes africanos tuvieron un lugar destacado en el Ejército Imperial en las campañas del Rin, el Danubio y el Eufrates y, además, Roma recibía toda clase de productos provenientes de la Tingitania tales como trigo, aceite, conservas de pescado, garum, madera de tuya, etc.

La dominación romana duró hasta principios del s.V d.J.C. en el área de Tánger. Se supone que, posteriormente, las poblaciones beréberes romanizadas conservaron la civilización grecolatina hasta la invasión árabe. Vándalos, Bizantinos y Visigodos parecen haber ocupado algunos puntos, principalmente Tánger, Ceuta y Essaouira pero en el s. VII d.J.C., la civilización antigua se encontraba ya en total decadencia.

En las regiones de Volubilis y Tánger se han encontrado numerosas fábricas de salazón de pescado y almazaras.

 

Las Dinastías Marroquíes

Situado en una encrucijada, Marruecos ha sido el motor de la historia musulmana en Occidente bajo los Almoravides y los Almohades, dos dinastías creadoras de imperios. El inicio del estado marroquí actual se remonta a los Idrisíes, se forma definitivamente a partir de los meriníes y se consolida con la dinastía Alauí, actualmente reinante, desde 1666.

El 670 de nuestra era, Oqba Ibn Nafi funda Quairawan (Kairuán), la primera ciudad musulmana en el Maghreb y desde allí, lanza la campaña para conquistar Marruecos. Según la leyenda, Ben Nafi llegó a Massa, en la costa atlántica y llevó a su caballo hasta las olas, tomando a Dios por testigo de que sólo este mar le impedía combatir por El en países más lejanos.

De todos modos, no fue posiblemente hasta el 705, cuando Moussa Ibn Noceir extendió la dominación árabe hasta el Atlántico y las regiones presaharianas del Tafilalet y del Dra.

Después de la conquista de la Mauritania Tingitana, Muza envió a Tariq Ibn Ziyad a la conquista de la Península Ibérica. Desembarcó en Djebel el-Tarik (Gibraltar) y fue seguido más tarde por el propio Muza y sus tropas. La caída del reino visigodo dejó el campo libre para la conquista de la mayor parte de la península ibérica.

Con esta conquista, el Imperio Árabe se extiende desde Persia al Atlántico, resultando demasiado extenso y, sobre todo, diverso, como para que no se manifestaran tendencias separatistas. Esta situación da lugar a la aparición de reinos disidentes, como el kharají de Sijilmassa o el de Berghuata. La rebelión del 740 contra los califas omeyas de Damasco, marca el origen de otros reinos independientes en el territorio.

Moulay Idriss Ibn Abdallah, que había escapado de la masacre que siguió a la batalla de Fakh (786) ordenada por el Califa de Bagdad, se refugió en Marruecos. Reconocido como imán por las tribus de Tlemcen y del Bou-Regreg, consolida el islamismo, inicia la fundación de Fez y crea la primera dinastía marroquí. Su hijo, Idriss II, traslada la capital del reino de la primigenia Oualili (sobre el emplazamiento de Volubilis) a la recién fundada Fez. Este rey muere en el 828 y su reino se divide entre sus hijos y hermanos. Fez vive su época de esplendor con la construcción de las mezquitas Qarauiyn y de los Andalusíes. La dinastía de los idrisíes alcanza el cenit de su poder cuando, en el s. XI, son proclamados califas de Córdoba. Su caída es consecuencia de los reveses en España y del surgimiento en Marruecos de los Almorávides, provenientes de los monasterios del desierto.

Estos beréberes, familia de los Sanhadja, eran guerreros religiosos y buscando la purificación del Islam, imponen un ritual austero en el reino. Dominaron el Draa, el Tafilalet (toma de Sijilmassa y Audaghost hacia 1055), el Sous, Aghmat y Tadla. Su jefe Ibn Yasin murió en una expedición contra los berghouatas en el valle del Oued Korifla. Le sucedió Abú Bekr a quien se considera fundador de una fortificación en lo que hoy en día es Marrakech. Yusuf ben Tashfin la designa capital del reino, al que termina dándole su nombre. Este rey conquistó Fez, el Moulouya, el país de los Haouara, Tánger, Ceuta, el Rif y la parte oriental de Argelia.

Llamado por los emires de Sevilla, Badajoz y Granada que se sentían amenazados por Alfonso VI de Castilla después de la toma de Toledo en 1085, penetró en España hasta el Ebro, derrotando a las tropas de Alfonso VI. Regresó a Marrakech, preparando una nueva expedición -esta vez para extender su autoridad sobre toda la España meridional- ganando el reconocimiento como uno de los más grandes soberanos del Islam occidental.

Sus conquistas abrieron una época de fluído intercambio entre la España musulmana y el Maghreb. Tanto Yusef ben Tashin como su sucesor Ali ben Yusef, erigieron monumentos de estilo andaluz en Marrakech, Fez y Tlemcen.

 

A los beréberes sanhadja del Sahara les sucederán otros beréberes: los Almohades, de la familia de los Masmoudas originarios de Tin-Mal (Alto Atlas). Uno de éstos, Ibn Tumert se declara enviado de Dios (mahdi) y predica la pureza de las costumbres, rebelándose en 1121 contra los A lmorávides. La lucha termina con la toma de Marrakech en 1147. También conquistó las principales ciudades de Andalucía, Argelia y Túnez, originando un gran imperio.

Su discípulo Abd el-Moumen funda la dinastía almohade y adopta el título de Califa, que ostentaban los reyes de Bagdad y Córdoba, haciendo decir la oración en su nombre desde Trípoli hasta Castilla. Crea una poderosa flota, organiza una administración liberal y funda universidades, extendiendo la civilización hispano-musulmana por todo el Maghreb.

Le sucede Abu Yacub Yusef (1163-1184), también amante de la filosofía y de las artes. A su muerte, sube al trono su hijo Abu Yusef Yacub el-Mansur (el Victorioso) que reina entre 1184 y 1199. Después de reprimir las revueltas en el Este de su imperio, derrota a los castellanos en Alarcos, en 1195. Esta victoria le procuró un cuantioso botín, dedicado principalmente a la realización de monumentos, que son tan fundamentales para la historia de la dinastía en el Maghreb y en España, como lo son los documentos dejados por los cronistas.

 

A su muerte, las derrotas se suceden en España, el imperio almohade se debilita y su doctrina religiosa se rechaza.

La situación hace que los soberanos Almohades llamen en su auxilio a los Meriníes. Estos nómadas zenetes originarios del Sahara aprovechando esta coyuntura, en 1248 ocupan Fez y posteriormente Marrakech, iniciando una nueva dinastía.

Abu Yusef Yacub (1259-1286) domina hasta el sur de Marruecos, incluyendo Sijilmassa, el Dra y el Sous; Ceuta le paga tributo y, después de guerrear contra los príncipes cristianos, toma posesión de varias ciudades españolas.

En 1270 rechaza el ataque de los árabes nómadas venidos de Tripolitana que hostigaban el paso de las caravanas al Sudán. En 1276 construye Fez el Jedid.

A principios del s. XIV la autoridad de los Meriníes se extiende por todo el Maghreb y, amantes de las letras y de las artes como sus contemporáneos los reyes de Granada, embellecen todas las ciudades importantes de su reino.

Durantes los reinados de Abu el Hassan (1331-1349) y de Abu Inan (1349-1358), soberanos de gran energía, toda el África del Norte estuvo sujeta a la autoridad Meriní. Después de ellos, el imperio entró en crisis por las luchas de sucesión y revueltas tribales. La toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492 marca el declive definitivo de la dinastía, sucedida brevemente por los Uatas, también de origen zenete. Los tratados suscritos por ellos con las potencias cristianas, facilitando la instalación de españoles y portugueses en el litoral atlántico marroquí provocan el descontento popular y su consecuente caída en 1548.

 

Ese clima de exaltación religiosa favoreció el ascenso de unos descendientes de Mahoma oriundos del Dra, la tribu de los Beni Saad. Desde el principio, se empeñaron en una guerra santa destinada a expulsar a los extranjeros, que se vio coronada por el éxito recuperando Agadir, Safi y Azzemour (1541-1542). La campaña termina definitivamente en 1578, con la batalla conocida como la de los “Tres Reyes” que aparta definitivamente a los portugueses. Ahmed el Mansur se apodera del Touat y del Gourara y asegura el control de la ruta del oro de Sudán con la toma de Tumbuctú y los pasos del Níger. Fue llamado Ed Dehbi (El dorado) por las inmensas riquezas obtenidas en estas campañas y con las que adornó su capital, Marrakech. Tanto con él como con sus sucesores, Marruecos conoció un periodo de gran prosperidad. El Haouz de Marrakech se convirtió en un importante centro de comercio internacional, cuyos productos conquistaron los mercados de la Europa occidental.

 

A principios del s. XVII, Marruecos recibe a los últimos árabes españoles expulsados de la península por negarse a abrazar el cristianismo, recogiendo así la última herencia de la España musulmana. Parte de estos moriscos organizan en Salé una república independiente.

Desde mediados del s. XV, los descendientes de Alí (yerno de Mahoma), reinaban como soberanos independientes en la región del Tafilalet. A partir de ese enclave Mulay Sherif y sus sucesores se proponen reunificar Marruecos, tarea que comienzan en 1666. Mulay Ismail, dotado de una auténtica conciencia nacional, se revela como un eficaz organizador que, durante su largo reinado (1672-1727), consigue modernizar el estado. Traslada la capital a Meknés, a la que dota de gran esplendor, retoma Tánger a los ingleses (1684) y Mehdia y Larache a los españoles. Extiende su poder hasta el Senegal y construye una cadena de fortalezas (kasbahs) para controlar los confines de su imperio. En el terreno internacional, tuvo como interlocutores a Luis XIV de Francia, el “Rey Sol” y a Jacobo II de Inglaterra.

 

Marruecos en la actualidad

En la actualidad, Marruecos es una monarquía constitucional con un sistema bicameral (el Parlamento y la Cámara de los Consejeros). El monarca actual Su Majestad el Rey Mohamed VI de la Dinastía Alauí ha sido entronizado el 30 de Julio de 1999, después del fallecimiento de su padre Hassan II que ha reinado durante 38 años.

 

Para más información

EMBAJADA DEL REINO DE MARRUECOS

www.embajadamarruecos.org

C/ Serrano 179, 28008 Madrid

Tel: 91 563 10 90 Fax: 91 56178 87

 

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Fuente: Turismo Marruecos
Es Una Contribución de 
LOS ESPECIALES DE...EL TURISMO Y LA HOSPITALIDAD 
A LA DIFUSION DEL TURISMO Y DEL PATRIMONIO CULTURAL MARROQUI.