Baalbeck es uno de los sitios arqueológicos más atractivos del mundo entero, situado al Este del Líbano, donde el Valle de la Bekaa se extiende entre dos cadenas de montañas.
Originariamente, Baalbeck era un sitio muy antiguo que se hizo famoso luego de la incursión de Alejandro Magno que la jerarquizó a nivel de Heliopolis, la Ciudad del Sol. Con la conquista romana y la construcción de otros templos, la ciudad se convirtió en un sitio religioso importante.
Baalbeck, este monumental santuario fue construido en tres templos principales. El recorrido empieza con el Templo de Júpiter el más grande, pero no el mejor conservado. Se construyó durante el dominio del Emperador Augusto, a principios de la Era Cristiana, y terminó de construirse a mediados del siguiente siglo bajo el reino de Nerón.
El Templo mide 88 metros de largo y 48 metros de ancho, apoyado sobre 54 columnas. De éstas, sólo seis permanecen de 22 metros de alto y 2 metros de diámetro. Un hecho impresionante.
La obra maestra de Baalbeck es, indudablemente, el Templo de Baco. Sumamente bien conservado, gracias a los aportes árabes. El Templo fue protegido durante siglos de los saqueos y construido en el segundo siglo d.C., unido al Templo de Júpiter. El acceso al mismo se realizaba por una imponente escalera y por una puerta colosal, decorada finamente. El interior del Templo es sensacional, abierto al cielo, con sus nichos tallados y flanqueados por columnas. Una luz tenue ilumina el Templo reflejando sobre las piedras un tono dorado. A pocos metros, el Templo de Venus, construido en el Siglo III, simboliza una verdadera joya de la arquitectura romana. El Templo se diseñó en una inusual forma circular.
En Baalbeck uno debe visitar también la Mezquita Omeya del Siglo VIII, construida con elementos de la Iglesia bizantina que, anteriormente, se hallaba en el mismo sitio.
También se disfruta visitando los demás Templos como Majdel Anjar Niha y Dekweh.


Una ciudad antigua mencionada en el famoso "El-Amarna", cartas del Siglo XIV a.C., Sidón conoció muchos levantamientos en el curso de sus 6.000 años de historia.
Como otras ciudades fenicias, Sidón fue dominada por Persia, así como por Grecia y Roma, antes de las conquistas árabes. Estos fueron seguidos por los Cruzados y luego por los Mamelucos.
Parado, orgullosamente, en el mar enfrentando al viento y el clima, el Castillo es del tiempo de los Cruzados, cuando Sidón se arrogaba ser la Soberana de Sagette.

Después de visitar el castillo, deténgase cerca del Parador Gubernamental con sus jardines que dan al mar, un lugar agradable para tomar una taza de café o servirse una comida. Sidón posee varios restos del período Mameluco y Otomano: la Gran Mezquita y Khan el-Franj.
El Khan o alojamiento, actualmente en restauración, se construyó en el Siglo XVII, en resguardo de las caravanas y de los comerciantes extranjeros que transitaban por el pueblo.
La Gran Mezquita, de imponente estructura, es muy notable ya que su fachada aparenta ser una fortaleza. El edificio debe sus paredes altas a la antigua Iglesia de San Juan. Después se transformó en una mezquita por los Mamelucos. No se debe perder la excursión alrededor de los "souks" medievales de Sidón donde uno podrá encontrar antiguas mezquitas, escuelas coránicas (madrazas) y casas de baños; además de las fascinantes tiendas antiguas.
En las afueras de Sidón, en el camino que conduce a Beirut, está el famosoTemplo fenicio del dios curativo de Eshmoun. Este Templo tiene varias cubetas que se usaron para las abluciones del enfermo. Se descubrieron figuras talladas de niños que se usaron durante los rituales curativos. Hoy pueden verse en el Museo Nacional. Este fascinante sitio también contiene restos romanos y bizantinos.


Citada muy a menudo en la Biblia, Tiro se fundó probablemente a principios del tercer milenio, antes de Cristo. Originariamente, fue construida en dos partes: la ciudad costera y algunas islas pequeñas. Antiguamente, la ciudad era famosa por su flota mercantil que recorría el mediterráneo, comerciando vidrio, tinta púrpura y madera de cedro, trayendo la prosperidad a su pueblo.
El periodo más glorioso de Tiro fue en el Siglo X a.C., cuando el Rey Hiram ensanchó la ciudad. Según la leyenda, de ahí es donde fue raptada la Princesa Europa por el dios Zeus, y fue así que el continente tomó su nombre. Su hermano Cadmios la siguió y llevó el alfabeto a los griegos.
La gloria de Tiro se extendió más allá de sus fronteras, hasta varias colonias fundadas a orillas del mediterráneo.
La envidia de los grandes conquistadores del mundo, incluso del Rey de Biblos, Nabucodonosor, se sintió rápidamente y la ciudad fue sitiada durante trece años. En 332 a.C., llegó el turno de Alejandro Magno, que la saqueó y la quemó, después de siete meses de haberla sitiado. Logró construir un puente uniendo la ciudad con la isla. Con el correr del tiempo, la arena cubrió el puente y la ciudad se convirtió en una península.
Hoy Tiro preserva muchas huellas de su valorable pasado. Lo que fue, originariamente, una isla hoy es una ciudad romana con calles pavimentadas de mosaico y con pórticos de columnas que parecen marchar directamente hacia el mar. A corta distancia se encuentra los restos de una catedral imponente construida por los Cruzados, donde fueran coronados los Reyes de Jerusalén.
En otra parte de la ciudad, una gran necrópolis, contiene sarcófagos del Siglo I antes de Cristo. Este excepcional sitio continúa a lo largo de un camino romano sujetado por un arco de triunfo que guarda a la entrada un inmenso hipódromo romano, de 500 metros de largo. Este hipódromo, parcialmente reconstruido, tiene en su centro un "pino", donde los carros tenían que dar siete vueltas a su alrededor.
En 1984, la UNESCO declaró a Tiro como Ciudad de Patrimonio Mundial por sus inestimables restos arqueológicos.
Los visitantes de Tiro son muy bienvenidos al Parador Gubernamental. Se ofrece alojamiento, restaurante y otros medios.



A unos kilómetros del fascinante pueblo de Deir el-Qamar se encuentra el Palacio de Beiteddine. Una obra maestra de la arquitectura libanesa del Siglo XIX. El palacio, con su inmenso patio, espléndidas fuentes de piedra ocre y arcadas absolutamente geométricas, es un maravilloso sitio para visitar.
Construido durante el reino del Emir Bechir II Chehab, que duró unos treinta años, es una de las mayores atracciones del Líbano. Las imponentes puertas de mármol, el típico balcón "mandaloun" y los coloridos ventanales son típicos del periodo.
Recientemente, Beiteddine volvió a ser la residencia estival del Presidente de la República. Esto no perjudicará al ocasional visitante, al contrario, tal vez tendrá oportunidad para encontrarse con el Jefe del Estado Libanés y tener una charla con él.
También, el Palacio es el encuentro anual de festivales culturales para actores de fama internacional.