HISTORIA DE LA CIUDAD
Fundada a comienzos del tercer mi lenio a.C., Tiro estaba compuesta por dos áreas, una costera y otra insular. En los prolegómenos del Siglo X. a.C., su Rey Hiram, emprendió importantes obras de infraestructura. Unió con terraplenes los islotes y conquistó terreno dentro del mar, ganando espacio para las costas de la ciudad. Rápidamente, los mercaderes y marinos de Tiro comenzaron a navegar y a conquistar el Mediterráneo hasta alcanzar las costas atlánticas. Fundaron colonias y centros comerciales, entre ellas Cartago, en 815 a.C.
Tiro conoció un trascendental desarrollo en el transcurso de esa época, gracias a su industria de vidrio y de púrpura. Al mismo tiempo, difundió su cultura mediante el traspaso del alfabeto fenicio a los griegos. Estos últimos conservaron los escritos de Cadmos, el hijo de un rey de Tiro y de Europa, su hermana, a la cual el continente europeo debe su nombre. En 1991, fueron descubiertas en el cementerio fenicio de Tiro grandes cantidades de ánforas funerarias, escritos y joyas que, en la actualidad,  están depositadas en el Banco Central del Líbano, a la espera de ser exhibidas en el Museo Nacional de Beirut. Pero la prosperidad de Tiro iba a provocar serios problemas. En el Siglo VI a.C., el Rey babilonio Nabucodonosor, sitió la ciudad durante trece años sin poder vencerla. En 332 a,C., Alejandro Magno volvió a sitiarla durante siete meses. Era indispensable lograr ese objetivo para contrarrestar la flota de guerra persa que se preparaba atacar a Egipto, obstruyendo el estrecho que unía la ciudad con las islas. Ante la severa resistencia de la ciudad y las grandes pérdidas de hombres, se ordenó destruir la mitad de la ciudad. Más tarde, fue sometida por los romanos durante tres siglos, como todas las demás ciudades fenicias, a diferencia de que pudo tener cierta autonomía y acuñar su propia moneda de plata y de bronce. Hubo un notable desarrollo en su infraestructura, acueductos, arcos de triunfo y el hipódromo, el más grande del imperio romano.
Tiro conoció el cristianismo en forma prematura. Su nombre fue mencionado varias veces en el Nuevo Testamento. En la época bizantina, el Arzobispado de Tiro tenía la primacía sobre todos los Obispos de Fenicia. La ciudad conoció en aquella época una verdadera Era de Oro, así lo atestiguan las construcciones y las inscripciones en las necrópolis.
En 634, la ciudad fue conquistada por los ejércitos islámicos sin resistencia alguna. Siguió prosperando bajo el régimen de los Omeyas y Abasidas, el comercio de joyas, plata y la exportación de azúcar y vidrio. Ante la decadencia del califato Abasida, y el dominio de los Fatimitas en Egipto, Tiro adquirió autonomía propia bajo la dinastía de Banu 'Aquil.

Las murallas de la ciudad resistieron a los Cruzados que recién pudieron tomarla en 1124, es decir, después de diez años de haber caído la última ciudad costera. Tiro permaneció bajo el dominio de los Cruzados hasta 1291, cuando fue Sarcófago en (II a.C.) conquistada por los Mamelucos. A principios del Siglo XVI, los Otamanos tomaron a Tiro, al igual que las demás ciudades de la región, para integrarse al Gran Líbano, en la primera Guerra Mundial.