Entre 660 y 750 d.C, los Omeyas, primera dinastía hereditaria del Islam, gobernaron las fronteras hasta el Este del Valle Induces y Oeste del Sur de Francia.
A pesar de haber sido un imperio caracterizado por contener diferentes culturas y tradiciones, permaneció estrechamente ligadas a las tribus beduinas que les habían asegurado el dominio de esos vastos territorios. Es por ello que no vacilaron en abandonar su Capital, Damasco.
En primavera, permanecían un gran tiempo entre las tribus, yendo de caza o disfrutando de sus trovadores. Con el deseo de mantener estrechos vínculos con esas tribus, comenzaron a fijar sus residencias en el lugar para transformarlas en fortalezas, centros agrícolas y comerciales; además de, difundir un modo de vida más civilizado, susceptible a atraer los beduinos hacia el estado sedentario. En el marco de esta política implementada por los Omeyas, el Califa Walid Ben Abd al-Malik (705-715), ordenó construir la ciudad fortificada de Anyar, a casi un kilómetro, al Suroeste de Ain Yarrah.
Para dar cumplimiento a tal proyecto, el Califa recurrió a arquitectos, artesanos y decoradores bizantinos y sirios, entendidos en antiguas tradiciones romanas y griegas. Las piedras necesarias para la construcción fueron extraídas de las canteras vecinas, como la del pueblo Camd Al-Lauz, y trasladaron numerosos elementos de construcción, columnas, bases, torres y restos de estructuras romanas y bizantinas halladas en los alrededores del sitio, donde se había emplazado la antigua fortaleza de Yarrah.
En 744, ni bien falleció su fundador, Anyar fue destruida por Marwan II, luego de vencer a su contrincante Ibrahim Ben al-Walid, en una batalla que tuvo lugar cerca del sitio.
En el Siglo XIV, la ciudad abandonada comenzó a deteriorarse, convirtiéndose en un terraplén en medio de grandes superficies de pantanos. En 1943, la Dirección General de Antigüedades del Líbano comenzó a realizar exploraciones en el lugar.
Si bien el sitio fue objeto de excavaciones y remodelaciones en la década del cincuenta, el lugar conserva cierta relación con Yarra. Aparentemente, se cree que la ciudad no se había terminado de construir en su totalidad cuando fue destruida por Marwan II; salvo ciertas superficies consideradas espacios verdes dentro de la ciudad.