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Uttar Pradesh
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«En cientos de edades de los dioses, no podría relatarse las glorias de Himachal».

Himachal Pradesh, el de las crestas nevadas, perfumado de pinos, estrellado de flores, anida en la falda noroccidental del Himalaya, constituyendo un abrigo de apinados pintorescos centros de montaña donde podrá pescar, hacer excursiones, explorar la campiña o, simplemente, admirar las pasmosas montañas.

Kulu, el Valle de los Dioses, es famoso por huertos de manzanas, sus bellas mujeres, sus viejos templos de madera y su música y bailes populares. Kulu es el más accesible de los valles, mecidos entre las llanuras interiores del Himalaya. A más de 160 kilómetros de donde vuela el cuervo desde las colinas al pie de las montañas, que bordean las llanuras del norte de la India, y apenas a 80 kilómetros de la plataforma del Tibet, y sólo a un día en automóvil desde Delhi, Kulu posee algunos de los paisajes montañosos más salvajemente bellos que se pueden encontrar en cualquier parte del mundo: sus montañas perfumadas por los pinos, sus arroyos vivos de peces, las praderas refulgentes de rosas, ranúnculos y rodendros.

Durante los Festivales de Dussehra, el valle adopta un sabor especial.

Manali, otro valle de encanto sobre Kulu, se enorgullece de viejas pagodas de 600 años, como el Templo de Dhoongri asentado en el corazón de una densa arboleda de antiguos cedros, así como de todas las comodidades de la civilización a una altura de 2.200 metros (a su alrededor, los montes se elevan a 4.000 metros y más). Los huertos montean la falda de la montaña y cada elevación alardea de un dios o una diosa protectores. Hay innumerables veredas entre los arrozales en terrazas que llevan por encima de la franja de arboleda a un mundo de nieve y de hielo. La más famosa es la senda hasta el Paso de Rohtang (4.000 metros), que comienza en Kothi, un diminuto pueblo situado 12 kilómetros más allá de Manali.

Simla, en tiempos capital imperial de verano, sigue casi igual que cuando la conoció Kipling desparramada por el cerro en forma decreciente que caracteriza a la ciudad. Pequeños chalets de tejado rojo, oficinas en forma de castillo y un bazar con techo de estaño se asientan entre los pinos gigantes que dan fragancia al tenue aire del Himalaya. Camine o cabalgue hasta la Colina Jakoo, donde un antiguo templo dedicado al Dios Mono Hanuman es ahora la morada de juguetones simios que saben apreciar algún bocado que otro ofrecido por los visitantes. Luego está la hoyada arbolada, un punto de excursión con una corriente de montaña, la maravillosa fuente caliente de Tattami, la Cascada de Chadwick, a una distancia de 7 kilómetros, con su profunda garganta excavada por el agua; Kufri, a 13 kilómetros de Simla, el excelente centro de esquí. Chail, a 45 kilómetros de Simla, entre bosques, es ideal para pasear y admirar las aves, así como para pescar. Alójese en el Hotel Chail Palace, en tiempos, hospedaje principesco, donde según la leyenda un maharajá escapó con su amante inglesa. Al oeste de Kulu está Kangra, la antigua ciudad tachonada de templos, recogida en un valle de exquisita belleza. La escuela Kangra, de pintura en miniatura, es una de las más populares del país. Colgada en el límite norte de Himachal se encuentra Dalhouise, el encantador centro de montaña que se abre a Chamba el valle de la leche y la miel.

El Estado cuenta con una buena red de carreteras. Desde Delhi se pueden hacer excursiones en grupo de Himachal Pradesh. En Simla Kulu y Manali hay también servicios de visitas organizadas a las ciudades. Simla (Tel. 3311), Kulu (Tel. 7). y Manali (Tel. 25) cuentan también con Centros de Información HPTDC.