Un cuento para los niños

 

Hace mucho tiempo en Asia Menor, Nicolás, el Obispo de Myra, cabalgaba por la ciudad en su caballo blanco dando naranjas y juguetes a los niños. Como cuidaba de los enfermos y ayudaba a los pobres y a las personas solas, le solían llamar San Nicolás. Nicolás se interesaba por otros países, y así se sentía fascinado por una cierta historia que le contó un viajero sobre Holanda. El viajero le habló de niños de caras redondas y alegres con zuecos, molinos girando graciosamente, tejados y ciudades llenas de canales. Nicolás decidió que tenía que viajar a Holanda, y así se puso en camino con su ayudante, Zwarte Piet, en un barco lleno de naranjas, juguetes y confites. El mar fue sacudido por la tempestad y las olas eran enormes. Cuando el Obispo se arrodilló y rezó, el mar se calmó.

El cinco de diciembre, Nicolás llegó a Amsterdam y la gente fue a admirar su vestidura llena de bordados y su caballo blanco. Los niños se agrupaban en su entorno y si el niño se había portado bien, Nicolás le daba un regalo. Pero, si se había portado mal, sacaba el palo.

Bailaban, festejaban y cantaban, y la gente se daba cuenta de que el visitante era muy especial. Nicolás se paseaba por las calles de noche llenando los zuecos con regalos y dejando oro para los necesitados. En una pequeña cabaña, Nicolás no pudo encontrar un lugar para dejar el oro, ya que no había ventanas y la puerta estaba cerrada. Zwarte Piet sugirió echar el oro por la chimenea y por casualidad cayó en las medias de los niños que estaban colgadas para secarse. La pobre gente pensó que era un regalo de Dios, pero un vecino les habló de Nicolás. La gente empezó a buscar a Nicolás y "Zwarte Piet", pero su barco ya había salido del puerto.

Al año siguiente volvieron y todos los años posteriores volvieron trayendo regalos para los niños de Holanda en la noche del cinco de diciembre. Cuando murió, se convirtió en San Nicolás y a este día se le llama en Holanda San Nicolás y dio origen a la figura de Santa Claus.

San Nicolás es el patrón de los marineros y de la ciudad de Amsterdam, y el Santo visita todas las casas de Holanda, ya sean ricos o pobres.

René de Winter