PARROQUIA DE SANTO TOME
Don Gonzalo Ruiz de Toledo
Don Gonzalo Ruiz de Toledo, fue un piadoso noble del siglo XIV, que quiso dejar testimonio de su fe de muy diversas maneras. Entre estas se hallaban ciertas disposiciones testamentarias a favor de esta parroquia de Santo Tomás Apóstol, lugar escogido para su eterno descanso. Las mandas que debian cumplir los vecinos de la villa de Orgaz, consistían en la donación a los administradores del templo de 2 carneros, 16 gallinas, 2 pellejos de vinos, 2 cargas de leña y 800 maravedíes. En 1564 el Párroco D. Andrés Núñez Madrid emprendió un pleito ante la Chancillería de Valladolid al negarse los habitantes de la localidad toledana a seguir entregando los bienes estipulados en las últimas voluntades de su antiguo señor.
Después de que los tribunales dieran la razón al sacerdote en 1569, decidió encartar un epitafio conmemorativo en latín que realizó Alvar Gómez de Castro.
En esta inscripción se recogía también, el relato del prodigioso suceso ocurrido en el entierro de D. Gonzalo. Existía en Toledo una antigua tradición, que señalaba como en 1327, cuando los restos de este se habian trasladado del convento de los frailes agustinos a la parroquia de Santo Tomé, habian participado en la deposición del cuerpo en el sepulcro San Agustín y San Esteban, mientras que los admirados asistentes escuchaban una voz que decía: "Tal galardón recibe quien a Dios y a sus santos sirve". El milagro fue oficialmente reconocido en 1583, y el párroco D. Andrés quiso dejar testimonio imperecedero encargando un lienzo que presidiera la recien remodelada capilla del señor de Orgaz. Para esto se sirvió del mejor pintor que por aquel entonces habia en la ciudad: Doménico Teotocópuli, más conocido por sus conciudadanos con el sobrenombre de El Greco.
Por aquellas fechas el artista vivía en las casas del Marqués de Villena, y por lo tanto era parroquiano de este mismo templo.

El 15 de Marzo de 1586 se firmaba un acuerdo entre el patrono y el artista en que se fijaba de forma muy precisa, la iconografía de la zona inferior del lienzo. El pago se haría tras una tasación, debiendo acabarse la pintura para Navidad de ese mismo año. El trabajo se alargó por más tiempo, entregandose en primavera de 1588. Fue tasada por Luis de Velasco y Hernando de Nunciva en 1.200 ducados, cantidad que pareció excesiva al párroco, en comparación con los 318 del "Expolio" de la Catedral o los 800 del "San Mauricio" de El Escorial. Al no llegar a un acuerdo hubo que intervenir el Consejo Arzobispal, y tras varias tasaciones, se determinó que se pagara el valor de esta primera tasación.

 

La extraordinaria obra artística refleja lo más elevado de la producción del artista cretense, siendo una obra paradigmática dentro de la evolución del arte español tanto por su materia artística como por su contenido espiritual. Se alcanza en ella una de las cimas de la pintura renacentista, superando alguna de las limitaciones espaciales y perspectívicas a las que se había sujetado su producción anterior.
En 1975, tras un concienzudo estudio científico, el cuadro mereció una notable restauración por parte del I.C.R.O.A.. Además unido a este proceso, fue desmontado de su emplazamiento original y dispuesto en el que ahora se puede contemplar.

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