¿Y qué tal un día de paseo...

...en una ciudad o en un pueblo? En Austria, viajar de una ciudad a la otra es sencillo porque las distancias son cortas y las conexiones de rutas y ferrocarriles, excelentes. Una vez que se llega a destino, es sencillo movilizarse, ya sea paseando a pie o usando los transportes públicos, que son muy eficientes. 
Y hacer visitas turísticas es un placer, porque hay mucho para ver y para hacer, e incluso en pleno verano, las temperaturas son agradables.
Comience en un café al aire libre con un Mocca o Melange humeante y una tajada de un delicioso Guglhupf relleno de uva. Pase un rato mirando cómo se despierta la ciudad o el pueblo. Después, llega el momento de hacer compras. La habilidad artesanal y el buen gusto de los austríacos hacen
que las tentaciones sean infinitas.  

Un vestido tirolés o un buen abrigo de paño (loden) son souvenirs muy especiales. Augarten lleva más de dos siglos fabricando estatuillas y vajilla de porcelana. Tráigase una botella de vino fino austríaco o una Sachertorte elegantemente presentada en caja de madera. No se pierda los mercados de pulgas, donde puede divertirse buceando esa pieza única. Explore los negocios de antigüedades y las galerías de las callejuelas poco transitadas.

A la noche, disfrute de un concierto, o pasee por las zonas peatonales y escuche a los músicos ambulantes. Explore las plazas y caminos románticos al atardecer y entre en una cálida taberna para beber un vaso de vino o cenar.

¿Prefiere algo más elegante? Una noche en la ópera o en un deslumbrante casino.