En el invierno, las Ciudades...

austríacas están tan llenas de vida como lo están sus pistas de esquí. Un invierno en el viejo mundo tal como siempre lo imaginó: parques tranquilos envueltos de nieve, capiteles de catedrales góticas y ángeles barrocos cubiertos de escarcha. Húndase en los asientos acolchados de un café a la antigua y quítese el frío con una taza de chocolate humeante con Schlag, una buena porción de crema bien batida.

El nutrido calendario cultural también ofrece de las mejores funciones de ópera del mundo, conciertos de música clásica, festivales, teatro, exposiciones y estrenos. Hay tradicionales mercados de Navidad y mucha alegría y mil razones para brindar. Pruebe un vaso de vino caliente con especias para entrar en calor mientras recorre callecitas románticas y negocios exquisitamente decorados. Espere la llegada del Año Nuevo, que se recibe con campanadas de las iglesias, corchos de champagne que vuelan por el aire y bailes en las calles. Los austríacos saben cómo aprovechar al máximo la estación fría. Pase la velada en la bodega de algún viejo pueblito o, si prefiere algo más glamoroso, pruebe suerte en un casino con estilo internacional. La elegancia y el glamour de una época pasada cobran nueva vida durante la estación del carnaval en fiestas donde se baila el vals hasta la madrugada.

¿Todavía no tiene ganas de irse a dormir? Entonces, aproveche a disfrutar de un exquisito gulasch al amanecer con los otros invitados vestidos de gala. Esas sí que son unas vacaciones de invierno con deleites extras.