LA NACION LINE | 02.09.98 | Cultura

 

Los escritores argentinos en su relación con los EE. UU.
Polémica y sumisión

DE SARMIENTO A DIOS
Por David Viñas
(Sudamericana)-357 páginas-($ 18)

SUELE ocurrir que muchos investigadores de la literatura hablen en público -en conferencias o en clases- casi con el mismo tono que emplean para escribir sus artículos o sus libros. Viñas realiza la operación contraria: el estilo de sus libros incorpora una fuerte oralidad, tal vez una huella de sus años al frente de cátedras universitarias, y propicia un ritmo que permite intercalar ironías y complicidades en el momento justo, y hasta tomarse el tiempo para verificar reacciones. No se puede leer a Viñas sin sentir la presencia de un auditorio.

En De Sarmiento a Dios, el autor traza un recorrido por un corpus de relatos de viajeros argentinos que tuvieron como destino los Estados Unidos. Y lo hace sin que, en ningún momento, la voz del crítico se desvanezca detrás de las de los autores tratados.

Viñas, que ha evitado los tics a los que puede conducir la función docente, no quiere ni enseñar ni explicar: quiere elaborar hipótesis, y lo hace con solidez y con capricho, combinación celebrable. A lo largo de una serie de textos, que comienza con la primera visita de Sarmiento en calidad de "maestro de escuela en viaje de exploración" en 1852, se propone analizar cómo han sido representados los Estados Unidos en la obra de algunos de nuestros escritores -Alberdi, Pellegrini, Eduarda Mansilla, entre otros- y qué tipo de relación ha establecido con ese país el pensamiento argentino. Postula al respecto, como hipótesis mayor, un viraje que va desde la polémica hacia la sumisión. En un final abierto, Viñas desliza la sospecha de que todavía queda un paso más: el riesgo de ser devorado.

En ese recorrido, aparece la marca "viñesca": un estilo propio que se ha forjado con el correr de los años y que, por momentos, tiende a una autorreferencialidad que empaña mucho de lo que el texto tiene por decir. Están la vehemencia con que analiza y vuelve a analizar el caso de Sarmiento, otro escritor vehemente; su desprecio por la letra timorata de Martín García Mérou; un sistema de asociaciones (la tendencia al epitafio de Victoria Ocampo lo lleva a pensar en la Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters, por ejemplo) y de comparaciones de efecto paradójico. Uno de los miembros del par no puede ser ni remotamente parangonado con el otro y su nombre resulta sobrevalorado por el solo hecho de mencionarlo junto al otro, como ocurre en el caso de Horacio de Dios comparado con Sarmiento y hasta con Dickens.

Luego están las digresiones, una suerte de efectos especiales. Se abren en infinidad de rumbos con la fluidez de quien lo ha leído casi todo, cuando de literatura argentina se trata, y con la generosidad de quien disfruta de que algún otro pueda seguir algunas de las tantas líneas de lectura. El discurso de Viñas parece conjurar la mezquindad.

Y están también las clásicas antinomias a las que Viñas recurre para analizar la situación de la Argentina con respecto a los Estados Unidos y al mundo, y para denunciar la desigualdad con que se va dibujando el tablero internacional.

Y además están los guiños, la familiaridad de entrecasa con que trata a los distintos autores, la aceptación feliz del prejuicio.

María Sonia Cristoff

 

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DAVID VIÑAS
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