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LA NACION LINE | 04.01.98 | Cultura

 

El autor de Cicatrices confirma su maestría con dos libros
Teoría y práctica de la escritura

LAS NUBES
Por JUAN JOSÉ SAER
(Seix Barral) 302 páginas

El Concepto de ficción
Por JUAN JOSÉ SAER
(Norma)
239 páginas

REUNIDOS por fin en un solo volumen, los ensayos de Juan José Saer (El concepto de ficción) resultan estimulantes y esclarecedores. "Pierre Menard" es visto como un "arreglo de cuentas" de Borges con la literatura francesa y con la figura de Paul Valéry; La nausea es considerada como un "informe" o una "tesis de ilustración", ya que fue escrita por Sartre "después de haber sido concebida la filosofía que la sustenta"; Bouvard y Pecuchet es el texto con que Flaubert clausura la "era de la novela", iniciada con Don Quijote; el Martín Fierro y el Facundo fundan "una de las tradiciones vitales de la literatura argentina", la de las obras singulares que, como los poemas narrativos de Juan L. Ortiz, los ensayos de Borges, La vuelta al día en ochenta mundos, de Cortázar o el Museo de la novela de la eterna, de Macedonio Fernández, "no entran en ningún género preciso".

Entre los muchos artículos incluidos en El concepto de ficción, uno sobresale del resto porque no hace referencia a un libro o a un autor de más o menos prestigio y en cambio echa luz sobre Alfred Ebelot, un ingeniero civil de Toulouse que llegó a la Argentina hacia 1870 y fue contratado por el gobierno para cavar una fosa de mil quinientos kilómetros, destinada a frenar los ataques indígenas. Años después, cuenta Saer, el francés publicó una crónica de su empresa en la Revue de Deux Mondes, lo que vendría a demostrar que "buena parte de nuestra literatura ha sido escrita por extranjeros en idiomas extranjeros", sobre todo en el siglo XIX, "cuando todavía no teníamos literatura".

"Sus descripciones de indios, gauchos y soldados[...], los viajes a través del desierto [...] saben crear esa atmósfera singular que, a mi juicio, sólo se encuentra en los mejores films de John Ford", sostiene Saer sobre la prosa de Ebelot. Curiosamente, o no, algo bastante similar podría decirse de Las nubes, flamante y muy buena novela de Saer, donde también "indios, gauchos y soldados", pero además locos y prostitutas, habitan "el escenario infinito de la llanura" ante la mirada científica de un recién llegado de Francia. Se trata en este caso del doctor Real, discípulo del psiquiatra Weiss, que en 1802 fundó Las Tres Acacias, presumiblemente la primera clínica psiquiátrica en todo el territorio americano.

El argumento de Las nubes es simple: el doctor Real debe llevar cinco locos a la casa de Weiss, desde Santa Fe hasta Buenos Aires. Se organiza una caravana de treinta y seis personas que, "demasiado lenta y demasiado larga", atraviesa la pampa y sus amenazas, entre ellas la tribu del cacique Josesito. Indios, locos y animales, un "paisaje extraño" y un clima agobiante tejen una red alrededor de Real, como si el viaje pusiera en suspenso las categorías acostumbradas. El resultado es una antiepopeya al filo de lo real. Pero también la aventura de un psiquiatra, idea que parece impugnar esa dicotomía entre "novela psicológica" y "novela de aventura" que Saer combate desde El concepto de ficción.

Por momentos Las nubes semeja una exposición de casos: Prudencio Parra, que siempre cierra un puño; sor Teresita, que ha caído en un éxtasis místico-sexual y proclama que Jesús fue crucificado porque "la tenía así de grande"; Troncoso y sus delirios filosóficos; Juan Verde, que habla repitiendo la misma frase con distintas entonaciones; su hermano Verdecito y sus extraños ruidos bucales. En pleno viaje, el "médico pensador" descubre que sus locos pueden dividirse en dos: por un lado, Parra y los Verde, encerrados en su "celda estrecha"; por el otro, Troncoso y la monjita, que "creían con fervor en la legitimidad de su delirio y, queriendo a toda costa imponérsela al mundo, militaban por su locura". De los locos, sólo los del último grupo escriben: Troncoso, proclamas y teorías; sor Teresita, un Manual de amores donde ha consignado sus pasiones. ¿Cómo estar seguro de que las páginas de Real no son, en verdad, obra de un loco "militante" que nos ha "persuadido" con una prosa magnífica?

En una novela cuyo narrador se apellida Real, uno de los adjetivos más empleados es teatral. Los síntomas de los locos tienen algo de teatral, un rayo ilumina la noche como "un farol de teatro", y hasta el paisaje es puesto varias veces en términos de "decorado" o "escenario". Algo por el estilo ocurre con la palabra simulación. No sólo los locos simulan sus manías. El indio Sirirí, fiel a los blancos, quiere aparecer a toda costa más católico que el Papa, mientras que Josesito, en presencia de Real, hace de cuenta que no sabe hablar con propiedad el castellano. ¿Es Las nubes un territorio donde lo verosímil se impone a lo real? El poder persuasivo de los locos del convoy remeda sin duda el poder persuasivo que toda buena obra de ficción consigue gracias a la verosimilitud.

Si algunos novelistas se reconocen con la sola mención de una ciudad (la Santa María de Onetti), en los libros de Saer esto suele estar dado por un elenco de personajes emblemáticos (Pichón, Tomatis), del mismo modo que Marlow es emblema de Conrad o, más cerca, Renzi lo es de Ricardo Piglia. Pese a que Las nubes es un "manuscrito hallado" inscripto en una tradición que se remonta al Quijote (algunos llaman fautores a los narradores de este tipo de novelas), pese a que se emparienta más con El entenado que con las novelas "hechas" para Pichón y compañía, con dos vueltas de tuerca Saer no sólo ha actualizado el recurso (en vez de un manuscrito, lo que exhibe es un "dísquet trouvé") sino que ha conseguido incluir a Tomatis y Pichón en un prólogo escrito en tercera persona (marco y "marca", en este caso), cuando usualmente los prólogos que explican el hallazgo de un documento están en primera persona, a cargo del descubridor o del divulgador.

Las nubes se encarga de confirmar, por si hacía falta, que Juan José Saer es, sin lugar a dudas, uno de los máximos escritores argentinos de hoy. Nacido en 1937 en Serodino (provincia de Santa Fe), hijo de inmigrantes sirios y ex profesor universitario, Saer lleva ya publicados cuatro libros de cuentos, un libro de poesía y once novelas, incluyendo ésta; y desde 1968 vive en Francia, adonde llegó tras unas temporadas en el campo (Calestiné Norte) y casi sin pasar por Buenos Aires. "De las ventajas que el exilio ofrece a un escritor, la más importante sin duda es la relativización de la propia experiencia, individual o colectiva", reflexiona en su libro de ensayos, mientras que en Las nubes el doctor Real, tras el reencuentro con su ciudad de origen (también en Santa Fe), arguye que "la parte del mundo que perdura en los lugares y en las cosas que hemos desertado no nos pertenece", y que eso que llamamos pasado "no es más que el presente colorido pero inmaterial de nuestros recuerdos".

Eduardo Berti

 

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