Calias, o la cobradía
(a la manera de Platón)
 

 

 

   De dónde vienes, Sócrates? Aunque imagino que vuelves de tu casa ordinaria. Quiero decir que vendrás de buscar a Alcibíades.
   Tú lo has dicho, oh Calias.
   Si bien creo que ya el vello sombrea su barbilla y no está en la flor de la juventud.
   Olvidas, Calias, lo que dijo Homero: que la edad más agradable del mancebo es aquella en que empieza a apuntar la barba en su rostro.
   No lo he olvidado, Sócrates. Mas debes convenir conmigo en que el joven Alcibíades pisa ya el umbral de la puerta por donde ha de alejarse de ti. Pero no es de eso que quería hablarte.
   Pues dime, amigo mío cuál es el propósito que te ha traído hoy hasta aquí. Por Zeus, que ya me muero de curiosidad: tan alejado de mí has estado en los últimos tiempos.
   Sucede, Sócrates, que mi hijo Hipólito me ha dicho que tú lo alientas en sus inclinaciones, y lejos de recriminarle su cobardía parece como si se la elogiaras. Y yo quiero saber si de verdad tú crees que la cobardía sea una gran virtud o si quizá te propones con él algún fin que no se me alcanza, que, sin embargo, pudiera ser de consecuencias oprobiosas para su vida.
   Los dioses no lo permitan, querido Calias.
   Pero defiendes la cobardía.
   Por cierto, Calias.
   Me asombras, Sócrates. Siempre crei que alababas la valentía.
   Así es, Calias.
   Pues entonces no puedo comprender cómo al mismo tiempo alabas la cobardía.
   No la alabo al mismo tiempo, Calias. ¿Has oído decir a tu hijo que le haya ensalzado la cobardía y la valentía al mismo tiempo?
   No, eso no.
   ¿Me has oído alguna vez, aqui o en mi viaje a Lacedemonia, alabar simultáneamente la cobardía y la valentía?
   No, no te lo he oído, Sócrates.
   De manera que mal haces en acusarme de contradicción o doblez como con justicia podrías hacer si me hubieses oído alabar a la vez la cobardía y la valentía. ¿Acaso no sientes que el calor es lo mejor del mundo cuando estás tiritando de frío durante los duros días de invierno?
   Sin duda, Sócrates.
   ¿Y no ruegas por el fresco, y aun por el frío, cuando en las tórridas jornadas de verano te abrazan los rayos de Apolo al atravesar el Ágora?
   Por cierto que suspiro por el frío.
   ¿Y te crees por ello una mala persona? Quiero decir: por añorar el calor cuando hace frío y por desear el frío cuando hace excesivamente calor.
   Claro que no, Sócrates.
   ¿O por lo menos te consideras un loco, un hombre sin juicio?
   No, por Zeus.
   Más bien te consideras como una persona sensata e inteligente. ¿No, Calias?
   Tú lo has dicho, Sócrates.
   ¿Así que, en tu opinión, una persona juiciosa puede alabar el frío y el calor?
   Claro que puede.
   Entonces, amigo, ¿por qué hace un momento me criticabas por haber elogiado alguna vez la valentía y en otra ocasión la cobardía? ¿No crees que el mismo razonamiento que he empleado para el frío y el calor puede ser empleado para la cobardía y la valentía?
   Si tú lo dices, Sócrates, supongo que has de tener tus buenas razones para sostenerlo.
   Por los dioses que las tengo, Calias. Pero veamos: si un hombre se encuentra con un perro rabioso, ¿no dirías que es valiente si, armado de un palo lo enfrenta y trata de matarlo para evitar que pueda morder a la gente y asi traer un daño incalculable?
   Por supuesto, Sócrates. Diría que es una persona valiente.
   ¿Y no te parece que al enfrentar al perro rabioso, aunque sea armado con un palo, se expone a ser mordido por la bestia y a morir luego en medio de los horribles dolores que son propios de la rabia?
   Sin duda que se expone a tan horrible percance.
   Ahora bien: tú no quieres que un hijo tuyo pueda morir de rabia, ¿no, Calias?
   ¡Ciertamente que no, Sócrates!
   De modo que, a un hijo tuyo, ¿qué le recomendarías en el supuesto caso de encontrarse con un perro rabioso? ¿Que lo acometiese con un palo o que huyese lo más pronto posible?
   Sócrates: que huyese lo más pronto posible.
   Pero, Calias: habíamos quedado en que la valentía consistía en acometer al perro con el palo, ¿no es asi?
   Así es, Sócrates.
   De modo que en un caso tan riesgoso preferirías que tu hijo no fuese valiente, ¿no, Calias?
   Debo reconocer, Sócrates, que dices la verdad. preferiría que en ese caso mi hijo no fuese un valiente.
   ¿Así que la valentía no siempre es recomendable?
   No siempre.
   Pero concordarás conmigo, Calias, que un padre siempre recomienda el bien a un hiJo.
   Concuerdo contigo.
   Pero hace un momento dijiste que en el caso del perro rabioso le recomendarías huir, ¿no dijiste eso?
   Eso dije.
   De modo que debemos concluir que a veces la valentía no es un bien.
   Creo que es lo correcto.
   Ahora bien, Calias, ¿qué es lo contrario de la valentía? ¿No es, por ventura, la cobardía?
   Sí, Sócrates, la cobardía es lo contrario de la valentía.
   Así que, si la valentía no es un bien, por lo menos en ciertos casos, ha de serlo su contrario, que es la cobardía. ¿Estoy errado, Calias?
   Aciertas, Sócrates.
   Luego concluimos que la cobardía es a veces un bien, hasta el punto que un padre puede recomendarla a un hijo.
   Así lo creo.
   Y si eso crees, y si tú, que eres el padre de Hipólito, puedes recomendarle la cobardía, ¿por qué me recriminas porque yo, que ni siquiera soy su progenitor, lo haga? ¿No te parece que el que incurre en contradicciones eres tú, querido Calias?
   Por Zeus, Sócrates: me averguenza lo que te dije al comienzo. Soy un asno, y además un malvado, por haber sospechado siquiera un solo momento de tus nobles intenciones

 

aparecido en el suplemento Babelia del diario "El País", Madrid, 4 de marzo de 1995 . ©

 

 
ERNESTO SABATO
LITERATURA ARGENTINA