Clarín Digital, Jueves 25 de abril de 1996, Buenos Aires, República Argentina

Feria del Libro: entrevista pública con un narrador de lujo

Andrés Rivera y el arte de reescribir la historia

Premio Nacional 1992, el narrrador congregó a un centenar de personas, familiarizadas con su obra · Rivera, autor entre otras obras de una magnífica biografía novelada de Juan José Castelli, "La revolución es un sueño eterno", habló de sus novelas y de cómo nació su vocación · Y confió que prepara una novela sobre Rosas.




Andrés Rivera


"Yo estoy convencido de que ningún libro, por bueno que sea, puede cambiar el mundo. Pero tengo que escribir." Así cerró su charla con la periodista Viviana Gorbato y con el público, el escritor Andrés Rivera, uno de los narradores argentinos más respetados. El autor ganó este respeto y buenas cifras de venta con novelas como En esta dulce tierra, La sierva, El amigo de Baudelaire "la más reciente" El verdugo en el umbral.

En la sala Victoria Ocampo había un centenar de personas, casi todas evidentes seguidoras de este escritor que nació en 1928 en Villa Crespo llamándose Marcos Ribak. Fue cuando joven un obrero textil, después periodista y escritor. En 1992 ganó el Premio Nacional de Literatura por su novela La revolución es un sueño eterno, donde el protagonista es Juan José Castelli.

¿Cuál es el punto de partida de historias como la de La revolución...? En tono tranquilo y certero, acercándose a un micrófono que tiene un largo cable verde, Rivera contesta: "Leí en el invierno de 1985 que Juan José Castelli "que fue llamado 'el orador de la revolución' tenía y murió de un cáncer en la lengua. ¿No les parece que el doctor Sigmund Freud estaba ahí? Bueno, ese dato mínimo disparó la novela. Juan José Castelli, el orador de la revolución, tiene necesidad de decirlo todo. Y llena dos cuadernos con su caligrafía, antes y después de que le cortaran la lengua".

Ahora, Rosas

Andrés Rivera se para y sirve agua en su vaso y en el de su entrevistadora. "Los buenos oradores necesitan agua", aclara. Y escucha la siguiente pregunta: ¿cómo se hizo escritor?
Rivera hace una pausa y cuenta. Cree que su destino tiene que ver con su origen: "Nací en un hogar obrero. Mi padre, que era dirigente sindical, necesitaba leer, necesitaba saber. Por esa época, se reunían en mi casa otros hombres como mi padre. Bajaban de los andamios, salían de los talleres metalúrgicos, emergían de los talleres de sastres y allí estaban. Tenían pocos escritores para citar, pero los citaban, necesitaban ese mundo abstracto de la letra para afirmarse. No hubo alternativa para mí. En un momento abrí un cuaderno y empecé a escribir".
Ahora, Rivera está escribiendo otra novela con un personaje histórico fuerte: Juan Manuel de Rosas. Se llamará El farmer (el granjero). La entrevistadora "que conoce la militancia de izquierda del autor" pregunta cómo se llevó con Rosas. Rivera da un pequeño rodeo: "Es el 27 de noviembre de 1871. Juan Manuel de Rosas está cercado por el invierno europeo. Nieve alrededor de su rancho, nieve en el techo, nieve en los caminos que llevan a su rancho. Para ese momento, han pasado 20 años de exilio. Rosas, ese 27 de diciembre de 1871, es un anciano. Si ustedes lo quieren, yo también lo soy. Esos son mis contactos con Rosas. Lo otro es no dejarme llevar por una antipatía visceral que tengo por la figura de Rosas. No es la antipatía de un liberal, se los puedo asegurar...
Preguntas, más preguntas. El público es invitado a hablarle y no duda. Lo cuestionan, le discuten. Una mujer quiere saber si él ha continuado la obra de sus padres. A Rivera no le gusta la pregunta, pero contesta: "Del modo más simple, yo le diría que sí. Hoy gozo de cierto prestigio como para poner orgullosos a mis padres. Le diría que sí: yo soy un buen muchacho, señora.


Judith Gociol y Patricia Kolesnicov.



nota y foto extraídos del Clarín Digital. © Clarín