RICARDO PIGLIA

 

    historias de
    En Otro País

 

Saber vender. Mi padre, dijo Ratliff, fue un narrador excepcional. Vendía máquinas de coser por el campo. Andaba de un lado a otro, con un camioncito entoldado y paraba en las chacras y se sentaba a la sombra de los tilos a conversar con las mujeres que le ofrecían limonada. Era capaz de vender una máquina inservible usando el arte hipnótico de la narración. Narrar, decía mi padre, es como jugar al póker, todo el secreto consiste en parecer mentiroso cuando se esta diciendo la verdad.

La voz cantante. Mi padre, dijo Steve, dice que la mejor historia del mundo es la mas fácil de contar. Conoce varias. Por ejemplo la historia de Randolph, un agrimensor que anduvo levantando mapas por el Delta del Mississippi y se encontró con un viejo que había estado escondido en las islas desde la época de la guerra.
Tenía casi setenta años y vivía en una balsa y se alimentaba de pescado. Su única preocupación era un transmisor de onda corta que cuidaba más que a su alma. Parece que durante la guerra había tenido problemas con el ejército norteamericano y entonces se escondió en los pantanos y desde ahí transmitía sus mensajes en inglés y en italiano. Uno de sus temas favoritos era la usura, el carácter satánico del dinero. Le hablaba directamente al presidente de los Estados Unidos, que seguía siendo Truman según el viejo. Cada tanto cambiaba de frecuencia para no ser interceptado por el FBI. A veces cuando estaba muy borracho se ponía a cantar My darling Clementine mientras la balsa navegaba por los riachos pantanosos.

La caza de elefantes. Si la literatura no existiera esta sociedad no se molestaría en inventarla. Se inventarían las cátedras de literatura y las páginas de crítica de los periódicos y las editoriales y los cóctailes literarios y las revistas de cultura y las becas de investigación pero no la práctica arcaica, precaria, antieconómica que sostiene la estructura. La situación actual de la literatura se sintetizaba, según Steve, en una opinión de Roman Jakobson. Cuando lo consultaron para darle un puesto de profesor en Harvard a Vladimir Nabokob, dijo: Señores, respeto el talento literario del Señor Nabokob ¿pero a quién se le ocurre invitar a un elefante a dictar clases de zoología?
La estúpida y siniestra concepción de Jakobson es la expresión sincera de la conciencia de un gran crítico y gran lingüista y gran profesor que supone que cualquiera está más capacitado para hablar del arte de la prosa que el mayor novelista de este siglo. La autoridad de Jakobson le permite enunciar lo que todos sus colegas piensan y no se animan a decir. Se trata de una reivindicación gremial: los escritores no deben hablar de literatura para no quitarles el trabajo a los críticos y a los profesores.

Dos autos. Mi madre fue la primera mujer que manejó un auto en el estado de Tennessee. Durante años guardó un recorte de diario donde se la ve con una capelina blanca, la cara cubierta con un tul, manejando un Ford A. Tiempo después perdió la virginidad en un coche cerrado que ya en ese entonces eran conocidos como los prostíbulos ambulantes. Mi madre estaba orgullosa de haberse iniciado en ese ámbito. Según ella la expansión de los autos cerrados había hecho mas por la liberación sexual que ninguna otra cosa en la historia de los EE.UU.

Arkansas. Paris. Moscú. Una mujer en Arkansas roció a su marido con nafta mientras dormía y lo prendió fuego pero antes tuvo la precaución de atarlo a la cama para que no incendiara la casa con su cuerpo en llamas. Steve amaba esa lógica de los pequeños detalles.
Una mujer que vive varios años con un hombre acumula la suficiente cantidad de razones como para atarlo a una cama y prenderlo fuego. Los maridos, en Arkansas, deben ser ejecutados por el modo autocomplaciente con que someten y avasallan a sus cónyuges. Repiten con las mujeres el mismo trato que usan con sus obreros, empleados, sirvientes, subordinados o inferiores de cualquier condición. El carácter natural de ese sometimiento solo puede ser alterado con un acto de violencia. Por lo tanto los crímenes pasionales cometidos por mujeres son una versión concentrada del ansia de libertad que late sofocada en los oprimidos de cualquier sociedad. Estos asesinatos femeninos son la realización de las esperanzas secretas de miles de personas.
El matrimonio es una institución criminal, dijo después. Una institución pensada para que con sus lazos se ahorque uno de los cónyuges. Ese es el sentido de la sentencia: Hasta que la muerte nos separe. El crimen femenino es su resultado lógico. Las suicidas como Madame Bovary o Ana Karenina, dijo Steve, son utopías masculinas. Proyecciones invertidas del terror que le provoca a los hombres captar la mirada asesina de sus mujeres. ¡Entonces las convierten en suicidas! Esas historias son cuentos de hadas para varones, fábulas tranquilizadoras, parábolas con moraleja. Cuentos contados entre hombres en la intimidad del vagón de fumar del expreso Paris-Moscú.
Habría que imaginar en cambio, dijo Steve, a Madame Bovary como Raskolnikov para que las cosas mejoraran. La heroína es un criminal. Pero esos son los cuentos que se cuentan las mujeres en la intimidad de un coche cama en el expreso Moscú-Paris.
Un tren en la inmensidad de la noche.

 

 

del libro "Prision Perpetua" de Ricardo Piglia © 1988 Editorial Sudamericana

 

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