---- www.literatura.org ----


LA NACION LINE | 07.10.98 | Cultura

 

El realismo delirante de un relato que denuncia con humor
Desmesura provocativa

LOS SORIAS
Por ALBERTO LAISECA
(SIMURG)-1345 páginas páginas

RICARDO PIGLIA, cuya opinión es respetabilísima, prologa esta novela con un título revelador: "La civilización Laiseca", una expresión que es la síntesis más breve y acertada del libro. Libro que es -puntualiza Laiseca y admite Piglia- "más grande" que el Ulises de Joyce -le lleva una ventaja de 30.000 palabras-. Libro que también, y siempre según Piglia, sería la "mejor novela que se ha escrito en la Argentina desde Los siete locos". Novela cuyo destino -Piglia dixit- es "convertirse en un clásico". Lo menos que puede decirse de estas afirmaciones es que pertenecen al terreno conjetural. Pero el resto de los conceptos de Piglia respecto a Los Soria resulta esclarecedor, y conviene tenerlo en cuenta antes de embarcarse en una lectura que, sí o sí, se presenta como larguísima y probablemente agobiadora. Lo cual no debe arredrarnos.

Este comentarista, hacia la página quinientos y pico, sintió que se había metido en los recovecos de un templo diseñado por Gaudí, en cuyas paredes las imágenes de santos eran obra de Arcimboldo y de Andy Warhol, repetidas en infinitos espejos. Este comentarista también avanzó al compás de retumbantes toques wagnerianos, con nostalgias atonales, alguna travesura mozartiana y mucho de bailanta. Lo peor y lo mejor: ya no era posible evadirse del templo por los ventanales -no los había-, sólo quedaba llegar al final de la novela. La exageración, la exacerbación y la exaltación fueron estimulantes a esa altura del trayecto, aunque al final resultaron más bien extenuantes.

Todo lo apuntado es un mérito de Laiseca: el mérito del valor. El de no temer las críticas al exponer su "civilización", a sabiendas de que desafía a los demás -y se desafía a sí mismo- alargando descripciones y situaciones de una manera intencionalmente provocativa. ¿El tema? Mejor sería decir los temas y los sistemas. Sistemas políticos, burocracias de todo signo, dictaduras, sindicalismos, tiempos pretéritos, actuales y futuros en una mezcolanza absoluta. Se trata de los avatares del individuo perseguido -bien lo señala Piglia- por la técnica, por las arbitrariedades socioculturales y por los demás. Es un rompecabezas sin armar entre cuyas piezas salta un agonista mínimo, que por eso mismo puede ser máximo: Personaje Iseka. Pero lo rodean muchísimos más: gobernantes y gobernados, sacerdotes y sumos sacerdotes, magistrados y monitores y "soriátores" y escritores y científicos y la mar en coche. Todos en una especie de sonora carcajada rabelaisiana, todos con nombres significativos, todos dibujados con trazos gruesos, sin matices, como para vislumbrar simbolismos reveladoramente sutiles.

Varios países (como Soria, Tecnocracia, Rusia, Chanchín, el califate de Córdoba y algunos más) rivalizan y se amenazan mutuamente. Laiseca suma arbitrariedades, torturas y horrores, añade magos y magia como solución a problemas bélicos o políticos, introduce nombres y hombres identificables con un pasado muy nuestro y que deberíamos conservar en la memoria. Algunos de sus personajes se parecen a Ubú Rey, otros son por momentos cronopios y por momentos famas. El todo es una denuncia en clave de humor, un humor rudo, repetitivo y más sardónico que sarcástico. Así, lo que al comienzo es efectivo, termina siendo meramente efectista.

Los Soria se mantuvo inédito durante veinte años. Esta es una de las razones que nos lleva a pensar que la novela ha sido muy importante para su autor, alguien relevante por cierto en las letras argentinas, alguien original, diferente y por eso mismo, valiosísimo entre tanta globalización disfrazada de transgresión. Este comentarista reconoce que el texto es por momentos apasionante y por momentos fastidioso. Claro que gustos son gustos y... El resultado: al salir del templo Laiseca y de la civilización Laiseca, se siente irremediablemente la fuerte impronta del "realismo delirante" que propugna el mismo Laiseca. Impronta que no deja mucho lugar para emociones y fantasías, salvo las exigidas por una provocación tan inteligente como desmesurada.

Eduardo Gudiño Kieffer

 

Copyright ©1999 La Nación | Todos los derechos reservados

ALBERTO LAISECA
ESCRITORES
HOME