CRÍTICA DE LIBROS

El Parque
de Sylvia Iparraguirre


Humor y parodia
Alegoría colorida e inquietante del sentido cósmico

 

  Las primera páginas de El Parque nos ponen en contacto con un mundo aparentemente excéntrico: el del parque de diversiones, donde todo parece posible, y donde una extraña hermandad de adolescentes y jóvenes se entrena, bajo la guía del maestro Zorroarín. en el difilcil arte de hallar los miedos secretos de cada uno, que estallarán en el Laberinto del Terror. A medida que vayamos adentrándonos en la novela, los personajes se nos harán creíbles y familiares, y comprenderemos también que el parque es una figura del cosmos y que su sentido secreto es tan elusivo y deslumbrante como las luces giratorias de la Rueda de la Fortuna.
  Podría decirse que El Parque es una novela fundamentalmente estética, o donde lo estétido (que se funde con lo metafísico) se tematiza de manera específica. Sus personajes se recortan nítidos, coloridos y brillantes, como las figuras miniadas de un códice, y las aventuras que los implican son las de la letra y el desciframiento. Héroes de la interpretación, van leyendo los signos de su propio destino en el laberinto del parque y en las calles de la ciudad. La aventura final -que es la fundación de otro mundo, de otro parque- depende de un libro: el libro del poeta griego que ejerció el don místico de escribir la luz, y que los acompanará como una especie de Biblia profana: escritura y revelación abiertas a las interpretaciones infinitas.
  Por otra parte, las historias futuras de los peregrinos se escribirán en otra clase de libro capaz de contener todas las narraciones: la curiosa máquina del inventor Ezpeleta. el libro-rollo donde caben todos los cuentos del narrador profesional, caballero Beauconseil, cuyo "buen consejo" estimulará la fantasía de sus companeros.
  Imágenes literarias y mitológicas y un regusto de antiguas alegorías medievales, se sobreimprimen a los sucesos aquí y ahora, y así, el buen Carlino, fileteador honrado y paisano de Baigorrita, es también el transgresor audaz que rapta a la Sirena (la cantante lírica: Gioconda d'Annunzio) arrancándola de las garras ambiciosas del Rey del Mar (en la figura del empresario teatral Posseidone da Costa). Humor y parodia (de géneros literarios, de discursos, de tipos y estereotipos) confluyen en un relato dinámico cuyo núcleo profundo es sin duda una visión poética.
  Sólidamente escrita, con algunos momentos de lenguaje memorables (como la descripción de los Solitarios que bailan con las Chicas-Capullo, o la entrega iniciática de Lisa a Zorroarín), El Parque levanta una divisa que por desgracia parece haber perdido vigencia en buena parte de la literatura argentina actual: "La imaginación al poder". (Emecé. 225 páginas.)

María Rosa Lojo

 

  

 

por María Rosa Lojo en La Nación Cultura, Buenos Aires, 28 de julio de 1996. © La Nación.

 

 

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