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LA NACION LINE | 19.11.95 | Cultura

 

Gracia y desparpajo literario
Fresco Talento

ESPERANTO
Por RODRIGO FRESAN
(Tusquets)-262 páginas páginas

De este laborioso periodista y escritor conozco un primer libro de cuentos, Historias argentina, que supo retener mi atención y cortejar mi interés por sus futuras producciones; un segundo texto, Vidas de santos, abandonado a medio camino en beneficio de ciertas incompatibilidades estéticas; numerosos y variados articulos leidos al azar en Página 12, los cuales, en su mayoria, supieron despertar admiración por ingeniosos razonamientos parciales y ahuyentar todo encanto por asociaciones ininteligibles para esta cronista. Esto a tal punto que, en más de una ocasión, la malhumorada pregunta formulada fue: ¿incompatibilidad generacional? Y la respuesta, también malhumorada, puesto que a nadie le place no entender determinadas situaciones por razones cronológicas resultó: supongo que si. Reconocía los méritos de Fresán: dotar a la gente joven de una mitología literaria compatible con la era del rock y otras variaciones existenciales. Pero algo siempre se me escapaba. ¿Y quién en esta selva de palabras en que nos hallamos puede perservar en la exégesis de aquello oscurecido por tanta maraña? Sin duda, no esta cronista. Para la gloria, y también para la negación, Fresán, en el imaginario colectivo, signfficaba "lo" joven. Pero aquí Ilega Esperanto. Y con Esperanto una gratísima sorpresa: entiendo todo. Y no sólo entiendo sino que me gusta esta historia contaminada de frescura y desparpajo.
   Después del rasgo de personal mortificación que significa apuntar a las propias carencias les cuento: Esperanto es la historia de Federico, exitoso músico (enriquecido a partir de cierto hit), treintañero portador de un apellido para nada agraciado, pues lleva el estigma del frustrado intento de clarificar la comunicación entre los hombres mediante una lengua común que sólo sirvió, en la práctica, para azuzar la confusión. Con semejante apellido, Esperanto siente que a él nadie lo entiende.
   Después de "haber tapizado fugazmente las paredes de varios consultorios de psicoanalistas" con la historieta de sus oníricas recurrencias, Federico, a lo largo de una semana retrospectiva de domingo a domingo, y en el comienzo de un viaje que, sin duda, lo lleva al cambio y quizá a reencontrar "las extraviadas coordenadas de su don creativo", busca ordenar sus recuerdos. Para marcar el paso con la realidad. Para entenderse. Para nosotros. La Montaña García (amigo del alma); Lisa, Anita, Cecilia, Albertina (mujeres de su vida), el coronel Soldán, Mariana Soldán, Big Bang y, por fin, Dani-Tony (Daniel: diecinueve años, medio hermano suyo, entregado a la televisión activa y pasivamente; quiero decir: de este lado y del otro de la pantalla), son algunos de los muchos agonistas que hacen intimar con sus problemas y resultan referentes de las pérdidas sufridas por Federico a lo largo de una elocuente y también sorpresiva historia. Pero, además, Federico (¿Fresán?) plantea la discordia entre las generaciones. No hay caso: también él nota el paso del tiempo; también él va camino a la vejez y, por qué no, a la muerte.
   Debo decir que las incitaciones de esta novela son sumamente variadas: a la anécdota hábilmente estructurada (lo cual implica una modalidad renovadora y positiva en la estética fresaniana) se suman ciertos tics literarios, un sabroso inventario de modernidades cientificas, técnicas y sociales (desde videoclip hasta topmodel y yuppies), jugueteos intelecuales (sofisticados y quizá abusivos), cierto aire jocundo y caricaturesco y, por fin (o en primer lugar), una digna escritura. Hélas! Un joven casi casi de la última horneada que escribe bien.
   Sí, decididamente: a punto de abandonar los territorios de la primera juventud por imperativo categórico de la vida y autodeterminación, Rodrigo Fresán se despide de ella con su mejor libro

María Esther de Miguel

 

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