JUAN FILLOY

Los Ochoa
SAGA NATIVA

 

Prólogo

Esta nativa Saga de los 8A no es un engendro literario, sino una concreción de hechos y episodios de seres humanos, emergidos en la superficie de diferentes actualidades en una región de tierra adentro, entre los médanos y guadales de la pampa seca.

En un pasado reciente de 150 años atrás, todas las poblaciones de Sud América vivían puede decirse en una arcadia chúcara por falta de civilización. Se comprende así que casi no hubiera ambiente social alguno, sino individuos desperdigados aquí y allá. Porque es indudable, sólo en sociedades compactas afirman sus vínculos personas mancomunadas por deseos, gustos e ideales distintos.

De tal modo, la prosapia de los 8A resulta conjetural y se difunde con la facilidad de los churques; pues se estaba en los prolegómenos de la organización del país. Únicamente cuando el progreso cunde, es viable la convivencia normal por sus entrecruzamientos y el papel de las convenciones entre sí.

Recién a comienzos del siglo XX aparecen vestigios de educación entre los vástagos de los 8A. Y no pocos de sus integrantes se adecuan a las modalidades éticas de las ciudades y urbes.

Por ejemplo, Sexto 8A, tras cinco años de gozoso concubinato, para legitimar su hijo inminente, contrae matrimonio con Frida Romel, el 25 de setiembre de 1948.

Asimismo, para la consecución de sus fines en el medio en que actúa, respeta el orden civil rechazando la imposición numérica del nombre Décimo, suprimiendo la M para convertirse en tocayo de un emperador romano.

Tras la Campaña del Desierto, los ferrocarriles y la inmigración aparejaron para nuestra patria evidencias verdaderamente promisorias. Los núcleos humanos se arracimaron en ciudades. Los centros de irradiación cultural cumplieron su misión. Numerosos especímenes de la Saga se adhirieron al fervor público y lograron por su contracción y capacidad alcanzar los niveles largamente sofocados en recesos por falta de estímulos propios.

Es curiosa la odisea del gaucho santafesino Proto Orosimbo 8A. Si bien anduvo por postas y refugios de milicos, siempre inútil, lo cierto es que ganó simpatía por doquiera; y por su arbitrio de reducir su apellido. Mansilla, si no lo supo antes, posiblemente lo supo bajo los toldos de cuero de los ranqueles. De ahí el perdón que tuvo en Leubucó para seguir haciendo de las suyas.
    Vale decir que, en un tramo de nuestra historia, su comportamiento fue marginal, sus adeptos continuaron rebeldes y holgazanes significando una lacra lingüística en la idiosincracia del país. Si no hay luces acerca de su muerte, la secta de los 8A quedó extinguida.

En verdad el gobierno ni las clases cultas prestaron atención a un problema realmente grave: la invasión chilena. Diversas tribus de indios puelches, ranqueles, pehuenches, picunches, tehuelches y huiliches oscurecían la mitad de la soberanía nacional con su vandalismo de malones, de incendio y robo de hacienda. Felizmente, el general Roca los echó tras la frontera, creando la Reducción de Sayhueque, compuesta por indios Pampas, vale decir por argentinos nacidos bajo la dominación araucana.

Antes de finalizar el siglo XX, no hubo ni chacareros, albañiles ni mecánicos entre los 8A. Gente de asado, taba y vino, pululaban sin hacer nada en la campaña, mientras sus mujeres, flacas de hambres y penurias, se sacrificaban trabajando.

Ya entrado el siglo, alrededor del Centenario, muchos rumbearon hacia centros más poblados, colonias y ciudades. Y algunos de ellos, contagiados en la emulación, comenzaron a sobreponerse y a triunfar.
    Hubo entre ellos, tres domadores famosos, dos oficinistas notables y un personaje eminente: el secretario de un Juzgado Civil de San Luis, que suscribía los decretos así: 8A, vale decir con una forma jurídicamente nula; solamente útil para marcar hacienda.

No obstante el cambio de conducta operado, no fue unánime su comportamiento, y el respeto a las leyes y ordenanzas. Por eso es cosa ardua establecer el lugar y la fecha de nacimiento. Esta falla implica conjeturarlos. Los talogables hasta ahora son:

1821, Proto Orosimbo 8A 1915, Mil 8A
1842, Primo 8A 1921, Decena 8A, melliza
1843, Segunda 8A 1921, Docena 8A, melliza
1863, Novena 8A, La Nona 1930, Once 8A
1877, Quinh'n 8A 1935, Sexto 8A
1894, Octavo 8A, gemelo 1942, Décimo 8A
1894, Noveno 8A, gemelo 1963, Crisanto Funes 8A
1900, Tercer 8A tataranieto de La Nona.


    En las guías telefónicas de la Capital Federal y de las provincias argentinas se registran extensas listas de personas apellidadas Ochoa, que participan del confort y ventajas de esa manera de la comunicación humana. Pero existen también nóminas incontables y mudas en los anales del tiempo con sus méritos fastos o nefastos.
    Nada más. Quede como una curiosidad iberoamericana la insurgencia onomástica de esta Saga de los 8A.

 

EL JUIDO (El Patriarca)

 

 

Publicado en 1972 y reeditado en 1998 por Op Oloop Ediciones © 1998 Juan Filloy

 

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