---- www.literatura.org ----


por Mariano Dupont

 

A lo largo de una decena de libros, Antonio Di Benedetto supo construir un universo autónomo, incatalogable, totalmente personal.
El hacedor de silencios

El silenciero
Por Antonio Di Benedetto

     Para señalar una actitud hacia el otro propia de ciertos escritores e intelectuales argentinos del siglo XIX, David Viñas utiliza un verbo que no se encuentra en los diccionarios, y que suponemos de su propia invención: "ningunear". Ningunear al otro ¿es casi obvio aclararlo? significa ignorarlo, omitirlo, borrarlo, hacer de cuenta que el otro no existe. Hacia fines del siglo XIX, el otro fue el inmigrante, esa neobarbarie que supo (aunque sea por un tiempo) desarticular el andamiaje del viejo proyecto liberal de Alberdi y Sarmiento; a mediados de este siglo, con los cambios sociales producidos a partir del peronismo, la categoría del otro cambió de sujeto y pasó a formar parte (vulgata todavía vigente) de la identidad de los "cabecitas negras".
     En la serie literaria argentina también hubo otros. Otros que no sólo fueron ninguneados sistemáticamente por el canon, sino que también, a través de la novedad de sus propuestas y de lo inclasificable de sus textos, supieron inscribirse lúcidamente en la tradición literaria a la que pertenecían. Antonio Di Benedetto es uno de ellos. Esta nueva reedición de El silenciero (publicado originalmente en 1964), enfática y elogiosamente prologada por Juan José Saer, viene a corroborar, una vez más, toda la dimensión de la literatura de uno de los grandes escritores argentinos de este siglo. La historia que narra El silenciero es simple: un hombre que vive con su madre es hostilizado por los ruidos. Después de varios intentos frustrados por suprimirlos, hacia el final de la novela, incendia un salón de baile, por lo cual es encarcelado. En la prisión, sin embargo, los ruidos persisten. Lejos del realismo que practicaban los compañeros de su generación, de las estéticas apuntaladas fuertemente en el "contenido social", en la supremacía referencial de los textos, la narrativa de Antonio Di Benedetto constituye un universo autónomo, incatalogable, totalmente personal; un universo en donde el diálogo con Borges, con Kafka, con las técnicas del Nouveau Roman, se disuelve en un segundo plano, opacado por la concisión, la extrañeza, el poder y la tensión de una prosa pocas veces vista en lengua castellana. Cada párrafo, cada frase, como si la autonomía que desde sus primeros libros buscó para su obra hubiera descendido a los niveles más sutiles de la praxis, reverbera con luz propia, se distancia de la anécdota para emerger en el presente, ahí, un poco por encima del punto en donde los ojos del lector ¿los nuestros?, después de haber abandonado lentamente la página del libro, se detienen admirados. ("Las frases vulgares, cuando se me echan encima, me hacen temer a quien las pronuncia", dice en un momento el narrador de El silenciero.) El punto y aparte, o mejor dicho, el uso que Di Benedetto hace por momentos del punto y aparte, elevándolo a la categoría de procedimiento narrativo, aísla las frases, las recluye, pero nunca las clausura; como si esa escritura fragmentaria, frágil y apocada, estuviera representando, oblicuamente, otra soledad, una soledad más profunda, más urgente: la del escritor que la articula.

Mariano Dupont

 

Copyright ©1999 | Todos los derechos reservados

ANTONIO DI BENEDETTO
ESCRITORES
HOME