---- www.literatura.org ----


CLARIN, 9 de agosto de 1998

 

ENTREVISTA CON PABLO DE SANTIS

MONICA SIFRIM
Pasión por el enigma

EL NARRADOR, FINALISTA DEL PREMIO PLANETA 1997, HABLA DE "LA TRADUCCION", NOVELA CON UNA INTRIGA POLICIAL Y UNA ATMOSFERA ENRARECIDA DONDE LA PASION POR EL LENGUAJE SE VUELVE MATERIA DE FICCION.

Pablo De Santis siempre buscó el modo de reunir sus pasiones secretas. Cultor del cómic, fue guionista y jefe de redacción de la revista Fierro. Actualmente dirige la colección Enedé que reúne los clásicos de la historieta argentina. Su primera novela, El palacio de la noche, apareció en 1987. Más tarde, la literatura juvenil le enseñó a trabajar fluidamente la relación con el lector. Ese ejercicio de la eficacia narrativa le permitió armonizar las complicaciones intelectuales y literarias con un nivel más llano de exposición. El ojo del pez, La sombra del diosaurio, Lucas Lenz y el Museo del Universo, Pesadilla para Hackers, Las plantas carnívoras y Enciclopedia en la hoguera son títulos que destinó al público adolescente. Recientemente su novela Filosofía y Letras fue publicada en España por editorial Destino y La traducción resultó finalista del Premio Planeta 1997. En esta entrevista De Santis explica de qué manera esta novela transformó la pasión por el lenguaje en materia de ficción.

- ¿Por qué eligió para La traducción la forma del relato de enigma? -Me apasionan los enigmas porque tienen un poder particular para formalizar un relato. Creo que soy un narrador clásico. Mi ideal es armonizar la literatura popular con otras inquietudes, pero me resulta fundamental que siempre los libros puedan ser leídos en el plano del entretenimiento. Que en un relato haya unidad de acción, de tiempo y de lugar. Calvino hablaba de crear en el relato una atmósfera enrarecida. Y la novela policial la tiene.

-¿Lo atractivo no sería entonces el desafío de jugar con los límites? -Precisamente me atraen los escitores que piensan la restricción formal como punto de partida para la libertad del autor. Esos que tienen un especial cuidado de las formas: Calvino, Perec, Nabokov. En sus obras hay un orbe cerrado. No se van de su zona. Kafka escribió América. Pero él no fue a América sino que la introdujo en su sistema simbólico. Es una zona que inventa él y no tiene nada que ver con los Estados Unidos. El escritor bueno delimita su zona y sabe que no puede narrar cualquier cosa. Porque tiene su propio idioma y necesita traducir todo lo que imagina a su propio sistema simbólico.

-¿Y el escritor malo? -Los malos escritores piensan que pueden incorporar cualquier material. No se saben oír a sí mismos. La autoconciencia de los propios límites es productiva. A mí me cuesta la tercera persona, el realismo. Tengo una prosa seca y a veces envidio el virtuosismo de los que son capaces de escribir de más. Sin embargo me siento cómodo en esta prosa y en las estructuras fuertes. Si la novela plantea un enigma, es decir, arroja una pregunta al lector, quiero que esa pregunta sea finalmente respondida, sin ambivalencia.

-La trama policial se agota en sí misma, no invita a ser releída. Pero en su novela el enigma nace de búsquedas del conocimiento. ¿Es un modo de burlar la supuesta "liviandad" del género? -Tal vez, pero lo hago dentro de las leyes del género, sin parrafadas intelectuales. Esa dimensión más trascendente, que trabajaron Borges o Bioy, es para mí un plus para el enigma, que no puede faltar. En ese sentido me interesan autores como Leo Peruz, bastante conocido en la década del 40, y también el inglés M. John Harrison. Y Lem. Lo policial en ellos tiene otra dimensión y se cruza con lo fantástico.

-Los traductores de su novela, invitados a un congreso, tienen algo de los aristócratas del policial clásico europeo, esos personajes ocupados en una actividad exquisita mientras afuera cunde el crimen. -No lo hice con intención de ridiculizar. No esgrimo posiciones antiintelectuales, es un campo que valoro muchísimo. Tampoco tengo mucha experiencia personal con esos simposios. Fui una sola vez a uno y no me resultó aburrido. Al contrario, allí conocí a escritores que sigueron siendo amigos míos: Guillermo Martínez, Leopoldo Brizuela y Esteban Buch.

-Miguel de Blast, su narrador, es un traductor de textos científicos. Conoce a medias el tema del simposio, mira todo de costado y con cierto fastidio. -Borges hablaba del narrador que no entiende del todo la historia. El mío no es un especialista en el tema del congreso. Actúa movido por intereses personales. Está pendiente de una mujer. Me gustaba que a este detective lo moviera una cuestión sentimental. Es celoso, neurótico. Hay una tradición de narrador ingenuo en el relato policial. Una de las bases del policial está en el diálogo entre el investigador y el acompañante que hace la pregunta ingenua y dispara en el otro la explicación. Sherlock Holmes y Watson escriben el diálogo platónico de la novela policial. Son como Sócrates y el interlocutor que arroja la pregunta ingenua y le da pie a Sócrates para extraer una verdad.

-La novela transcurre en parajes naturales y sin embargo todo sucede adentro. -Inventé un pueblo costero, a partir de sitios como Mar del Sur, donde había un banco de algas, un hotel viejo, y donde además ocurrió un famoso crimen. Me encantan las historias de espacio cerrado, como en las novelas policiales clásicas. Me gusta el microclima, que haya algo claustrofóbico en la novela. Este es un ambiente sumamente claustrofóbico, con valores que no se corresponden con el exterior.

- En la novela los personajes se plantean la hipótesis de una lengua anterior a la torre de Babel. -En varias culturas hay mitos para explicar la pluralidad de las lenguas. El mito de la torre de Babel tiene dos interpretaciones. En una, la torre es una alegoría de la ambición del hombre y de ahí su fracaso (el hombre la construye para llegar a Dios). La otra visión es lingüística. Explica de qué modo de una lengua única derivan las demás. Es la lengua de Adán con la que nombró a las cosas por primera vez. Habría en esa lengua una coincidencia perfecta entre las palabras y las cosas, sin posibilidad de malentendido. En la Edad Media y el Renacimiento fue tema de discusión. Hay dos versos de Dante en la Divina Comedia, uno pronunciado por un demonio y otro por Nemrod, que fue el constructor de la torre de Babel, condenado a hablar en el infierno un idioma que nadie entiende. Esos versos de Dante en un idioma que nadie entiende dieron lugar a toda clase de especulaciones.

-¿Leyó bibliografía para esta novela? -Uno de mis libros de cabecera es el que contiene los diarios de Mircea Eliade, me interesa el personaje de Marcilio Fisino. El mismo tipo que traduce a Platón traduce al corpus hermético. Ese interés del Renacimiento por el hermetismo es apasionante. También leí a Umberto Eco.

-¿Tiene preocupaciones obsesivas ligadas con el espacio? -Me gusta la espacialidad y la trabajo mucho en las novelas. Sin embargo, a mí lo espacial me cuesta. Recién a los 35 años aprendí a manejar. Martin Amis dice en La información que a los novelistas les cuesta aprender a manejar pero finalmente lo logran. En cambio si un poeta aprende a manejar, hay que desconfiar de él, no como conductor, sino como poeta.


 

© Copyright 1998 Clarín Digital. All rights reserved.

PABLO DE SANTIS
ESCRITORES
HOME