---- www.literatura.org ----


LA NACION LINE | 07.07.99 | Cultura

 

Entre el crimen y el humor

Entrevista con Pablo De Santis

PABLO DE SANTIS habla con la voz suave, casi confidencial, del tímido que se esconde un poco detrás de las palabras. Quizás ésa sea una de sus máscaras porque a medida que avanza la tarde va mostrando un prolijo y poco frecuente sentido del humor; el mismo que asoma en las páginas de su último libro, Filosofía y Letras. De Santis, que parece muy joven -aparenta diez años menos de los que tiene-, ha publicado, con anterioridad, una buena cantidad de libros para adolescentes -de los cuales confiesa haber vivido los últimos años- con títulos tan inquietantes como Las plantas carnívoras, Una sombra de dinosaurio... También se ocupó en varios ensayos del "género historieta" y publicó dos novelas aparecidas en orden inverso al cual fueron escritas, La traducción, libro excelente, y la que ahora nos ocupa, Filosofía y Letras. De Santis trabaja de una manera bastante original:

-Antes de sentarme a escribir tengo la novela pensada, la llevo conmigo como algo portátil, completo los detalles, y sólo me pongo a la tarea cuando ya está organizada. Hago, y muy rápido, un borrador a mano y luego lo paso a la computadora y entonces empiezo a corregir.

-¿Por qué escribís esa primera versión a mano?

-Tiene que ver con mi modo de sentir, me asusta un poco la computadora. La mano me da más intimidad con el texto, se presta mejor al ritmo del pensamiento. Después, a medida que avanzo, el borrador queda como una estructura lógica.

-¿Cómo son la escritura, la trama y dónde transcurre la novela?

-Me gusta la novela tradicional, que fluya; trato de evitarle obstáculos al lector. El núcleo transcurre en un viejo edificio que tiene la Facultad de Filosofía en la calle 25 de Mayo, un local donde por los años 20 funcionó un hotel muy importante. Ya cuando yo estudiaba estaba muy abandonado. Había habitaciones donde se apilaban las monografías y papeles. Y la trama gira alrededor de un viejo escritor-fantasma que no se sabe si es bueno o malo, ni siquiera se sabe qué escribió. Se habla de varias versiones que habría de un único cuento, pero no es posible averiguar cuál es la verdadera; hay tres críticos que entablan una especie de batalla por estos papeles y, por último, existe un narrador, que al principio está afuera y que luego se involucra. Este narrador es algo así como una especie de estudiante eterno.

-El estudiante crónico; jamás da examen pero asiste a todas las clases.

-¡Hay tantos en la Facultad de Filosofía y Letras! El narrador frecuenta el Instituto de Literatura Nacional, que sería el de Argentina, asiste a esas luchas y poco a poco se mezcla en ellas hasta que empieza a aparecer algún cadáver, cosa que complica la trama.

-En tus novelas abundan los cadáveres, me parece.

-Sí, hay varios. Es que el crimen en el mundo narrativo es tan atractivo. Como lector, un crimen, bien contado y bien resuelto, me encanta. Por supuesto, se exige algo más que una trama policial, por eso El nombre de la rosa es una novela extraordinaria que puede satisfacer a todos. Me apasiona el género tal como lo trató Borges.

-¿Dirías que Filosofía y Letras, tu novela, ofrece una intriga policial, al modo de tu libro anterior, La traducción?

-Sí, es un policial pero hay muchos otros elementos. Las motivaciones, las pistas, hasta el arma, todo pertenece al ámbito intelectual o, mejor, al literario. Pero en La traducción había una entrada en lo fantástico, acá hay una realidad más exagerada, mucho más humorística y, al final, crece el número de cadáveres. Creo que me río bastante de mí mismo a lo largo de la novela.

-Y también de otras personas. En tus libros no abundan las mujeres; el tratamiento de los personajes masculinos parece más completo.

-Sí, puede ser. Las mujeres están con una cierta distancia, son mujeres por conquistar, se las ve más lejos.

-Da la impresión de que te divertiste escribiendo Filosofía y Letras. Tiene mucho humor.

-Sí, pero el humor es algo difícil de manejar: cuando uno se pasa un poquito, se arruina todo. Es como esa gente que hace chistes todo el tiempo en las reuniones; llega un momento en que dan ganas de echarla.

-¿Te parece que hay lectores en este momento del mundo?

-Sí, creo que quedan y no como un género en extinción sino como un género positivo. No son muchos, cierto, pero mientras existan las situaciones de espera en general, va a existir la literatura. Y cuando a la gente se le facilita el contacto con los libros, lee. Confío en eso, además, no me queda otra.

María Esther Vázquez

 

Copyright ©1999 La Nación | Todos los derechos reservados

PABLO DE SANTIS
ESCRITORES
HOME