Chica Fácil

de Cristina Civale
Espasa Calpe
139 páginas

Chica fácil es un conjunto de textos agrios que convocan al desosiegoo a la resignación.
"Roger de Luca fue un hombre al que amé". "Rudy corrió albaño apenas terminamos". Hacía tiempo que me aburríahacer el amor con Carlos". " Cuando subí al autobús, el hombreya estaba allí, de pie, como esperándome". Cuatro principiosde relatos tomados al azar. Cuatro maneras diferentes de introducir un mismotema: el desencuentro amoroso.

En su libro, Cristina Civale (1960, licenciada en letras, periodista,cineasta, productora de TV) se hunde hasta el cuello en el amor de los '90. La indolencia, la abulia, el tedio y algún otro condimento acordeal estereotipo de fin de siglo adormece los vínculos entre hombres ymujeres hasta el punto de evitar el sacudimiento de la tragedia. todo transcurre en sordina ( incluidos la droga, el sexo y el rock'n roll) y el desamparo noes sino la profecía de este tiempo.

En Hijos de mala madre , su libro anterior, Civale había intentado elperfil de su generación (crecida bajo el torniquete de la dictaduramilitar) a través de las historias de algunos de sus miembros más talentosos o exitosos.

Esta vez, con mayor fortuna, se inclinó por la ficción. A través de trece historias de amor con final infeliz ,una misma narradora protagonista alimenta la marca de la promiscuidad.Cada relato podría verse como el capítulo de una vidasignada por crímenes y pecados, por deseos y perversiones ,como se se tratara de un único destino. Sin piedad, como quienarroja un vaso de agua fría a la cara del lector, la provocaciónde Civale - en las historias, en el lenguaje- se enarbola como un gestoestético.

Se trata de relatos breves, de sintaxis perfecta en el registro de laoralidad y trabajados en una prosa saludablemente argentina y escasa por estos tiempos. Los protagonistas, una serie de sujetos de edad medianade una clase social inasible, cuyas vidas vacilan entre las relacionesamorosas y los escarceos artísticos.

De cama en cama y de fracaso en fracaso, la protagonista sin nombre sedeshace en abandonos: los que padece y también los que provoca. Sinembrago, hay una paradoja . El desdén que destila cada unade las historias no hace sino reforzar el perfil romántico de lanarradora, para quien el chismorreo femenino se basa en el "intercambio dehazañas sexuales y las desilusiones causadas por la insistenciade creer en el amor". Un vicio, este último, que arrastra la mujerconsigo, desde que el mundo es mundo y la mujer, mujer.


por Hinde Pomeraniec para (C) Clarín 11 enero de 1996



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