MARCELO COHEN

 

LA NACION LINE | 13.01.99 | Cultura

Aventuras de la mente

HOMBRES AMABLES
Por Marcelo Cohen
(Norma)-321 páginas-($ 19)

LAS dos historias que integran este volumen, "Variedades" y "Un hombre amable", transcurren en escenarios y tiempos que parecen extrapolados de los actuales. Sin embargo, ambas distan mucho de ser narraciones futuristas al estilo de las de Orwell o Huxley. Lo que gravita en ellas es la aventura mental. El subtítulo del libro lo sugiere: Dos incursiones de Georges LaMente. Este personaje, el único que tienen en común las dos nouvelles, es un maestro espiritual, empleado de los grandes consorcios, que invade mentes rebeldes para volverlas controlables. Hay, además, otro factor que aleja Hombres amables de los clásicos futuristas: un desdén por la intriga y por la agilidad, explicitado por el narrador que defiende la digresión: "...no todos los detalles que me distraen del camino de mi historia son deleznables; en realidad sin esos detalles el camino se borraría, según la idea holística que me hecho del redactar".

En "Variedades", el protagonista es sometido a un proceso de pérdida de identidad; se lo transforma, cirugía estética mediante, en otra persona: el doble de un referente popular de asidua presencia pública. Pero desde la primera línea se anula la posible intriga por el final del proceso, ya que el protagonista es también el lúcido y personal narrador de su propia historia. A quienes conciben la narrativa como apretada sucesión de hechos, los sorprenderá también la abundancia de reflexiones.

"Un hombre amable", la segunda nouvelle, tiene como protagonista a un matemático, Dainez, quien se gana la vida buscando largos y "hermosos" números primos, que serán luego factores de otro número mucho mayor, clave para encriptar información. Esta nouvelle muestra con brillo los méritos del libro. La narración se abre con un magnífico acto de creación: Dainez, la mano de Dainez, recorre circularmente una sustanciosa solución de gases, casi una atmósfera, y a su paso se condensan casas, campos, fábricas. Se condensa la "zona". Es una zona mental, aunque "pesada de materia". Si bien la literatura ha registrado más de una vez aquello de que somos el sueño o el pensamiento de un dios y que desapareceremos en cuanto él despierte o deje de pensarnos, Cohen va más allá: su zona posee una existencia ambigua. Tiene una materialidad que conserva cualidades del pensamiento que la engendró. Son materia el arroyo, las viviendas precarias y los desechos urbanos que plagan su suelo. Sin embargo, todo puede volverse menos concreto y aun difundirse como una niebla.

La mente de Dainez y sus atributos aparecen repartidos entre los habitantes de la "zona". Las bandas de jóvenes, los Lucidos y los Velados, poseen una intelectualidad básica. Pulpita, muchacha de barrio, tiene poderes mentales asombrosos. Como en la imaginación, hay criaturas que se generan de la nada y, lo más importante: la "zona" está tan fuera del control del poder como los pensamientos más secretos de su hacedor. Pero no hay secretos inviolables. Si en "Variedades", Georges LaMente invadía al protagonista al punto de vaciarlo, en "Un hombre amable" asedia a Dainez en un duelo mental en el que se juega la "zona". LaMente busca la cifra que le permitirá empaquetarla en una frase, volverla expresable y arrebatarle la libertad.

En concordancia con el material narrativo, el lenguaje está armado también de fragmentos: palabras arcaicas, otras cultas, vocablos de una supuesta jerga vulgar futura que aluden vagamente a lo que designan.

Las reflexiones de Dainez son permanentes. Es inevitable la referencia a Musil, con quien Cohen comparte, además del gusto por las ideas, la afición a las ciencias fisicomatemáticas. Pero la diferencia de enfoque revela la época que a cada uno correspondió. Por ejemplo, cuando trata sobre los números imaginarios, Musil se pregunta cómo algo que no existe puede conducir a cálculos exactos y resultados verdaderos. Cohen, que reflexiona aquí sobre el mismo tema, casi invalida la pregunta, su interés deriva de la necesidad lógica y estética de estos números.

La lectura de Hombres amables exige tiempo y aplicación intelectual pero es sin duda generosa en cuanto a la recompensa.

Raúl Brasca

 

 

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