LA NACION LINE | 30.12.98 | Cultura
 

La última novela del autor de Ema la cautiva
La definición de un estilo

LA MENDIGA
Por César Aira
(Mondadori)-166 páginas-($ l3.50)

QUE Cecilia Roth, como uno de los personajes de la serie televisiva "Siete lunas", sea también personaje de una novela, podría ser un alarde de originalidad o un intento de asombrar a burgueses ya saciados de asombros. Y de escándalos. Pero el de la idea es César Aira, un escritor cabal que no necesita de provocaciones extra literarias para lograr piezas notables por su calidad y su claridad, que en La mendiga aparecen una vez más de manera definitiva y definitoria. Definitoria de un estilo que podríamos sintentizar diciendo que a las simbolizaciones primarias de la palabra (las cosas son lo que son), superpone sus simbolizaciones secundarias (las cosas son lo que parecen y quizá algo más, pero este algo más es cuestión del lector, libre de ejercer toda su capacidad asociativa e imaginativa). La acción comienza cuando Rosa, la mendiga, cae en la calle y medio mundo la cree víctima de algo fatal, aunque en realidad sólo se ha torcido un tobillo. Cecilia Roth, en su rol de "doctora" en la serie mencionada, aparece como ángel guardián, espíritu tan compenetrado de su misión que desaparecerá durante casi todo el transcurso del relato, dejando a su protegida a merced de los recuerdos. Los recuerdos dicen que Rosa no es únicamente Rosa sino también Iris, dos personas en una y una en dos. Aira toca aquí, sin psicologismos inútiles, el tema del doble, que le sirve tan sólo, por suerte, para iluminar la historia desde más de un ángulo. Rosa se fuga del hospital donde la han conducido y, siempre mediante la memoria, la vemos en su pasado de barrio, en sus enamoramientos primerizos, en su casamiento y en su vida matrimonial, todo mezclado con alucinaciones que parecen "normales" en una realidad que está por encima y por debajo de sí misma.

¿Qué hay de extraordinario en la historia? Nada, y aquí está su mérito. Porque su trascendencia está dada por aquel estilo de Aira que intentábamos definir al principio, y gracias al cual un simple transcurrir adquiere el aura mágica de los sueños. Además, el tiempo cronológico se anula y no mediante recursos experimentales, sino fluyendo naturalmente en ese continuo presente que es la vida de Rosa, o la de los otros personajes, o la de nosotros mismos. Y la de Cecilia Roth, que por cierto se desempeña aquí con tanto talento como en la tele y en el cine. Quizá sea un defecto de dirección actoral, atribuíble a Aira, el exceso de puntos suspensivos . Pero en fin, nada es perfecto, nadie es perfecto.

 

Eduardo Gudiño Kieffer

 

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